[libre] Agentes del caos

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Elwing

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Elwing » 17 Abr 2017, 18:42

La mujer de Mistarel, pese a que su raza y sus rasgos la hacían exótica a la par que extraña, se fundía en el paisaje con aquellas ancianas, parloteando y compartiendo detalles escabrosos de quien era el dueño y como había estado comportándose en los últimos días. Por momentos miraba a aquellas mujeres de edad avanzada y en otros instantes, como aquellas mismas urracas, oteaba a su alrededor, casi como buscando algo brillante, algún detalle que llamase puramente su atención. Era mucho el revuelo, y algunos trataban con presteza de ayudar a los heridos, mayores y niños. Entrecerró los ojos observando como aquellos que lo hacían movían los cuerpos de un lado a otro y cambiaban sus ropajes, separando vivos de muertos. Otros trataban de compartir información con demás ciudadanos que habían presenciado la escena, la explosión, así como con los guardias y el Manus Regis con el fin de buscar orden o simplemente ser las personas con más detalles que compartir en la plaza del pueblo.

Quizá no había caído en aquel hombre extraño que se apartaba de la multitud, pero al igual que el resto, no tardaría en parecerle un punto importante. De la boca de aquel hombre había goteado aquella sustancia inmunda, repugnando a la mayoría que había presenciado como la expulsaba. Anonadados muchos se llevaron las manos a la boca con cierta angustia y aguantando leves arcadas, ella no fue menos. —Mejor será que tomemos algo de distancia...— comentó a las ancianas para que se apartaran del lugar y ayudándolas a caminar hacia un lugar más concurrido y apartado cuando las risas incoherentes que erizaban la piel en la nuca comenzó a hacerse fuerte y hacer que se giraran de nuevo para mirarle. Azuzó de espaldas a estas sin dejar de mirar al aterrador hombre.

Un fuerte grito escapó en volandas al ver como haciendo acopio de fuerza descomunal apretó la testa y le dejó desprovisto de ella. — Escondeos por lo que más queráis. — Dudaba en un inicio que aquellas ancianas pudiesen correr peligro, pues de seguro que aquel hombre se enfrentaría contra más guardias siendo seres débiles como aquellas un objetivo poco interesante, pero cambió de opinión algo horrorizada al ver como se abalanzaba contra uno de los ancianos que ayudaba a los niños heridos. —Que alguien nos ayude.— Gritó casi asustadiza dirigiéndose a algunos de los guardias dudosos al ver como había quitado de en medio a sus dos compañeros. —Matarán al pobre hombre...— a la vez, una mujer de oscuras vestimentas, se interpuso en el camino, "insensata" pensó la joven, si aquel hombre había aplastado el cráneo de un guardia y mandado lejos al otro, que no podría hacer contra el cuerpo de una mujer desentrenada. Tenía agallas, pero Elwing pensaba que quizás esas agallas tan solo traerían un cuerpo más, como mínimo, magullado, esperando que al menos no fuese un cadáver más.

Debéis ayudarle, a todos nosotros...— Tironeó del brazo de uno de aquellos guardias con la pena y el miedo en sus ojos, convincente, desde luego, quizás porque en realidad estaba más asustada de lo que creía e instigar al guardia no era complicado. Pronto, haciéndose acopio de heroísmo y fuerza de voluntad desenvainó la espada haciendo con cuidado pero de manera tácita, que la mistarel se hiciera a un lado. —Protegéos y apartáos señorita. — A paso rápido y decidido se dirigió a la espalda de aquel humano que emanaba corrupción, para atestarle un tajo en un costado.

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Johan

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Johan » 17 Abr 2017, 20:27

El anciano extendió los brazos para indicar a los curiosos que guardasen la distancia. El individuo de negro estaba marcado por la mancha y eso lo convertía en una amenaza, no sólo para aquellas personas, sino también para todo Tahiel. El hecho concreto de que un manchado estuviese allí no suponía un grave problema a nivel táctico, pues estaba en total desventaja numérica y pronto acabarían con él. No obstante, lo preocupante era lo representaba que su presencia allí, ¿Qué hacía un manchado en la capital? Se supone que aquél era el lugar más seguro del mundo conocido, si las defensas de la ciudad no podían garantizar una hermeticidad total, nada podía asegurarles que todas aquellas personas estuviesen seguras.

Para Johan, aquello parecía más algún tipo de calculada estrategia demoniaca que un simple ataque esporádico. Era como si el objetivo de aquél teatro no fuese otro que sembrar el caos y el terror en el corazón de Tahiel, donde más seguros y tranquilos estaban sus ciudadanos.

El mensaje era claro "En ningún lugar estaréis a salvo" o "No hay muro que pueda contenernos". Aquellas frases resonaron en la mente del anciano mientras intentaba acordonar la zona cuando, de repente, y sin previo aviso, la gente comenzó a gritar. La cabeza de uno de los guardias acababa de estallar y cuando quiso darse cuenta, la figura negra se abalanzaba sobre él.

