[libre] Agentes del caos

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Aecio
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[libre] Agentes del caos

Mensajepor Aecio » 28 Mar 2017, 22:19

Tipo de reputación: Talento
Máximo de participantes: 3 (sin contar el narrador)
Tipo de Narrador: Yo, usando mi PJ
Desafíos esperados: Combate e investigación.


A medida que Aecio logra superar aventuras extrañas su reputación comienza a crecer, algo que no debería resultar sorpresivo pues la meritocracia domina a los Manus Regis. Sigue en el rango de aprendiz pero según rumores de pasillo debería estar próximo a coronarse como miembro completo, desde hace una semana que no se habla de otra cosa en el barracón de iniciados.

Por su parte el joven guerrero se siente satisfecho, no es una persona arrogante pero es incapaz de suprimir totalmente su ego... claramente cuestiones de la edad. Ahora se encuentra en una nueva operación que para variar se desarrolla en la propia capital, cierta revisión de acontecimientos extraños.

Luego de caminar media hora logra llegar al destino, un modesto establecimiento en el distrito mercantil. Se dice que puedes encontrar de todo en la capital, sus mercancías solo son superadas por Zinvanar. El sitio objetivo vende baratijas y algunos comestibles aunque curiosamente se encuentra cerrado, no es algo normal dada la hora.


Esto huele raro…

Avanza con cautela hasta la puerta y toca varias veces, no obtiene ninguna respuesta. Como tiene la autoridad para allanar decide entrar “por las malas”, logra forzar la cerradura principal sin mucha dificultad. A medida que toma conciencia del interior su rostro cambia, la casa está llena de barriles y varias mechas arden sin pausa.


¡¡¡Todos atrás, atrás!!!

Grita mientras sale a toda velocidad, algunos personajes imitan la acción pero muchos permanecen en el mismo sitio con la intensión de curiosear. Lo siguiente es una gran explosión que retumba el mercado, salen fragmentos desperdigados por todas partes. Luego del estallido reina el silencio pero no dura mucho, pronto comienzan los gritos.

El aprendiz sale completamente ileso gracias a su reacción aunque nota un zumbido molesto en ambos oídos, claramente secuelas del acontecimiento. Vuelve a ponerse de pie y detalla la desoladora escena, el sitio objetivo a desaparecido del mapa. Los locales cercanos recibieron daño, eso sin mencionar el nutrido grupo de heridos.

Los guardias se hacen presentes e intentan controlar la situación, pronto todo se llena de personas. El Manus Regis permanece cerca tratando unir cabos, parece que no será una simple operación de rutina. Su misión era encontrarse con un contacto en el establecimiento, tenía información importante sobre algo misterioso… claramente ya no puede colaborar. Algunos agentes del orden se reportan con Aecio, reconocen la armadura y lo consideran un superior. Dicho personaje decide aprovechar su suerte, no puede volver a la base sin alguna pista.


De vuelta a la sartén


Bien chicos, comienza esta aventura, Se ven envueltos en el extraño acontecimiento por ironías de la vida. Existen varios elementos gatillables que darán información, pueden interactuar con alguno de forma inocente o pasar el turno admirando la destrucción. Si terminan con un dato importante pueden conservarlo a comunicárselo a Aecio, es el joven de armadura negra que todos los guardias intentan impresionar… no tiene perdida jeje.

Los elementos son:

1) Un misterioso hombre de negro que sangra en un costado pero no le interesa recibir atención médica, observa todo desde un lateral.

2) Dos viejas chismosas que aseguran saber quién está detrás del ataque, si se les interroga darán evasivas antes de soltar información real, solo saben que el dueño comenzó a actuar extraño desde hace dos semanas.

3) Un charco de sangre corrupta al final del callejón izquierdo, claramente proviene de un manchado o algo parecido.

4) Un par de niños quienes aseguran haber visto salir volando a alguien de la casa antes del estallido.

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Elwing

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Elwing » 30 Mar 2017, 09:22

La visita a Sanctuarium estaba siendo tranquila, algunos tratados comerciales le habían atraído a la ciudad, aprovechando para sentarse en la mesa de la señora Roser a tomar algo de té y dulces caseros. Había sido una mujer muy amable, aunque le crispaba tanta chachara, encontraba satisfactorios los encuentros con ella pues la facilidad que tenía para contar historias carentes de interés, sucesos de su vida aburrida, también la tenía para contar chismes de cierta utilidad, detalles que solo una mujer algo entrada en edad y arpía sería capaz de amasar. Demonios a aquella vieja se le escapaban los secretos a raudales por la boca, por eso mismo Elwing no le contaba demasiado, se limitaba a sonreir cándida como una niña admirando a su maestra.

Ya volvía a el lugar donde había conseguido (pagando una buena suma de dinero de su padre, por supuesto) aposentarse. Una lujosa taberna, no demasiado transitada, que en su cuadrado edificio albergaba una parte frontal, donde la gente se arremolinaba a beber y comer algún guiso de vez en cuando, aunque eran más común las gachas. Pero que en la parte lateral y trasera, aguardaba estancias tranquilas, ventiladas y cuidadas, con un patio interior lleno de vegetación donde abstraerse de las prisas de la ciudad. Pensaba llegar y recostarse en la cama, puerta abierta para observar el jardín mientras leía cuando un tumulto de gente parecía arremolinarse en uno de los edificios cercanos.

