Demris

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Demian
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Demris

Mensajepor Demian » 10 Dic 2016, 20:39

Demris
Hombre • 11 años • Kalrus • Sanador Psíquico

Trasfondo
¿Por qué? —volvió a preguntar el hombre mientras forcejeaba en vano para librarse de sus amarras —Vendrán por ti, Demris, mis hombres se vengarán por esto.

El chico no se molestó en responder, en cambio siguió con tranquilidad trepando el árbol para luego colgar la cuerda de la rama más firme que encontró. El círculo formado por el nudo de horca hizo palidecer aún más al sujeto.

No, podemos solucionar esto de otra manera —dijo mientras su voz se comenzaba a quebrar.

Demris bajó del árbol y se hincó frente al hombre, mirándole con los ojos ausentes con que alguien miraría una hormiga antes de aplastarla.

Te di una vida —dijo el hombre comenzando a sonar con desesperación —, un… un techo donde dormir…. te… te alimenté cuando no eras más que un saco de huesos, ap-penas con vida de tanto caminar por los bosques.

Me salvaste de morir —asintió Demris —, me diste una oportunidad y por eso te estoy agradecido, por eso te daré una muerte rápida.

El hombre pareció perder más de su orgullo mientras sus ojos comenzaban a humedecerse. Hasta el más valiente podía quebrarse ante el escenario de la muerte próxima. Ese hombre sabía lo que Demris era capaz de hacer, sabía que iba en serio.

¿Q-quién eres?, ¿por qué haces esto?, en estos meses nunca has contado nada de tu pasado —quiso saber el hombre, su tono de voz más débil.

No le podrás contar esto a nadie, así que puedo decírtelo. En realidad no nací en Dreca, sino en Kalorei…

Demris comenzó a contarle al hombre lo que sabía de su propia historia. Le habló de su nacimiento producto de una violación. Su propia madre le había dicho la verdad cuando incluso era demasiado pequeño para saber siquiera lo que era eso. Pero ella nunca le había amado.

Los niños suelen tener una imagen buena de sus padres, engañándose a sí mismos si es necesario, pensando que en el fondo sus padres hacen lo que hacen por ayudar. Pero él no era como los otros niños.

Sus poderes habían comenzado a manifestarse desde que podía recordarlo. Al principio de formas muy sutiles, percibiendo débilmente los sentimientos ajenos o causando dolores de cabeza a otros al enojarse. Estar con su madre siempre le había dado el mismo mensaje: odio.

Le contó que tuvo lo necesario de pequeño. El alimento no faltó e incluso pudo acceder a una educación que pocas familias podían pagar. Los libros se volvieron un refugio para el chico hasta que con apenas 8 años de edad su madre por fin obtuvo lo que quería, deshacerse de él.

Fue entregado como ayudante de un hechicero psíquico. Era por su bien, le había dicho, como si él no supiera lo que el corazón de ella realmente quería decir. Todos le felicitaban, algún día se volvería oficialmente un aprendiz y luego podría tener un brillante futuro entre las respetables filas de los hechiceros Kalrus.

Pero Demris tenía miedo, aún una madre sin amor sonaba mejor que irse con un hombre al que no conocía. No le dieron elección.

La vida con él no fue tan brillante como le habían contado. En vez de libros ahora tenía que lavar platos, barrer el piso, incluso preparar comida, lo que a menudo resultaba más un desastre que un éxito. Había otros aprendices, pero ellos tenían familias que de tanto en tanto les visitaban y sobornaban al hechicero para que les diera una ventaja frente a los otros. Demris jamás volvió a ver a su madre. Era un bastardo olvidado.

Sólo sintió enojo, no tristeza, cuando luego meterse en problemas con los otros chicos y herir gravemente a uno con sus poderes fue expulsado de la protección de su mentor.

No intentó volver a su hogar, sino que usando su magia logró que el capitán de un barco mercante lo llevara gratis al continente. Antes de cumplir la primera década de vida dejaba la isla Rhaenix.

Había oído que todos tenían una oportunidad en Sanctuarium, una ciudad con más habitantes que todos los pueblos de su isla combinados, así que se dirigió hacia allá. Al llegar las cosas no eran tan lindas como había supuesto. Terminó en las calles más pobres, robando para tener algo que comer, hasta que, conociendo a otros niños, llegó con Don Rupert.