Por suerte, una voz amiga le alertó. Cordelia Berbedel, su tutora en el arte de la pluma, le aferró del brazo en el momento justo para apartarlo de la trayectoria del manchado, cayendo al suelo.

Maldita sea mi estampa— Blasfemó al ver lo cerca que había estado de la muerte.

Si aquél individuo era capaz de hacer estallar cabezas con la facilidad con la que lo había hecho con el guardia, debían andarse con cuidado. Johan jamás había visto una transformación tan rápida, normalmente el contagio era un proceso más lento y progresivo, a no ser que aquello no fuese un simple manchado. Johan se quitó de la cabeza la idea de que un demonio hubiese logrado llegar tan lejos.

Se puso en pie con la rapidez de un viejo y la ayuda de su espada. La zarandeó para que cayese la vaina, dejando relucir el metal de la hoja por el brillo de las llamas que aún vivían de la explosión. Alzó la espada hasta situarla vertical, con la empuñadura junto a su cabeza, y dio un paso al frente, para situarse en la línea defensiva más próxima al manchado.

Los guardias que tenía a ambos lados lo miraron con incredulidad, como si su presencia resultase paradójica. Un viejo al lado de soldados jóvenes. No quedaba claro si sus caras expresaban desaprobación, por considerar su ayuda un estorbo inútil, o cierta vergüenza, por ver que un anciano mostraba más valor que los hombres encargados de defender la ciudad.

Mirad al frente— Les respondió Johan, casi a modo de orden. Los dos soldados asintieron y centraron sus miradas en el enemigo común.

Por un momento Johan se sintió joven de nuevo. El frenesí de la situación el embargó por completo, como en sus tiempos de soldado de la Unión, codo con codo con sus hermanos de armas. Quizá no fuese más que el espejismo de un recuerdo lo que vivía, pero era tan real y satisfactorio que prefirió permanecer allí todo el tiempo posible. Ya habría tiempo se volver a la realidad del vagabundo viejo y olvidado.

¡Quienes hayan estado al otro lado del Muro ya saben qué hacer!— Gritó el viejo —¡El resto, evitad todo contacto con el manchado, mantened la formación y no mostréis misericordia alguna!

Por un momento, hasta se olvidó de que había un muchacho de la Manus Regis en el escenario. Era a él al que le correspondía organizar el ataque y dirigir a los hombres, pero en una situación tan crítica como aquella la improvisación y la iniciativa eran parte del instinto de supervivencia. Además, ¿Quién aseguraba que aquél joven no era aún virgen en combate?

Uno de los soldados, incentivado por la petición de una dama, se armó de valentía e hirió al manchado. La figura negra se giró iracunda hacia el lado donde había recibido la herida, dando la oportunidad al anciano para adelantarse y asestar su golpe. La espada golpeó al hombre marcado con la mancha con brutalidad, sin embargo su piel era dura. Era como golpear un saco de patatas. El anciano alzó de nuevo la espada y la dejó caer otra vez, en el mismo sitio, pero con más fuerza, hiriendo al individuo, aunque no lo suficiente.

Uso la carga de mi espada.

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Aecio
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Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Aecio » 18 Abr 2017, 15:01

Los acontecimientos comienzan a suceder rápido, típico de una batalla. La mujer pálida interviene en defensa del viejo, vale destacar que le salva la vida. Su táctica no solo resulta defensiva, también logra aplicar una técnica extraña. Es magia pero lo demás se escapa, la usuaria hace un gran esfuerzo por mantener oculta su técnica.

Por su parte el humano corrupto apenas se inmuta, ya sea porque está acostumbrado a la naturaleza del ataque o porque es bastante resistente. Se necesita mucho más para hacerlo caer, no solo trucos arcanos rebuscados. El acero es lo único que sirve bien contra manchados, solo basta con preguntar a cualquier miembro de la legión.

Aunque la mayoría de guardias mantiene una línea de seguridad cierto individuo se adelanta, claramente es alentado por la chica Mistarel. Lanza un ataque de espada que apenas logra provocar una herida, mala jugada. El receptor sujeta el arma con su mano desnuda y la arroja a un lado, segundos después rompe el cuello del atacante con un golpe crítico de su mano derecha.

Entre la conmoción un sujeto se destaca, el mismo viejo que fue apartado por la chica rara. Toma una voz de mando, luego propina cierto ataque. Sin duda sabe cómo combatir manchados… algo que lo pone por encima de todo el mercado. Las heridas se acumulan en el ser demente, tristemente aún le queda mucha energía.

Aecio finalmente aparece, tuvo que esquivar y saltar muchas veces para llegar. Se encuentra con una escena bastante grotesca por no decir confusa, no es natural ver personas con fuerza sobrehumana, incluso muchas víctimas de la corrupción no muestran tanto poder. Alguien se divertirá mucho estudiando el cadáver… si consiguen matarlo.