Frunció el ceño para acercarse, el revuelo era notable y eso llamó en cierto modo su curiosidad. Primero permaneció observando la situación, habían diferentes grupos de gente y atenta miraba a unos y otros mientras se acomodaba el mantón de seda bordada que llevaba sobre los hombros. Un hombre parecía estar herido, pero no sabía como o qué le había pasado no parecía querer abandonar el lugar pero tampoco rodearse de ayuda. El suelo estaba manchado, ¿Sangre? era lo más probable, no se quiso acercar a otearla, llamaría demasiado la atención y quedaría fuera de lugar que una chica tan inocente hiciera aquello. Unos niños fantaseaban sobre lo sucedido, no podía escucharlos bien, pero hacían aspavientos hablando unos con otros contando lo que acababa de pasar. Y como no, no faltaba el grueso de población más activa en este tipo de situaciones, viejas aburridas, como la señora Roser (Que de no ser que la había dejado cansada y reposando en su butaca, no le sorprendería encontrarsela allí). Observó a una de ellas esperando alguna seña que le diese algo para poder entrar en escena, era normal que cuando se juntaban acabasen hablando de sus dolencias, exagerando alguna de ellas, y el tiempo apremiaba a la chica.

No pasó mucho rato observando, cuando el cayado que una usaba para ayudarse a andar, calló al suelo haciendo la vieja un gesto cansado y doloroso para intentar atraparlo. Elwing salió al paso casi con presteza, pero con amabilidad y delicadeza, cogiendo el mismo del suelo y sacudiéndolo de tierra para darselo a la señora. Tomándola de uno de los brazos con cuidado. — Permitame señora, no se haga daño.— Le ayudó a incorporarse con una sonrisa amable y encantadora. — ¿Se encuentra bien? — Cuando la mujer se hubo recompuesto se llevó las manos a los riñones, agradecida, pero como era de esperar, quejumbrosa. —Ay joven, una no está ya para trotes, muy amable, muy amable. — Le tendió entonces el bastón. —No ha sido nada, no es molestia alguna, ¿Que sería de nosotros si no cuidásemos de nuestros mayores?— Le restó importancia a su gesto aparentemente desinteresado. — Ay que ricura, así da gusto joven, Federica y yo ya somos unas viejas desgastadas, ya nos gustaría volver a ser jovenes como vos.
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Linex Liefter

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Linex Liefter » 31 Mar 2017, 15:56

Tu curiosidad ante el mundo te lleva a Sanctuarium, una lugar sagrado y tranquilo ante tu vista, con diversas personas a tu alrededor. Observas todo el lugar – vaya, sí que me siento en paz, debe ser por eso que lo llaman refugio – dices sin apartar la vista. Te proponer tu siguiente objetivo buscar un lugar en donde pasar la noche, considerando alguna capilla o posada, por ende, caminas hasta el ciudadano más cercano para hacerle saber tu profunda inquietud. Se trata de un individuo con ropajes de tela color verde, de dos piezas. Su cara alargada como su filosa nariz, unas arrugas acusan de su edad ¿cincuenta o cincuenta y cinco? si bien el aldeano camina con el ceño fruncido, tú te acercas sin medida – disculpe buen hombre – este se detiene en seco y te examina con la mirada, no te inmutas ante tal acto, has hecho exactamente lo mismo en el pasado. Tras la rauda inspección, este te mira a los ojos – ¿Qué es lo que quieres muchacho? – su voz grasosa entra por tus oídos – tengo mucha prisa – agrega con el propósito de terminar cuanto antes este encuentro.

Aclaras la garganta, lo que irrita a tu improvisado acompañante – busco algún lugar donde hospedar esta noche ¿conoce usted alguna? – le sonríes, quieres quitar esas cejas enojadas de su rostro – Pff estas en una ciudad refugio, todo te sirve. Mira – señala hacia una de las esquinas – doblas por allí y cinco casas más hay un refugio para vagabundos como tú – sigues la ruta del dedo hasta perderte en aquella esquina – oh, gracias ¿y un lugar donde…? – devuelves la mirada para preguntar por sitios donde comer, pero te das cuenta que aquel amargado señor ya va cuatro metros lejos de ti, cuyo raudo paso te separa más de él. Te encojes de hombros, nada más que hacer, ya habrás otras personas a quienes preguntar o en el mismo refugio.

Sin más alternativa decides encaminarte al lugar señalado y descansar, descansar al fin en una cama. Esa es tu meta, pero la alerta de alguien proclama tu atención – ¡! – te giras para ver de qué trata esta alerta, las personas corren en sentido contrario, otras tantas se quedan, este último es tu caso. Te quedas observando el lugar, solo para recibir la onda expansiva que te bota de espaldas dos metros hacia atrás a la par que un objeto contundente golpea tu brazo zurdo. Pestañeas rápidamente y te sientas desorientado - ¿pero qué diantres? – miras a tu alrededor, los lugares adyacentes a la zona reciben daños. Te levantas notando a los heridos.