Don Rupert era un hombre de malos sentimientos, lo supo de inmediato, pero era también su única oportunidad de sobrevivir. Lideraba, o más bien poseía, un grupo de niños a los que daba un techo y comida a cambio de una cuota diaria. El problema estaba en que aquellos que no llegaban con la cuota mínima eran castigados con un látigo y la cuota superaba ampliamente lo que obtenían a cambio. Lamentablemente, Do Rupert tenía matones que no dejaban que ningún otro niño usara esas calles para robar o mendigar, así que en realidad no había elección.

Al principio el chico tenía problemas para reunir el dinero exigido, pero poco a poco aprendió a hacer uso de sus poderes, los que mantenía en secreto, para hacer que algunas personas simplemente le dieran lo que necesitaba.

Esto funcionó por un tiempo, hasta que otro de los niños le vio y Don Rupert supo que Demris tenía una manera de obtener más dinero que los demás. Le subió la cuota hasta niveles tan elevados que hasta usando sus poderes todo el día le costaba juntar el dinero y ya muchos guardias o comerciantes le conocían y echaban de los lugares concurridos. Debió usar sus ilusiones para pasar desapercibido, pero sabía que no podía aguantar ese estilo de vida por siempre. Aún recordaba la formación en su clan, sabía que el uso excesivo de la magia iba a acabar con él antes de siquiera alcanzar la mayoría de edad.

Comenzó a formar un plan para huir, pero se lo impedía el miedo, no al castigo, sino a lo que había allí afuera. Sabía que para escapar tenía que dejar la ciudad, pero las historias sobre los bosques, los demonios y las cosas horribles que pasaba a los viajeros le aterraban. Nunca había enfrentado directamente a un Manchado ni menos a un Demonio. La sola idea sonaba a suicidio.

Tardó alrededor de un año en esconder una suficiente cantidad de dinero, con lo que pagó a una caravana de comerciantes Zindos para ir con ellos.

Las cosas parecían ir bien, pero nuevamente sus habilidades psíquicas le metieron en problemas. Cuando un hombre trató de robarle el resto de sus ahorros, Demris lo atacó e hirió gravemente, iniciando luego la huída. No supo si había muerto o no, o si alguien le perseguía. Sólo huyó por el bosque sin mirar atrás.

Contra todo pronóstico, logró seguir con vida un par de semanas. Debió luchar, pero ya comenzaba a tener control sobre sus poderes. Sin duda sin ellos no habría durado ni 24 horas. Su peor enemigo no fueron los manchados, sino el cansancio. Caminar todo el día, no tener una fuente estable de alimento, dormir a la intemperie, todo acabó por debilitarle hasta tenerlo convertido en un esqueleto con piel. Al cabo de un par de semanas ni siquiera sabía hacia dónde se dirigía.

Fue cuando estaba por rendirse que Rinax, el hombre que ahora tenía amarrado, le encontró luchando con un manchado.

Rinax era el líder de un grupo de bandidos con sede en Cesenir. Sin saberlo, Demris había llegado hasta las cercanías de la ciudad oculta bajo la roca. El chico recibió alimento y ayuda hasta que recuperó sus fuerzas y entonces comenzó a devolver la mano como asistente del hombre.

Esto no era como pedir limosna o meter las manos a bolsillos ajenos. Este grupo asaltaba caravanas, asesinaba, invadía villas y pueblos. Demris presenció todos estos horrores. Incluso cuando durante esta época fue desarrollando más al lado de sanación de sus habilidades, aún así debía presenciar y hasta ser parte de los asesinatos.

No vas a volverte ahora un moralista —interrumpió Rinax el relato.

No —contestó Demris —, ni siquiera se lo que es eso, pero tampoco soy un monstruo. Cuando violaste a las hijas del tabernero yo estaba allí, cuando asesinaste a esa joven embarazada haciéndola bailar sobre la fogata yo estaba allí. Yo podía ver tu alma y saber que lo disfrutabas. Me hiciste sanar al comerciante que torturabas para saber dónde escondía el dinero. Algún día seré un aventurero, un héroe, de esos que salen en los cuentos y canciones, no un bandido, nadie hace canciones sobre los bandidos.