El Manus Regis ha tenido contados encuentros con seres oscuros, no suelen ser una amenaza para la familia real. Se puede decir que esta fuera de su elemento… con todo el sentido de la palabra. Al menos una cosa parece certera en su mente, por muy monstruoso que sea el enemigo sigue teniendo forma humana, eso significa que la fisiología no debe ser muy diferente.


Espero que las arterias sigan en el mismo lugar.

Da algunas volteretas y logra cortar el conducto sanguíneo de la pierna, cierto chorro de sangre ennegrecida despierta una sonrisa sádica en el joven guerrero. Acaba de atinar, esa herida es debilitante. Se aleja con rapidez y queda resguardado por la línea de seguridad, es momento de que el enemigo mueva ficha.

La acumulación de objetivos parece hacer algo a la percepción hostil, dicho personaje no sabe a quién atacar. Al final suelta un grito de ira mientras avanza hasta cierto elemento aleatorio, por alguna razón escoge a la chica Mistarel. Los ojos desorbitados del “manchado” parecen indicar que se encuentra en trance, a partir de ahora no vacilara en atacar la primera cosa que se le atraviese, básicamente a dejado atrás cualquier tipo de razonamiento como un oso encolerizado.



Agente del caos menor


Encolerizado ataca a Elwing este turno, si no hace nada el objetivo sufrirá una herida… aún está lejos de caer.

Cuerpo resistente: reduce el primer daño físico sufrido por este enemigo cada ronda en 1. Ataques con habilidades que ignoren armaduras pueden anular este efecto, gastando la carga.

Cuerpo explosivo
: Cuando este enemigo muera, cualquier personaje a menos de 2 metros (incluido quien diera el golpe final, si fue cuerpo a cuerpo) sufrirá 1 herida.

PD: 13/15


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Elwing

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Elwing » 19 Abr 2017, 19:26

El soldado que había conseguido convencer se había abierto paso con decisión hacia aquel manchado, para atacarle con fuerza a la dura piel de la espalda. Aquello que hacía la mujer no parecía hacerle efecto, pero el ataque a su espalda sin duda resulta enfadar a aquel maldito. Mientras el guardia hacía frente a aquel sujeto, el viejo que iba a ser atacado comenzó a dar órdenes a su alrededor, de manera sorprendente, por lo menos para Elwing, pues simplemente había podido discernir un anciano y poco más. Aunque fijándose más, la espada que colgaba de su cinto ahora era empuñada para abatir aquella bestia. Parecía entender a que hacían frente, organizando e informando a los guardias presentes.

El manchado cabreado se giró contra el guardia, arrancando de las manos la espada y arrebatándole la vida como había hecho con los anteriores. La mistarel no apartaba sus manos de los labios paliando exclamaciones de terror. Por suerte aquel hombre de avanzada edad también acertó con su golpe en el costado y el Manus Regis se abrió paso para poder enfrentar al mismo, hiriéndole en la pierna. El alivio de que ya varios hombres comenzaban a abalanzarse contra aquel monstruo duró poco, pues enrabietado se revolvió sin saber a quien atacar, o quizá perdiendo los estribos y lógica y posó aquella mirada aterradora en ella. Al principio no pensó que fuese a ir en su dirección, teniendo mucho más cerca otros objetivos que le atacaban con fuerza, no obstante el paso acelerado dejaba atrás la distancia que les separaba.

Miró a su alrededor desconcertada, ni siquiera tenía a mano nada con que defenderse. Reculó despacio, como si con aquello fuese a pasar desapercibida pero no hizo resultado. Las mujeres ya habían desaparecido de la vista y muchas personas habían corrido despavorida, eran muchos menos que los que habían antes los que quedaban como mirones. Incluso los guardias mantenían las distancias, no entendía porque se dirigía a ella, si no proporcionaba ninguna amenaza. Temerosa empezó a andar de espaldas, sin girarse, manteniendo al manchado a la vista. ¿Que podía hacer ella contra algo que había arrebatado la espada a un guardia o partido cabezas y cuellos como si no le hubiese supuesto mayor esfuerzo? Si ni siquiera llegaba a la envergadura de los hombres que le habían hecho frente.