Das cinco pasos cuando escuchas a dos menores hablar de la situación, algo que capta tu atención. Te giras a tu derecha para ir a verlos - ¿se encuentran bien? ¿qué fue lo que sucedió? no creo que esto suceda muy a menudo ¿no? - sientes un ardor en tu brazo izquierdo. Debe ser aquel objeto que te golpeó.

Me decanto por la opción 4 "Un par de niños quienes aseguran haber visto salir volando a alguien de la casa antes del estallido."
"Las Acciones generan la Realidad, los Modales crean al Hombre"
- Hablar - / "Pensar" / Narrar

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Naranel

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Naranel » 02 Abr 2017, 22:06

Aquel sonido no lo estaba produciendo un animal. Aquel pitido que taladraba sus oídos y la sumía en el delirio al mismo tiempo que le impedía quedar inconsciente era completamente nuevo para ella.
Naranel necesitó tanto tiempo para, medianamente, entender qué había pasado que cuando los dibujos frente a sus ojos cobraron forma por fin sólo alcanzó a distinguir siluetas que se movían de un lado para otro. No había llegado a cerrar los ojos el tiempo suficiente para que aparecieran luces de colores, pero eso pareció ocurrir con los ojos entrecerrados. Durante unos segundos no sintió absolutamente nada. Ni frío, ni calor, ni pánico, ni tranquilidad. Simplemente, estaba ahí. Tirada en el suelo, boca abajo, con un brazo bajo su cabeza y el otro no estaba segura del todo, pero ahí, aún lo conservaba. Lo único que la pelirroja sintió en todo momento fue un dolor en el pecho, literal. Tras su cadera y sus costillas, su seno izquierdo fue lo siguiente en chocar fuertemente contra el suelo. Afortunadamente había caído en una zona llana. Y todo ocurría despacio, muy despacio, como si de repente se hallara en otro mundo sin gravedad.
Tras el dolor, el pitido.
El dolor minó cuando Naranel fue siendo consciente de que sí había algo, aquél pitido que en algún momento se volvió horriblemente molesto y la obligó a alzar la cabeza y sacudirla. Fue entonces cuando se percató también de que sentía cosquillas en la mejilla. Al llevarse la mano comprobó que un hilo de sangre afloraba de su frente.
Toda ella se hallaba cubierta de algo blanquecino, algo parecido al polvo.
Y de repente, un grito. No, un chillido.
El águila.
El entumecimiento, el dolor, el pitido, la confusión, el suelo, el polvo, el chillido. Un calor repentino.
Con cara de horror, Naranel levantó la cabeza de golpe y buscó a su águila en los cielos. Sus ojos, que poco a poco volvían a trabajar, se toparon con un techo gris que se movía. El humo. Sin razón aparente, la druida siguió el humo con la mirada para encontrar su procedencia. Detrás de ella había gris y naranja, y amarillo, y negro y marrón y negro.
Pum.
El edificio había volado por los aires. Su cara se descompuso. Ese preciso instante en el que lo entendió todo fue más consciente de los gritos, los llantos, el olor a carne y madera quemada y sobre todo al pánico de los animales a su alrededor.
Torpe y lentamente se levantó. Tardó bastante, o eso creyó ella, pues su mundo particular aún carecía de gravedad y la lentitud era la regla fundamental. Miró a todas partes, quizá buscando apoyo moral en otros o simplemente observando el desastre.
Nuevamente, el chillido.
Esta vez Naranel fue capaz de distinguir una procedencia aproximada, y miró hacia allí. Allá, no muy lejos de ella, sobre un carro volcado por la explosión, estaba su águila. Alas extendidas, pico abierto, postura que predecía alzar el vuelo en cualquier momento, pero quieta, parada, mirándola a ella. La zinda hizo un movimiento de mano y el animal acudió. Como si supiera de su dolor se posó suavemente en su brazo magullado. Encorvada por el dolor, la observó. No parecía tener heridas, pero sí un latido desmesurado. Naranel, consciente de la situación, creyó que lo mejor era apartarla del foco del estrés, y la mandó volar a unos árboles cercanos pero que no habían sido afectados por el incidente.
La pelirroja devolvió la mirada al suelo para darse cuenta de que ahora todo sucedía un poco más rápido. El pitido persistía, pero ahora de fondo la banda sonora del pánico general retumbaba. Y entre movimiento y sonido, se percató de algo. O más bien, alguien, si es que era humano, porque a saber en los tiempos que corrían. Parecía un hombre que, como ella, había sufrido la explosión a distancia, pero aún sufrido. Naranel pretendió acercarse, pero se detuvo y prefirió cerciorarse de que no corría más peligro.
Observando la escena se dio cuenta de que en el suelo había algo rojo y viscoso que aunque parecía sangre ella no quiso creer como tal. Se asustó y se alejó de allí en dirección aleatoria, eso sí, buscando a más gente. Aquel hombre de negro no le transmitía confianza.
Última edición por Naranel el 02 Abr 2017, 22:48, editado 1 vez en total.
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Aecio
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Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Aecio » 03 Abr 2017, 12:12

En este tipo de situaciones las cosas empeoran con el transcurrir del tiempo, la locura colectiva tiene ese funcionamiento. El causante de todo posee como mínimo una inteligencia bastante envidiable... cruel y sádica pero envidiable. Explotar una bomba en el medio del mercado es capaz de mandar un mensaje contundente, miedo.

