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Re: La tierra de la desolación

Publicado: 26 Abr 2017, 19:58
por Cordelia Berbedel
El estruendo del disparo resonó en el lugar y pro las ruinas lejanas, con un eco extraño, sin embargo, y aunque no pudo evitar sobresaltarse, era un sonido que ya le era familiar a la muchacha, e incluso augurio de cierta ventaja, de que su equipo confinaba, y estaban deshaciéndose de la amenaza. Desde luego aquel niño poseía un ingenio poderoso y particular, que podría acabar con los adversarios tanto por su potencia como por el desconocimiento de los mismos sobre a que se enfrentaban.

Los golpes que le daba al manchado no estaban haciendo mucho efecto, y este parecía intentar recuperar su báculo a cada instante, cosa que la bruja a malas maneras evitaba, haciendo unos aspavientos extraños, torpes y ridículos, pero que, hasta el momento, lograban cumplir su cometido.
O así fue hasta que Johan la llamó a su espalda. La chica se volteó, y el manchado tomó la ventaja. Agarró su báculo de nuevo, casi tirando a la joven al suelo, que alargó los brazos intentando tomar la espada. Aquello le granjeó un buen bastonazo, que por los pelos no le hace soltar el acero que recién envolvía entre sus manos.
La maga cayó de rodillas sobre el pavimento helado, sosteniendo el magno de aquella reliquia con una sola mano, y amortiguando con la otra el impacto. Vió, todo lo que pudo con el escaso tiempo que le llevó el girarse, las indicaciones del anciano, pues el manchado hechicero que tenía con ella era mucho más acuciante, y si había podido usar un bastón, de algún modo se las arreglaría con la espada.

La hechicera tenía el pulso acelerado, no por el miedo, un sentimiento instintivo del que iba escaso, como si algo no funcionara correctamente en ella, tampoco por la alarma, no sentía mas alerta que la de perseguir sus intereses, unos que la movilizan de forma moderada, si no por el ejercicio que le suponía a la pequeña muchacha aquel esfuerzo después de la larga caminata. Aquella calma que reinaba en su mirada, era tanto una falla como una virtud, pues si bien no tenía ese empuje sobrehumano por mantener su vida intacta, si poseía la calma suficiente como para analizar y tratar de aprenderse los patrones de su adversario, o al menos, buscar alguna falla por la que escolar el arma.

Cordelia tardo en lograr hacer recular al manchado lo justo para ponerse en pie, no tenía otra que confiar en que los otros dos pudieran lidiar con el inmenso manchado, o por lo menos, en que, si este corría hasta ella, escucharía sus pasos a tiempo para apartarse, tirarse a un lado, o por lo menos girarse y ver la muerte a la cara.
Ese fue su error, uno que tampoco pudo haber evitado, pues en el momento en el que logró traspasar la guardia del mago, y hacer que el acero se hundiera en su carne blanda, un rayo golpeo su espalda.
Los músculos de la hechicera se tensaron, al clavaron en el lugar, y la corriente los recorrió a ambos, a ella y a su víctima, terminando de rematar al manchado del báculo, y dejándola completamente inmóvil por un instante, asida al suelo, a la espada, al propio aire, y sin ver nada.

Cuando aquella aterradora sensación hubo pasado, dejó a su cuerpo temblando, pro sintió, y casi haciendo que se desplomara. Dio dos pasos hacia un lado, procurando mantener el equilibrio, en un gesto automático, logrando que, en el proceso, la hoja se desprendiera del cuerpo del muerto chamuscado, cuya carne putrefacta ahora también emitía un cierto aroma a quemado. De no hallarse algo desorientada y sorprendida, la maga se habría preguntado si aquel aroma venía de ella misma, y si el dolor intenso que le cruzaba sus entrañas era el origen de ese olor asado.

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Re: La tierra de la desolación

Publicado: 28 Abr 2017, 22:30
por Demris
La pelea se ponía candente a su alrededor y sus aliados ya reaccionaban para hacer frente al nuevo enemigo. No se trataba de un Manchado cualquiera, sino que era una criatura de 2 cabezas que parecía muy temible, tanto que el pequeño dudó de qué curso de acción tomar y dejó que los adultos tomaran la iniciativa.

Johan demostró tener amplia experiencia en combate, aunque eso no impidió que resultara herido, mientras que Cordelia terminó con la amenaza pendiente a costo de recibir una descarga mágica. Sin duda el enemigo debía ser formidable.

Demris respiró profundo para calmar su propio miedo. Las piernas parecían querer ponerse a temblar, pero el chico no se los iba a permitir, aunque tuviera que apretar la mano en puño tan fuerte que casi se hacía daño a sí mismo. Él era un héroe, se lo repitió una vez más, un héroe no se pone a temblar, un héroe no sale arrancando cuando las cosas se ponen feas, sino que enfrenta al enemigo con sus armas en alto. Eso iba a hacer.