Pudo atisbar como no muy lejos uno de los edificios contemplaba unas finas rejas en lo que sería las ventanas de un sótano. Un arco pequeño y abovedado que surgía del suelo en la fachada de aquel edificio. No tenía la seguridad, pero su tamaño casi tan pequeño como un niño podría brindarle una oportunidad. Corrió entonces como si no hubiese corrido jamás, a trompicones, agarrándose las faldas y enaguas con fuerza y se lanzó por el suelo rodando hasta aquellas rejillas de hierro contra las que chocó fuertemente con la esperanza que el que la perseguía, al impulso de la carrera chocase también contra la fachada creyéndola atrapada. Se escurrió, en un chillido angustiado y temeroso, agudo de miedo y dolor, entre aquellas rejas, alejándose de las mismas en el interior de la diminuta estancia arrastrando las piernas y dejando un pequeño resto de sangre hasta el interior. Pese a sus esfuerzos, el manchado había agarrado levemente su pierna con las garras, una magulladura que sangraba más de lo que realmente era. Se apretó en el suelo hecha un ovillo alejándose un tanto de las manos que podrían intentar abrirse paso entre las rejas o arrancar las mismas.


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Cordelia Berbedel

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Cordelia Berbedel » 22 Abr 2017, 15:00

Cordelia suspiró con alivio al ver que su instructor había quedado intacto, aunque ya se esperaba del anciano el empeño en participar en esa contienda pese a sus años, y conocía del mismo la destreza en combate, que paliaba la falta de lozanía que le habían quitado los años.
Johan y los soldados se adelantaron, creando un muro humano entre la hechicera y el manchado, algo que era más que útil para proteger su vida, pero que seguía generándole el problema de participar en aquel embrollo, el pase más viable para poder inmiscuirse en la investigación sobre el negocio que había explotado.

El crujir del cuello llegó a sus oídos con una sonoridad sesgada y oculta por los chillidos de fondo de la gente que abandonaba la calle, y de los murmullos y choques de los soldados que intentaban contener la situación con el manchado.
Desde la calma de tener a otros entre ella y aquel ser, pudo contemplar mejor sus ropajes, y su apariencia. ¿Era aquel un hijo de la noche? Podía ser una buena explicación de porqué se hallaba un ser tan poderoso y corrupto en medio de la ciudad, explicaría esos oscuros ropajes. ¿Era así como terminaban aquellos que erraban en su contemplación? Con la curiosidad cada vez mas latente en su mirada, trató de otear las facciones de aquel hombre, espejándose en aquel ente del caos.

La figura del Manus regis pasó entonces por su lado, abriendo un pequeño pasillo para alcanzar al manchado, y como si sus piernas tuviesen voluntad propia, se escurrió siguiendo las andanzas del soldado, para poder alcanzar a aquella criatura, mientras volvía a juntar el maná entre sus manos.
Las corrientes serpentinas de vapor verdoso empezaron a enredarse y discurrir por su extremidad una vez más, ya sin tanto cuidado, imaginando que los aguerridos protectores se hallarían más pendientes de la criatura que de ella misma, no se molestó en posturitas para ocultarlo, y simplemente le dio forma a esas corrientes que le permitían moldear a su voluntad la entropía entorno su mano.

Alargó la mano por un costado del abanderado de armadura azabache, lo justo para rozar al corrupto con las yemas de los dedos, y ante el mas mínimo impacto, esos tentáculos relucientes y de un verde insano, se revolvieron prestos y violentos adentrándose y desapareciendo en el cuerpo del manchado. La hechicera dio un par de pasos hacia atrás, por precaución, por costumbre, y para que quizás quedara su intervención en un segundo plano.

En su mente, y sin casi ser consciente de ello, la maga hacia una cuenta atrás, los segundos que tardaban antes del efecto de su magia, conociendo sobradamente como recorrían sus hechizos el cuerpo humano.
Un chillido agudo y quebrado, le erizó el vello de la nuca y el espinazo. Un dolor agónico que ella sabía a ciencia cierta que no provenía de ninguna espada. Eran esos brazos de caos que perforaban y retorcían las entrañas, extendiendo su mal y una insania que la hechicera estaba segura de que tocaba hasta el alma, los artífices de aquella agonía que embargaba a su supuesto homólogo.

La mirada opalescente de la hechicera se desvió hacia un costado, y buscó por el rabillo del ojo al anciano. ¿Habría reconocido estelos efectos de su magia? ¿O era ella la única de percatarse de esa huella que dejaba? Luego rotaron hacia el Manus regis, sobre cuyos hombros pesaba lo que aconteciera en aquella calle, buscando advertir en lo que pudiera ver de su faz hasta qué punto se exponía, y que generaba.

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Johan

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Johan » 23 Abr 2017, 14:41

La coordinación de los soldados sirvió para que el manchado no causase demasiados estragos. La población estaba conmocionada, primero por la explosión, y después por el par de bajas producidas por el manchado a los pobres soldados que no habían tenido la suerte de escapar de los ataques de aquél ser. Con un cierto orden, precedido de toda la precaución que pudieran tener, los hombres armados con espadas se turnaron para ir hiriendo al enemigo común.