La guardia logra despejar la zona más devastada, el conteo de heridos y muertos tiene cifra inicial. A pesar de lo vistoso del ataque algo no cuadra, pudo ser mejor. En el mundo de los atentados conspiracionistas lo que se quiere es causar mucho daño, un local cerrado en el área menos concurrida no es lo que se espera.


Curioso.

Aecio se acerca al cráter, no queda nada… un mensaje en sí mismo. La gente solo explota un edificio por razones muy específicas, todo parece indicar que esta vez trataban de borrar algo, ocultarlo. Los muertos y el caos son daños colaterales, menuda gente. Sea como sea lograron bien su cometido, ahora el Manus Regis no tiene contacto ni punto de inicio.

Mientras tanto la gente sobrelleva el problema lo mejor que pueden, los que no sufrieron heridas se limitan a observar por deporte. Algunos sanadores arriban a la escena, por suerte los mercados suelen tener muchos “consultorios”. Los agentes del orden mandan un mensajero al cuartel principal pidiendo refuerzos, será un día ocupado para ellos.

Una joven Mistarel da su mejor ejemplo samaritano al ayudar a cierta señora mayor, esta última siente una empatía justificada. Ella y su contemporánea se miran con complicidad, tienen información interesante para compartir y no son conocidas por guardarse secretos. Segundos después incluyen a su nueva compañera al “grupo de debate”, la mayoría son chismes sin importancia pero una acotación parece resaltar, al parecer el dueño del local comenzó a actuar extraño desde hace dos semanas.

Las tragedias suelen despertar humanidad en las personas, ese es el caso de un personaje Kalru. Dicho individuo se acerca para ver el estado de dos mocosos, bastante decente por su parte. Ambos chicos están bien aunque bastante emocionados por el espectáculo de “fuegos artificiales”… la pólvora suele tener ese efecto en los niños. Sin filtro comparten varios detalles interesantes, según sus palabras una criatura voladora y bizarra abandono el edificio antes de que explotara.

Existen heridos con varios niveles de intensidad, entre ellos destaca una mujer Zinda. Solo esta aturdida aunque la fortuna le juega una mala pasada, encuentra un charco de sangre corrupta. No es una imagen agradable y sin duda el olor permanecerá en su mente bastante tiempo, las cosas malignas tienen ese poder.

Muchas piezas de un puzle incompleto, trabajo desventajoso para cualquier investigador. Extrañamente los acontecimientos aleatorios suelen tener mente propia, algunas veces se delatan. El sujeto misterioso que se roba las miradas de todos comienza a supurar algo más que sangre desde su herida, un líquido viscoso y negro ahora brota por la abertura. De la nada comienza a reír, su estilo es bastante perturbador. Pronto el mismo material negro emana por su boca, en este punto tiene la atención de los presentes. Un par de guardias se acercan para investigar, nada bueno se avecina.



Bien chicos, tiempo de que consigan su información y decidan qué hacer con ella. Pueden reaccionar ante el sujeto de negro pero no manipularlo. En este turno coloquen su mano de cartas.



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Elwing

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Elwing » 05 Abr 2017, 19:47

La chica de Mistarel poco a poco se integraba con aquellas mujeres, bromeando y prestando atención a sus palabras, la mayoría eran chismes sobre las vecinas u otros ciudadanos de la barriada. Amistosa como siempre desplegó su característica sonrisa cargada de amabilidad, no solo con su principal oferta de ayuda, sino con el tiempo que pasaba con ellas se mostraba claramente educada, sencilla y agradable. Podría ser aquella muchacha adorable que toda abuela busca para sus nietos, si no fuese extranjera quizá aquellas señoronas lo estarían pensando. — Me ha asombrado el revuelo que había aquí montado cuando he llegado, me he pegado un buen susto. — Comentó como anécdota casi sin importancia, de pasada. — Deberíais decirle a esa tal Arminia que no tendiese la ropa sobre vuestro patio, desde luego es una falta de respeto, mojar vuestra pequeña y cuidada terraza.— Participó de aquellas críticas sin demasiada importancia a la espera de que las señoras hablasen acerca del tema que le interesaba. —¿Ustedes estaban presentes cuando sucedió todo el escándalo?— Con una mano atusaba parte de sus largos y claros cabellos manteniendo un gesto de preocupación.

Lo haré querida, lo haré. — La señora mientras hablaba tocaba de manera incontrolada el brazo de la joven, a pequeños golpecitos y agarrándola de vez en cuando, como si tuviera algún tipo de confianza, que en realidad, no existía. Se miraron entre ambas arpías, sonrientes y cómplices del secreto que guardaban. — No hemos estado demasiado atentas, pero ya se veía venir problemas, ¿Verdad Hilde?— Añadió una de las dos ancianas. — Si, si, yo ya sospechaba que algo raro se cocía en esa tienda...— La vieja entrecerraba los ojos con sospecha, haciéndose la interesante y resabida, era común en personas de ese tipo recurrir al afamado "ya te lo dije" o "ya lo sabía yo", aunque de por si no se supiese nada. No obstante, Elwing permaneció allí como mera oyente a la espera de que le contasen algo más. Abrió los ojos como sorprendida a lo que le contaban, incrementando el afán de protagonismo de las señoras que en cierto modo se sentían interesantes, importantes y escuchadas por la joven.