¡Ja! —rió el hombre—, los héroes no existen, niño, murieron cuando un jodido meteoro trajo los demonios al mundo. Lo más cercano a un héroe que conocerás soy yo. Te salvé, no puedo ser tan malo. Si me matas serás peor que yo. Además, se que tú también has disfrutado haciendo las cosas que hacemos. Mírate, tan tranquilo cuando estás por matar a un hombre.

Sí, ahora soy como tú. Me divertí forzando a esa familia a saltar del abismo o la vez que prendimos fuego a la iglesia con su gente dentro. Hasta me reí cuando chillaban como cerdos. Por eso debo matarte, para intentar ser otro, para ser un héroe y no un bandido. No quiero ser como tú.

Mis hombres vendrán a por ti, vengarán mi muerte, no podrás dormir tranquilo si haces esto.

No. Son bandidos, los conozco tanto como tú, varios quieren tu lugar y felices tomarán el mando. Los he oído por las noches, cuando nadie se fija en mi. Otros simplemente buscarán una nueva banda. Además... cometerás suicidio, nadie venga un suicidio.

Y allí terminó la conversación.

Horas más tarde los hombres de la banda encontrarían a su líder colgado de un árbol, apestando por completo a alcohol. Todos concordaron en que la única explicación posible era que lo hubiera hecho él mismo.

Demris asistió al entierro, un entierro de bandidos, sin ceremonia ni mujeres llorando, sin seguidores leales jurando vendettas. Cuando comenzaron las disputas sobre la sucesión en el mando, Demris fue uno de los que renunciaron a la banda.

Al día siguiente se ponía nuevamente en camino hacia Sanctuarium.

Descripción Física
Demris es un niño delgado. Años de mala alimentación no han ayudado mucho a su crecimiento y ciertamente no intimidaría a nadie por apariencia.

Posee rasgos clásicos de su pueblo, como una piel clara y ojos verdes. Su cabello es rubio y suele llevarlo con poco cuidado.

Sus vestimentas suelen ser ropas que, si bien sencillas, han sido escogidas por ser prácticas, con algunos bolsillos bien ubicados y una capucha para pasar desapercibido más fácilmente. Prefiere los colores oscuros porque así es más fácil pasar desapercibido.

Cabe notar que no siempre lo que se ve es lo que en verdad hay, pues a menudo usa su magia ilusoria para no ser reconocido.

Referencia:
Imagen

Descripción Psicológica
Demris es un chico de personalidad marcada por sus poderes psíquicos. Desconfía de la gente, ya ha visto el corazón de las personas y sabe que no existe la gente buena, o al menos él no ha conocido a ninguna.

La vida le ha enseñado a ser brutal y la compasión es la menor de sus características. Se considera a sí mismo guiado por valores morales, afirmando que un día será un héroe, pero es capaz de cometer actos horrendos, incluso disfrutarlos, mostrando una crueldad que contrasta con su apariencia y manera de hablar serenas.

Ante los peligros es cauteloso, pudiendo llegar incluso a ser temeroso. Prefiere jugar a la segura y elaborar planes, aunque a ratos lo traiciona su lado infantil y comete torpezas por descuido.

Posee una poderosa inteligencia, una que incluso él mismo no se da cuenta que está allí. Desconoce el alcance de sus propias habilidades y se tiende a subestimar, tal como tantos le han mirado en menos desde pequeño.

Otros
  • Aunque lleva un buen tiempo fuera de Kalorei, extraña su tierra natal y todo lo que hay al norte le parece muy caluroso, sucio y desordenado.
  • Le gusta leer. Es una de las pocas cosas que agradece de lo que aprendió en el hogar de su madre. Le encantan especialmente las historias con héroes que vencen enemigos en apariencia muy fuertes.
  • A pesar de su tamaño, es capaz de comer grandes cantidades de alimento cuando tiene la oportunidad.
  • Sus padres siguen con vida, sólo que no tiene contacto con ellos. Ni Demris ni ellos intentan cambiar esto.

Virtudes
  • Perceptivo
  • Ligero
  • Discreto
Defectos
  • Débil
  • Raro
  • Pequeño

Caminos
Última edición por Demian el 14 Ene 2017, 15:05, editado 1 vez en total.

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Demris

Re: Demris

Mensajepor Demris » 06 Feb 2017, 21:20

Última edición por Demris el 06 Feb 2017, 21:35, editado 2 veces en total.

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