La mayoría de los ataques no consiguieron atravesar la robusta piel del monstruo, sin embargo, uno de ellos sí que consiguió, no sólo penetrarla, sino llegar hasta lo más hondo de su esencia. Se trataba del contacto mágico de la corrupción de Cordelia. La chica se las había ingeniado para, aprovechando el movimiento de los soldados, conseguir aproximarse lo suficiente al manchado como para verter sobre él todo su mal. Sus movimientos, aunque discretos, no había pasado desapercibidos para Johan, que ya había visto con anterioridad la letalidad de su don. Sin duda, para un enemigo cuya piel le hacía ser tan inaccesible a través del acero, la magia de contacto de ella pasaba a ser una gran aliada en aquella lucha.

La ira del adversario pronto colmó su paciencia, y harto de recibir ataques, localizó a su próxima presa. Quizá, la que menos culpa tenía: Una muchacha mistarel.

El manchado embistió a unos cuantos soldados que se interponían entre él y la doncella, derribándolos estrepitosamente mientras alguna que otra espada salía volando por lo aires. La mujer, aterrada, se despejó los pies de sus faldas e inició una carrera de huída al primer lugar donde creyó encontrarse segura. El escondite elegido no era precisamente el mejor, pero al menos estaba protegido por unas rejas metálicas. La criatura manchada avanzó hacia ella, ofuscado en aquella fijación enfermiza que la mujer había despertado en él.

Johan, así como muchos de los soldados, se encontraron inútiles al ver que el manchado había escapado de la formación que habían planeado para contenerle. Sin pensarlo demasiado y sin que nadie tuviese que dar ninguna orden, siguieron al manchado para intentar detenerlo.

Resultaba estresante enfrentarse a una criatura que te superaba con creces en fuerza y resistencia, era como intentar detener a un toro con tus propias manos. Por un lado confiabas en que la superioridad numérica pudiese detenerle, pero por otro lado no querías ser el iluso que recibiese una cornada, por lo que pocos eran los que se atrevían a blandir su acero contra el enemigo.

Algunas flechas silbaron desde los tejados. Un par de arqueros habían conseguido situarse en una buena posición para hostigar al manchado, sin embargo, aunque contaban con excelente puntería, sus flechas no conseguían dañarle. Johan observó cómo aquél ser se aproximaba a las rejas tras las que se escondía la muchacha. Por un momento pensó que sería demasiado tarde para ella, pero aún podía intentar ayudarla, aunque le saliese muy, muy caro.

El anciano se adelantó sobre el resto hasta estar a una corta distancia del manchado. Apretó con fuerza la empuñadura de su arma y, con rabia, clavó la punta de su espada en un costado de la criatura para ver si así podía romper la gruesa piel y hacerle una herida. La afilada punta penetró en el manchado y el viejo aprovechó para empujar con más fuerza. Quizá fuera invulnerable a los cortes superficiales, pero las estocadas profundas le hacían daño.

Cuando quiso darse cuenta, el anciano había clavado tanto la espada en aquél infectado que se encontraba demasiado cerca de él. Mucho más cerca de lo que le gustaría.

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Aecio
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Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Aecio » 24 Abr 2017, 12:51

Con una ira demencial palpable el monstruo de forma humana avanza contra su objetivo, la chica Mistarel. Afortunadamente la victima reacciona rápido y busca cobertura en un sitio enrejado, recibe una leve herida pero pudo ser mucho peor. Su atacante se estrella violentamente contra las barras de metal intentado matarla, por suerte la caballería llega justo a tiempo.

Dejándose de protocolos absurdos la mujer pálida muestra su poder, claramente utiliza energía oscura para potenciar sus habilidades. No es algo ilegal pero si mal visto… irónicamente es justo lo que necesitan ahora. Aecio tiene una opinión muy práctica sobre el tema, si ayuda a eliminar amenazas bienvenida sea.

La guardia comienza a organizarse gracias a la iniciativa del viejo, tristemente apenas ocasionan avance. El salvajismo del enemigo y su resistencia intrínseca lo hacen un objetivo formidable, las unidades normales no tienen muchas oportunidades de abatirlo. Que el mercado esté lleno de aventureros se puede considerar un buen golpe de suerte, en caso contrario bastante gente hubiera muerto antes de que llegaran las fuerzas especiales de la ciudad.

El guerrero de edad avanzada decide avanzar en carga para salvar a la muchacha atacada, sorprendentemente logra dar un golpe muy certero. Su espada se hunde en el torso enemigo, claramente ha realizado un ataque potente. Movimiento afortunado aunque trae consigo ciertas desventajas, no es buena idea quedar tan cerca de una criatura así.


La muerte viene “escupe material negro” por ti.

En un giro inesperado la criatura no puede responder, siente una fluctuación en su fuerza. No sabe porque pero es incapaz de moverse, esta aturdido. Voltea con esfuerzo su cabeza reconociendo la fuente al instante, esa mujer pálida ha utilizado corrupción para limitarle. Como se encuentra completamente corrompido conserva uso de sus “facultades mentales” pero poco más. En segundos libera un alarido de frustración, ya tiene bien claro cuál será su próximo objetivo.