Acércate, acércate, os cuento muchacha...— Hizo un amago con la mano para que Elwing acercara el rostro a ambas, como si le fuese a contar el lugar donde el tesoro más grande de Artamaxus se escondiera. — Desde hace ya días, el hombre que regenta este local...— fue interrumpida por la otra.— no no, es el dueño, el dueño...— puntualizó, aunque lo mismo daba, el caso era que hablaban del que solía trabajar allí. — Ese, bueno, pues lleva días teniendo un comportamiento muy extraño.— Chasqueó la vieja la lengua en gesto de desaprobación mientras negaba con la cabeza. —¿En serio? ¿Porqué decís eso? ¿Le conocíais? ¿Que era lo que hacía?— trató de saber un poco más. Miró a su alrededor, como un hombre parecía tomar el mando de la situación, la mayoría se dirigía a él con información o sin ella, en el caso de la mistarel, esperaría a ofrecer cierta información a estar segura de que tenía algo sólido que ofrecer.

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Johan

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Johan » 09 Abr 2017, 20:27

De repente, el bullicio de la gente fue audible de nuevo. Sentía calor en el rostro, como si llevase demasiado tiempo expuesto bajo el sol, ¿Qué había pasado? El anciano hizo un esfuerzo por abrir los ojos. Había varias figuras en torno a él, eran oscuras en contraste con el sol y parecían mirarle con atención.

¡Ha despertado!— Anunció la voz de una mujer —Apartad, apartad, dejadle espacio— Sugirió otro.

Johan tosió. Le dolía el pecho con cada esfuerzo que hacía, como si le hubiesen arrojado por un acantilado. Los espectadores que velaban por él le ayudaron a incorporarse. El anciano se dio cuenta de que estaba cubierto de polvo y, de forma casi instintiva se llevó la mano hacia la empuñadura de su arma, sin encontrarla.

¿Dónde...? ¿Dónde demonios está mi espada?— Preguntó, como si fuese lo único que le importase.
Tranquilo, anciano— Intentaron calmarle —Tus cosas están ahí— Le indicaron —Te pilló de lleno la explosión.
¿Explosión?— Repitió, confuso y sin recuerdos a los que poder recurrir. Uno de los aldeanos le agarró del brazo, a lo que Johan reaccionó con cierta brusquedad —Estoy bien, estoy bien, suélteme.

Los pasos hasta su bolsa de pertenencias y la vaina con su espada se le hicieron eternos a pesar de estar a tan sólo unos metros. Cuando los alcanzó se los equipó rápidamente y miró a su alrededor. Había más gente tendida en el suelo, algunos inconscientes —como él hacía un momento— y otros heridos y quejosos. Siguiendo con la vista el radio de destrucción pudo ver el origen de la explosión. Se trataba de un cráter humeante con algunos focos ardientes. La calle en cuestión estaba bastante cambiada tras el atentado, pero no le costó reconocerla.

A partir de ahí comenzó a recordar lo ocurrido momentos antes de la explosión, aunque todo estaba demasiado confuso. Caminó entre los cuerpos observando la desgracia. Había hasta niños.

El anciano se detuvo junto a dos de ellos, de apenas siete años. El primero vestía ropas nobles, pero se encontraba muerto. El segundo era de origen humilde, por no decir pobre. Tenía heridas en el rostro que le impedían abrir los ojos y algunas astillas clavadas en el muslo. El anciano se arrodilló junto a él para examinarlo bien, aunque ya estaba siendo atendido por dos tenderas que habían abandonado su puesto de fruta para prestar auxilio.

Eh, mujer— Llamó a una de ellas —Escúchame— Dijo zarandeándola, para que le atendiese —Rápido, ayúdame a cambiar la vestimenta del chico por la de ese otro.
¿Qué?— Respondió confusa la chica.
Lo que oyes, vamos— Le metió prisa el anciano —Pongámosle la ropa de ese otro chico, si piensan que es noble los hechiceros de la corte le curarán las heridas con magia. De lo contrario puede que quede ciego y tullido para siempre.
Está bien— Accedió la mujer, aún nerviosa por los acontecimientos.

Aunque ya había algunos guardias por la zona, sabía que no tardarían en llegar más soldados, con los correspondientes hechiceros y algún que otro magistrado para evaluar los daños. Por el momento sólo pudo reconocer a un joven de armadura negra, que dirigía a los guardias presentes. Los gravados de su coraza con motivos de la realiza y la capa oscura lo identificaban como un Manus Regis. Como antiguo miembro de aquél cuerpo de élite al servicio de la corona conocía las competencias del mismo y la importancia que tenían tanto en el ejército como para el pueblo llano. Eran un referente y solían ser respetados.

Evitó acercarse demasiado al Manus Regis o a los guardias. Si llamaba demasiado la atención seguro que le reclamarían para declarar, pues había sido un testigo presencial de los hechos y su testimonio quizá sirviese para algo. No obstante, o no había visto nada útil, o no lo recordaba, por lo que prefirió evitarse el trámite del interrogatorio.

Siguió caminando, el anciano evaluaba el escenario con perspicacia, intentando encontrar lógica a lo sucedido, sin embargo había demasiado caos. Muchas preguntas, muchas pruebas, y todas escapaban a sus ojos. Escuchó cómo un grupo de ancianas cotilleaba sobre lo ocurrido. Un par de críos también fantaseaban sobre lo que creían haber visto, aunque sus palabras, exageradas, no cayeron en saco roto. ¿Una criatura alada saliendo justo antes de la explosión? Parecía ser producto de una gran imaginación.

Hubiese seguido caminando, pero un extraño señor vestido de negro llamó su atención y la de los que había alrededor. Al parecer era uno de los heridos por el atentado, sin embargo se negaba a recibir atención médica. El anciano se percató de que estaba sangrando —Caballero, ¿Se encuentra bien?— El viejo hizo el intento de acercarse, pero justo cuando se dispuso a hacerlo, el tipo comenzó a escupir un líquido negruzco. Aquello resultaba muy extraño. Johan acarició la empuñadura de su espada de forma instintiva con la intención de ganar algo de seguridad en sí mismo.

¡Atrás!— Avisó a los espectadores que había rodeando al extraño —Ésto no huele bien.

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Cordelia Berbedel

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Cordelia Berbedel » 13 Abr 2017, 19:28

El ruido ensordecedor hizo que la joven pegara un respingo, a tiempo para girar su rostro y ver los restos de la explosión, los pedazos de madera surcar los aires y estrellarse estrepitosamente en los tejados cercanos, así como el polvo esparcirse en todas direcciones. Se cubrió con ambos brazos de la parte que le correspondía por hallarse en una balconada próxima al lugar afectado, y tuvo la suerte de que ningún pedazo más grande voló hacia su dirección exacta.
Cordelia cerró inmediatamente el libro, que estaba releyendo por enésima vez con tal de memorizar cada una de sus frases, y lo dejó sobre la mesa de luz. Sin tomar sus cosas, y ataviada con no más abrigo que sus vestidos negros, de luto, que no tenían ninguna particularidad o diferencia a parte del color con los del resto de jóvenes que podían observarse en cualquier lado, se hizo a la calle.

Sus pasos repiqueteaban sobre los adoquines de los callejones mientras, curiosa, intentaba advertir la primera cosa emocionante que ocurría en días, y que caía casi como una respuesta a las plegarias, que, en el tedio, no podía evitar elevar a los divinos caídos.
Sus pequeñas manos, de un pálido tan ceniciento y traslucido que parecía pergamino, pese a que la piel era tersa y joven, se apoyaban en las esquinas y cernían en las mismas para doblar con más facilidad sin dejar de correr, y ya se hallaba casi a punto de emerger de un callejón hacia el lugar en donde la multitud y los heridos se apelotonaban delante del cráter, cuando su bota fue a parar a unas manchas adyacentes a charco rojizo y oscuro, y resbaló cayendo con torpeza sobre el suelo.

La hechicera maldijo su suerte, y se palmeo las manos, tras comprobar que no se había cortado las palmas al amortiguar su peso, y luego, desvió su mirada de un ámbar brillante hacia aquel líquido.
El intenso olor a hierro no tardó en llegar a sus fosas nasales, y se pegaba a la parte trasera de la lengua y del paladar. Si solo hubiera sido eso, no se habría sorprendido, sin embargo, había algo acre y amargo en ese olor, intenso y pegajoso en exceso, algo que le resultaba sumamente familiar. El inconfundible olor que dejaba la mancha, de la enfermedad y la putrefacción.

La chiquilla extendió la mano, y mojó los mortecinos dedos en aquel líquido que era demasiado espeso y oscuro, y que seguía estando lo suficientemente húmedo como para que su densidad no fuera fruto de la coagulación. Se froto el índice y el pulgar entre sí, mientras contemplaba aquel liquido más de cerca, permitiendo que el color se diluyera sobre la piel y se mostrara más vivido, pero no lo hizo.
Aquello era sumamente extraño, sobre todo de hallar en ese lugar, tan cerca de aquel incidente. Se le ocurrían muchas ideas descabelladas de porque algo así estaría cerca de un lugar donde había habido un altercado, sin embargo, poco podría lograr por si sola, sobre todo, si no conseguía el favor de las autoridades del lugar. Aquel hallazgo podía ser un pase o un pie para una relación que le permitiese averiguar algo más del incidente.

Cordelia limpió sus dedos en los faldones, la tela negra haría que los restos de la sangre no se vieran. Luego con los dedos adecento sus bucles negros y se acomodó bien los mechones que hubieran quedado fuera de su lugar, de las dos trenzas que caían lacias enmarcando su rostro y se unían en su nuca con una cinta de color yema.
Con ambas manos se pellizcó las mejillas y los pómulos hasta que le dolieron, sabía que de ese modo su aspecto enfermizo pasaría a ser una sana lozanía propia de alguien que trabaja en interiores o a quien le da poco el sol. Del mismo modo, se mordisqueó los labios hasta que estuvo seguro de que habrían tomado un rojo sano.
No podía hacer mucho más para que su apariencia fuera más encantadora que extraña, así que se limitó a acomodarse bien las ropas y a dejar sutilmente expuesta parte de su nuca, de la curva de sus hombros y las muñecas, de modo que no pareciera premeditado.