Yo sacaría esa espada si fuera tu viejo.

Dice Aecio a corta distancia, ahora es su turno. Como no necesita moverse para esquivar enfoca toda su concentración y fuerza en un golpe, sin vacilar lo propina poco después. El corte al brazo logra alcanzar buena profundidad gracias a las circunstancias, se puede ver un hueso antes de que el chorro de sangre negra cubra todo.

No creo que dure mucho tiempo en ese estado, a la primera señal de movimiento repliéguense.

No pueden desaprovechar una oportunidad tan buena, es el momento de lanzar muchos ataques sin miedo a represalias. Claramente el aturdimiento mágico posee un tiempo limitado pero aún deben tener oportunidad de soltar ataques, un poco de aire fresco para variar. Las heridas comienzan convertir el cuerpo del ser corrupto en fiambre… por desgracia eso no parece disminuir su ira.

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Aturdido esta ronda.

Cuerpo resistente: reduce el primer daño físico sufrido por este enemigo cada ronda en 1. Ataques con habilidades que ignoren armaduras pueden anular este efecto, gastando la carga.

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: Cuando este enemigo muera, cualquier personaje a menos de 2 metros (incluido quien diera el golpe final, si fue cuerpo a cuerpo) sufrirá 1 herida.

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Cordelia Berbedel

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Cordelia Berbedel » 24 Abr 2017, 13:37

La mirada del manchado llegó a la suya con una firmeza y claridad, que la muchacha estaba segura de que la estaba buscando a ella, algo en sus entrañas se retorció con incomodidad y un miedo instintivo, pues no denotaba ninguna intención amable, y si no se equivocaba, si aquel era alguno de esos ocultos taumaturgos que compartía su fe, seguramente se habría percatado de la treta con la que acababa de exponerlo a los soldados y aventureros de la calle.
Aun y que el vello de su nuca se erizó, y un escalofrió recorrió su espina, no apartó la mirada, sus ojos ambarinos parecían presa de algún conjuro que hacía una tarea compleja dejar de contemplar al manchado, y que a ratos moldeaba sus facciones para mostrar una muy distinta, como si fueran otros rostros los que emergieran de ese cuerpo herido y empapado en sangre coagulada, corrupta y medio podrida.

Pese al embrujo de su mente, solo eran sus ojos los que estaban atrapados, sus labios volvieron a moverse, exhalando palabras tan bajas que parecían suspiros, susurros llevados por la mas ínfima corriente de brisa que pasara entre los soldados. El fulgor se condenso entrono una de sus manos, mientras sus dedos se movían con gracia, dándole forma a esa energía entrópica que reflejaba su luz verde sobre la mortecina piel de la palma.

Cordelia guardo al momento exacto, dejando la magia latir entorno su extremidad, el tacto de aquellos tentáculos translucidos enredarse como si se hallaran impacientes entre sus extremidades, la visualización de lo que no era más que ella manteniendo aquel conjuro a punto sin que se disipase.
Cuando había empezado a aprender magia, aquel baile incesante, que permitía apreciar las diferencias entre cada conjuro, le había resultado hipnótico, pero con los años era simplemente algo bello que ya no se paraba a observar a menudo.

Las flechas la mantuvieron a raya, haciendo que perdiera unos valiosos segundos de la restricción que había conjurado sobre aquel ser hermano, no duraría para siempre. Pero la chica no quería arriesgarse a ser el blanco de una flecha perdida, y pese a que la presencia del Manus Regis ofreciera la seguridad de que los arqueros serían más cuidadosos, no podía evitar tener ese recelo. A fin de cuentas, hasta varios de los soldados de a pie no habían logrado hacer casi nada, e incluso un par habían perecido rápida y violentamente.
De nuevo, espero a que el Manus Regis atacara, ya que lo usaba para abrirse paso, y porque no admitirlo también para sus adentros, de escudo humano. Cuando la espada de ese muchacho golpeó la criatura, fue seguida rápidamente por la mano de la muchacha.

Los apéndices verdosos se zarandearon violentamente, ondularon con fuerza mientras se metían dentro del cuerpo de ese ser, y se expandieron por sus adentros, ocultos de ojo humano. Quizás un buen mago, habría podido sentir esas fluctuaciones de maná, antes de que se arraigaran en la carne, y empezaran a hacer efecto.
La sangre negruzca del manchado manó de golpe más fuerte de todas sus heridas, como si acabaran de abrir la compuerta de una presa, para dejar salir de golpe el agua. Se abrieron más, como si algo tirara de sus extremos, y sus bordes se ennegrecieron fortaleciendo el hedor putrefacto.
Lenta, pero inexorablemente, aquella magia ponzoñosa se extendió por el cuerpo del agente del caos, haciendo que su cuerpo se hinchara, licuando y fermentando porciones separadas de sus entrañas.