La joven inspiró aire profundamente, y abandonó el amparo de la penumbra del callejón para emerger en el lugar del accidente.
Una exclamación de sorpresa se formó no solo en sus labios cuando contemplo el caótico panorama. Los cotillas que como ella se habían acercado a ojear lo que ocurría, pero con intenciones mucho más pasivas que la suyas, los niños revoloteando curiosos, los heridos y los médicos, y las autoridades intentando mediar con aquella marabunta.
Fue un auténtico suplicio para la joven llegar hacia donde estaba el que parecía manejar el cotarro, y que a lo lejos no podía distinguir como más que un varón ataviado en una armadura negra.

No fue hasta que llego a la vera del muchacho que pudo observar el símbolo de Manus regis, probable motivo de la devoción que generaba en el resto de las autoridades, y de la displicencia que mostraban a la hora de informar o intentar lidiar con aquel caótico acontecimiento.
Cordelia esperó por modales y por apariencias a que se generara un momento de silencio, o en el que el sujeto no estuviera escuchando a los innumerables hombres que se sucedían a informarle de hasta el detalle más nimio e irrelevante con tal de ganarse su favor, y fue solo entonces que se adelantó para hablar con el mismo.

-Disculpe que lo importune, ahora que se halla ocupado. – La voz de la hechicera era dulce, cantarina, casi como un pequeño canto, y melosa como el trinar de un mirlo. - Y con semejante tarea entre manos.- Añadió, dejando en claro que se había percatado de que estaba ocupado, y no venía por una menudez.- He hallado algo preocupante en el callejón adyacente, mientras venía hacia aquí. -Empezó la hechicera, no dejando mucho espacio entre la cordial presentación y su objetivo para evitar de ese modo ser despachada sin que siquiera la escucharan.
-Es sangre reciente, pero no de cualquiera. Si no es de un manchado, se le asemeja, y estando tan cerca del altercado. -Su mirada del color de la miel, velada por unas largas pestañas que la mantenían semi oculta para que su intenso color no le resultara incomodo a su interlocutor, se dirigió hacia el cráter, ocultando lo mejor que pudo la fascinación que le generaba como había sido barrido hacia la nada aquel lugar. – Pensé que quizás podría tener alguna clase de relación con lo que ha acontecido. – Aunque ella aun no sabía muy bien que había pasado, se enteraba por lo que veía, por los retazos de conversación que captaba, y por lo que llegaba a formar con esas piezas su viva imaginación.

  • ninguna
  • Acción
  • fragil,atraccion,perceptivo,corrupcion
  • Mano
  • ninguna
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Última edición por Cordelia Berbedel el 13 Abr 2017, 19:29, editado 1 vez en total.

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Aecio
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Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Aecio » 14 Abr 2017, 11:13

La situación comienza a moverse, algunos elementos abandonan mientras otros terminan envueltos en la locura. Indiferentemente una cosa resulta clara, la ciudad no olvidara el ataque por mucho tiempo. A los drecarios no les gusta parecer vulnerables, deben dar una sensación de fortaleza por obvias razones, llevan el liderato.

Una curiosa mujer se acerca al Manus Regis, su aspecto tiene algo raro. Aecio le mira con intriga por algunos segundos, luego disimula para no ser tan obvio. Dicha señorita revela un dato bastante peculiar, uno demasiado extraño como para dejarlo pasar, por desgracia aún no se le puede endosar relación con nada aunque sin duda rondara la mente del agente un tiempo.


Interesante… gracias por la información.

Dice de manera educada, es un dato difícil de ignorar. Rara vez se encuentran vestigios de corrupción en la capital, es el lugar más seguro del nuevo mundo. Si la explosión está relacionada con una trama de manchados… el problema puede ser más complicado de lo que originalmente se pensó, los conspiracionistas son muchas cosas pero no usan aberraciones.

La pálida mujer se retira a inspeccionar el cráter… esa cosa atrae más gente que una atracción natural. Al fondo un anciano despierta y poco después orquesta una acción extraña, intercambia los ropajes de dos niños. Aecio piensa inmediatamente en su hermano pequeño, por suerte recuerda que tiene prohibido visitar el mercado sin compañía.

Pronto otra cosa se hace imposible ignorar, el sujeto que ríe como loco y segrega material negro de su cuerpo. Varios guardias se acercan a investigar, también intervienen algunos curiosos entre los cuales destaca el viejo de hace poco. Al verse como centro de atención el personaje detiene su risa y suelta una sola frase con su mejor rostro demente.


Su tiempo ha terminado.

Baja la cabeza y comienza a convulsionar, luego se abalanza sobre el primer guardia. Le sujeta fuertemente el cráneo y aprieta con violencia, poco después para sorpresa de todos logra triturarlo como si fuera una fruta. Los gritos se desencadenan en la multitud, muchos tratan de huir despavoridos ante el acontecimiento.

¡¡Rodéenlo!!

El segundo efectivo más cercano propina un golpe con su espada, a pesar de llevar impulso solo logra un corte. De la herida brota un chorro de sangre corriente, luego es sustituido por la misma solución negra viscosa. El enemigo sujeta del cuello al guardia y lo arroja al otro lado de la calle, una distancia descomunal.