Cordelia, como las anteriores veces, ya había retirado la mano del cuerpo para cuando los efectos sobre el mismo se empezaron a notar, su magia no era instantánea, pero si se mostraba en una gran brevedad, lo que a veces, era una ventaja, porque logró dar un par de pasos para evitar que aquella brea de sangre la manchara.
No pudo seguir reculando, aunque intento tomar más distancia, ahora que la bestia estaba tan herida que parecía que podían precisar de su intervención, sobre todo, porque no le agradaba la fijeza con que el ser la había mirado, y temía que, al librarse de la restricción, se abalanzara sobre ella. Pero los soldados le cerraban el paso, adelantarse había hecho que quedara en primera fila de un circulo de soldados, que tenía más de una vuelta entorno al combate, y los robustos hombres que protegían a los ciudadanos del manchado, también la encerraban con él.

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Elwing

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Elwing » 27 Abr 2017, 18:04

Elwing palpó el suelo algo arenoso de aquel lugar, arrastrándose hacia atrás de las rejillas por lo que, además de la luz, se colaban las manos de aquel ser, que miraba tratando de agarrarla para arrastrarla al exterior. El golpe de la caída en el interior fue doloroso, sobre todo para su espalda, que dio con unas cuantas cajas de madera apiladas. La vista no se acostumbraba todavía a ese lugar, y solo podía ver los rallos de luz danzantes que llegaban del exterior. Expandían sobras que reflejaban lo que sucedía, la lucha seguía allí donde el manchado había quedado. Solo podía escuchar los desagradables chirridos del monstruo al quejarse de los ataques ajenos o de la misma rabia, así como los esfuerzos de aquellos que se acercaban. Pudo escuchar al Manus Regis hablar a sus tropas y al anciano. Entendía que este último debía ser un antiguo guerrero, habilidoso y quizá legendario, aunque no había reconocido su rostro en absoluto, si de veras fuese alguien de importancia, estaba segura de haber sabido que se trataba de ello. Pero ¿No era viejo ya para luchar de aquella forma? Esperaba que no entorpeciese a la guardia de su trabajo, aunque de todas formas, si salían de aquella situación, recordaría agradecerle la ayuda.

Miró a su alrededor entre la oscuridad, se trataba sin lugar a dudas de un almacén, ¿De que?, no lo sabía a ciencia cierta pero había multitud de cajas y algunos recipientes de vidrio, hizo el esfuerzo por acostumbrar la vista, y pudo vislumbrar el pomo de la puerta. A tientas se acercó, tropezando con alguna que otra estantería, haciendo algo de ruido. Al llegar se aseguró que en efecto, la puerta estaba cerrada así que la golpeó con fuerza armando estruendo. Mientras esperaba se escuchaban los gritos de la calle, algún que otro golpe. Desde allí solo se veían sombras y algunos pies que no podía reconocer, a excepción de los de la mujer que eran algo más menudos. Golpeó de nuevo la puerta con fuerza, con todas las que pudo, aferrándose al pomo y zarandeándola de manera insistente.

Al poco tiempo se escucharon pasos y otra puerta abrirse, así como varios pies bajando unas escaleras. Para mayor seguridad, se alejó un poco de la puerta, no sabía como iban a tomarse el hecho de que ella estuviese en su despensa. La sombra se proyectó y entró algo más de luz. Elwing se tapó un poco la vista para protegerse, aunque fue solo unos segundos. Un hombre de panza oronda se había acercado y abierto la puerta, y una señora de mediana edad con un pañuelo de flores en la cabeza, sujetaba en alto una pequeña linterna de aceite.

¿Quien va? ¿Quien está ahí? Maleante...— Dijo prejuicioso el hombre sin saber de que se trataba. La muchacha se atusó un poco las faldas, aunque por desgracia, al haber rodado por el suelo estaban bastante llenas de polvo, y sobre todo al caer, con algunas manchas de color carmesí de su propia sangre. — No, no, no os preocupéis, no quiero robaros nada. — Levantó sendas manos mostrando que no llevaba nada con ella y que no pretendía robar ni nada similar mientras hablaba con voz algo quebradiza típica de una muchacha asustada. La mujer, levantó la linterna acercándola, para poder iluminarla bien. — Pero chiquilla, ¿como habéis entrado en este almacén? ¿Que hacéis vos colándoos por las rejillas? Os debéis haber hecho daño.— La muchacha se llevó el dedo a los labios, para indicarles que bajaran la voz.