Aecio desenfunda su espada sin mediar palabra y avanza, por desgracia resulta difícil moverse entre la multitud en retirada. La bestia con forma humana emite un sonido gutural mientras observa a su nueva víctima, el viejo. Sin mediar palabra se lanza en carga en un intento por eliminarlo, claramente se encuentra en un frenesí sangriento y si no lo detienen comenzara a matar civiles al quedarse sin hostiles armados.



Agente del caos menor


Humano corrompido, conserva la apariencia original aunque es más fuerte, resistente y su mente está al borde de la locura.

Cuerpo resistente: reduce el primer daño físico sufrido por este enemigo cada ronda en 1. Ataques con habilidades que ignoren armaduras pueden anular este efecto, gastando la carga.

Cuerpo explosivo
: Cuando este enemigo muera, cualquier personaje a menos de 2 metros (incluido quien diera el golpe final, si fue cuerpo a cuerpo) sufrirá 1 herida.

PD: 15/15


  • ninguna
  • Acción
  • armascortantes,hemorragia,soltura,inexperto
  • Mano
  • ninguna
  • Heridas

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Cordelia Berbedel

Re: [libre] Agentes del caos

Mensajepor Cordelia Berbedel » 14 Abr 2017, 13:40

Algo era algo, y aunque no parecía que fueran a pedirle más datos de la ubicación por el momento, la joven pensó que era posible que terminaran queriendo saber dónde exactamente, o dándole un pie con aquello a seguir la investigación más de cerca, y si no, la disponibilidad para proporcionar dichos datos, le daba la excusa perfecta para seguir husmeando incluso si los guardias se cansaban del gentío y empezaban a retirarlo de la plaza.

La mirada de la hechicera oteaba cada milímetro del cráter con suma atención, y una fascinación que solo se veía en el brillo malsano de sus ojos, pues se cuidaba la joven de mantener una expresión casi de espantó, prudente, imitando a las mujeres asombradas y casi aterrorizadas por aquello, que en realidad solo despertaba su curiosidad y una emoción infantil que habría resultado extraña, sospechosa y preocupante si hubiera permitido que se dibujara en sus facciones.

Aquella risa estridente, que acalló las voces y cuchicheos de la mitad del callejón, como por arte de magia, atrajo la atención de la joven, así como la del resto. Se escurrió entre la gente con empeño con tal de llegar a la segunda fila del gentío, desde donde ver, pero teniendo a incautos lugareños haciéndole de escudo humano. Se asomó de puntillas entre los hombros de dos personas, y contemplo, cubriéndose la sonrisa con las manos, para que aquello no pudiera verse, como aquel loco escupía sangre ennegrecida, con el inconfundible hedor de la mancha. Sus dioses habían escuchado sus plegarias, o de algún modo primitivo, no podía evitar sentir en lo más profundo, que habían tenido algo que ver con alejar ese hastío que la aquejaba y le drenaba el alma cuando sus días empezaban a volverse grises.

Una exclamación de asombro y sorpresa quedó ahogada en los gritos de pánico de la gente, cuando aquel ser reventó con las manos el cráneo de un soldado como si partiese una sandía con una maza. Los chillidos asqueados ya aterrorizados de las señoras que estaban delante de la hechicera casi la ensordecieron, pues la sangre había salpicado generosamente el entorno, e incluso a ella le había caído alguna que otra gota sobre las manos que tapaban la mitad de su rostro.

Cordelia permaneció quieta en el lugar, aunque en su huida, el gentío casi la tiró al suelo un par de veces. Contemplo el lugar, la escena, y entonces reconoció algo en el nuevo objetivo que tomaba aquella criatura. Su tutor con el acero.
No es que fuera a jugársela tanto por un conocido que no la había visto aun ni en el lugar, pero era otro peso en una balanza en el que el Split tenía un papel fundamental, y en el que el riesgo se difuminaba y perdía relevancia.
Por ello la hechicera juntó el maná en una de sus manos. Quizás era la emoción que la embargaba por dentro, aunque permanecía perfectamente oculta. O el propio caos del terro de la gente. Puede que fuera la presencia de la mancha, o que simplemente la situación hacía que percibiera las cosas de un modo más favorable, pero Cordelia sentía como la energía entrópica se arremolinaba entre sus dedos con gran facilidad mientras se acercaba a aquella criatura cuya sangre manaba negra y espesa. A un paso apurado.

Agarró al anciano del brazo y tiró de él intentando apartarlo del alcance de la bestia, y aprovechando el propio recorrido de la misma, para dejar que los tentáculos de humo verdoso, desaparecieran sobre el cuerpo de aquel ser impío, y extendieran la corrupción por su cuerpo con un patrón dañino.
-¡Johan! -Le llamó con una alarma, en parte fingida, cuando fue en su auxilio, intentando que aquello y su sutil gesto fueran suficiente para enmascarar su hechizo sobre el agente del caos, y que entre el alboroto de la población, y los cuerpos de ella y la bestia, hubiera sido suficiente como para esconder de la vista el fulgor verde del maná en su mano hacía apenas unos instantes.

  • corrupcion
  • Acción
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  • Mano
  • ninguna
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