No tuve más remedio, ahí fuera...— indicó con la cabeza y el hombre gordo se acercó a la ventana. Elwing hizo un pequeño gesto para que no se acercase demasiado. —Un manchado, cuidado, intentó atacarme y no vi escapatoria más que entrar aquí. Sería necesario algo punzante, desde aquí estamos más protegidos, pero afuera ha matado a varios guardias como si fuesen simples hormigas. Deberíamos ayudar de alguna manera. — Con la puerta abierta y la linterna, podía vislumbrar más aquel sitio donde había algo de comida, muebles y demás enseres acumulados. Entre la zona donde parecía haber carne, colgaban unas patas secas y saladas de cerdo aferradas en un gancho que colgaba del techo. — Eso...— Le señaló con el dedo al hombre... —y... eso...— señaló entonces una escoba vieja. El hombre asintió, parecía comprender a que se refería y apiló algunas cajas para subir y coger el gancho. —Mujer, acércate que no veo. — Le dijo a quien debiera ser su esposa. Esta le pasó la linterna a Elwing. — Debería cerrar el resto de ventanas y atrancar la puerta, los dioses no quieran que entre en casa esa criatura. — Dicho esto la mujer subió las escaleras en penumbra y la muchacha permaneció atenta y alumbrando mientras el hombre se ocupaba de traerle lo que pedía y se ponía a rebuscar entre los cajones para volver con cordón de cáñamo. Con aquello comenzaron a atar el gancho al palo y movieron las cajas bajo la ventana. — Las piernas del manchado las reconoceréis, son los ropajes más ajados, cuidado, mirad hacia arriba si podéis, hay un anciano y otra mujer allí arriba, si es que todavía siguen vivos, no les dañéis.— El hombre asintió y comenzó a sacar el gancho con fuerza tratando de aferrarlo a una de sus piernas y clavarlo en la dura carne para estirar de él, con suerte podrían lograr que cayese de bruces o al menos proporcionarle alguna herida molesta o distracción.

  • clanmistarel
  • Acción
  • autoridad,perceptivo,sexy
  • Mano
  • fragil
  • Heridas
Komorebi, Kogarashi, Shoganai, Koi No Yokan, Ikigai <3<3<3

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Johan

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Johan » 29 Abr 2017, 15:43

El aturdimiento de la bestia se hizo evidente y la mayoría de los presentes aprovecharon para ensañarse. Cuando el peligro amainaba la valentía de los hombres crecía, pero no era más que la ilusión de creer que estaban a salvo.

El anciano se había centrado por completo en el manchado, olvidando que habían llegado hasta aquella calle con la intención de ayudar a la mujer mistarel. Cuando se fijó en las rejas, la muchacha ya no se encontraba allí. Al parecer había accedido al interior del edificio, escapando finalmente del peligro. Ahora sólo quedaba acabar con la amenaza.

Johan se abrió paso entre los guardias y, localizando una herida ya abierta, clavó su espada en ella, con la intención de cortar alguna arteria importante. Al extraerla hizo presión en la carne, abriendo un poco más la gruesa y dura piel del manchado. La sangre negruzca y espesa de aquél ser comenzó a manar lentamente de la herida de forma constante. El viejo se apartó de allí para no quedar impregnado.

Además, con lo poderoso que había demostrado ser aquél enemigo, el aturdimiento provocado por Cordelia no duraría mucho. Cuando despertase de su estado, el manchado se vengaría de la primera cosa que tuviese delante, y Johan no quería ser esa cosa.

La imagen de un aldeano con un arma improvisada llamó la atención del anciano. Al parecer no todos los ciudadanos eran unos cobardes. Se preguntó cuánto duraría vivo, y se lamentó por el hombre que, si bien su actitud era buena, seguramente no lo fuera tanto su instrucción en combate.

El viejo sujetó a uno de los guardias para detuviese su ataque, el manchado se estaba recuperando y era mal momento para hacerse el valiente. Quiso decirles que atacasen a las heridas ya abiertas, que era donde aquél ser era más vulnerable, pero prefirió no incitarles a acercarse más, no al menos hasta que el manchado estuviese totalmente despierto

¡Guardad la distancia!— Gritó para prevenirles —¡Está a punto de despertar! ¡Alejaos!

El guardia que Johan había intentado detener dio un empujón para soltarse. Echó una mirada reprobatoria al anciano que había cuestionado su valentía y, desafiando a la suerte, se acercó al manchado para asestar una última estocada. El guardia alzó la espada para herir al monstruo pero, al bajar el acero, una mano putrefacta detuvo la hoja, apretando el metal con fuerza hasta quebrarlo.

La cara del guardia se ensombreció al comprobar que el manchado había despertado y él había sido el necio sobre el que vertería toda su ira. El manchado agarró la cabeza del guardia y lo levantó en peso mientras el hombre gritaba de dolor. Luego un rápido movimiento le rompió el cuello y los gritos cesaron. El manchado agarró al guardia por la cintura y tiró de él con contundencia, despedazando al soldado en dos mitades. Tiró una de ellas al suelo y mordió la otra, como si de su letargo sólo hubiese traído hambre y sed de venganza.

  • hemorragia
  • Acción
  • cortepreciso,perceptivo,perspicacia,melancolico
  • Mano
  • ninguna
  • Heridas

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