Se agachó y parapetó detrás de un trozo de piedra vieja, otrora parte de alguna estructura, para recargar su pistola. No era un proceso sencillo en el fragor de la batalla, mas el pequeño tenía la suficiente práctica para vaciar la pólvora en el cañón sin derramarla, aún cuando sus dedos tenían ese pequeño temblor derivado del miedo y el nerviosismo.

Respiró profundo una vez más, tanto que le dolieron los pulmones al meter tal cantidad de aire frío, y salió de una carrera contra el enemigo. Buscó su retaguardia, aprovechando que era uno sólo y parecía grande, lo que no le haría sencillo girarse, menos cuando al parecer tenía 2 personalidades, levantando su arma hacia la enorme espalda que se volvía un blanco fácil.

Pero de alguna manera sabía que el enemigo lucía demasiado fuerte, la bala haría daño, pero no el suficiente, esa cosa no caería con un disparo como el que preparaba, así que debía agregar aún más potencia... debía recurrir a su magia nuevamente.

En la mano que empuñaba el arma se acumuló un resplandor púrpura de naturaleza caótica, como una masa de gusanos en constante movimiento, buscando estallar en pequeñas puntas. Era su miedo canalizado, su flaqueza vuelta poder en contra de su enemigo. La energía se metió por el cañón e impregnó la bala, justo antes de que ésta fuera proyectada por la explosión de la pólvora en contra de la cosa que alguna vez fuera humana.

El sonido fue doble.

Demris no lo vio de manera directa, pero sí el reflejo. Había sido un relámpago, justo luego del disparo del arma. Levantó sus ojos al cielo y pudo ver la constante capa de nubes, humo y polvo, la que oscurecía aquella tierra para tornarlo en una constante penumbra de día... pero no, el relámpago no parecía haber venido desde allí. El sonido había llegado al mismo tiempo que el brillo y el pequeño había aprendido que mientras más se demoraba el sonido, más lejos había caído el relámpago, lo que significaba que ese relámpago estaba muy, muy cerca.

Se giró frenéticamente, sin siquiera poder comprobar bien cuánto daño había hecho al Manchado, buscando la fuente... y le vio.

Era una sombra alada que emergía desde detrás de una vieja muralla a medio derrumbar, una sombra de curvas pronunciadas, femeninas, pero al mismo tiempo no cabía la menor duda de que no era humana. Debía ser un demonio, ni siquiera un manchado podía adquirir una apariencia de ese estilo, tan siniestra que helaba la sangre más que la propia nieve.

Demris corrió para ganar un poco de distancia respecto a ambos enemigos.

Esta vez sus piernas sí temblaron.

Demris ha gastado la carga de su arma.

Imagen de referencia de la demonio:
Imagen


Manchado de 2 cabezas


Es un Manchado que posee 2 cabezas, cada una pensando por su cuenta y controlando a su manera el cuerpo. Porta un hacha de guerra.
Posee los siguientes efectos:
- Cuando recibe un efecto, como parálisis, aturdimiento, etc., se debe escoger a qué personalidad se afecta.
- Cada personalidad realiza un ataque distinto cada ronda.
- La personalidad del guerrero controla ataques físicos cuerpo a cuerpo. Los ataques hacen 1 herida, pero hacen daño extra a personajes pequeños como @Demris y @Cordelia Berbedel provocando una herida adicional.
- La personalidad del mago realiza ataques mágicos. Los ataques mágicos serán de electricidad y causan una herida. Recibir 2 ataques de este tipo causa aturdimiento.

Actualmente tiene , por lo que ha sufrido 1PD en daño de esa fuente y sufrirá otro en la próxima ronda.

PD: 6/10


Demonio femenino


Por ahora no participa directamente del combate, sólo mira. Se desconocen sus habilidades. Porta una espada con runas en sus manos, similar a la descripción recibida de la viuda.

PD: ?/?


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Re: La tierra de la desolación

Publicado: 30 Abr 2017, 11:21
por Johan
Cordelia acabó con el manchado del báculo. Johan asintió de forma aprobatoria, pues la chica había usado la espada quebrada para matarle. Sin duda, la iniciativa o el arrojo necesarios para usar armas de filo no eran un problema para ella, lo que agilizaría su aprendizaje enormemente. Lo que resultaba extraño es que hubiese conseguido devolver el ataque mágico del manchado hacia sí mismo, seguramente había sido cosa de brujería y él jamás lo entendería. De la manera que fuese, el malo estaba muerto y ella, aunque conmocionada, se encontraba bien.

Demris había dirigido sus ataques contra el gigantesco manchado de dos cabezas, que se había convertido en la verdadera amenaza. Los anteriores únicamente habían sido un aperitivo. El chico preparó uno de sus disparos y, acercándose temerariamente al manchado por la espalda, detonó su proyectil sobre él.

El estallido resonó con cierto eco por los alrededores. Resultaba extraño, pues sus artefactos solían ser estruendosos, pero no tanto. Y desde luego no emitían destellos como los de un relámpago. Algo no iba bien.

Johan observó a su alrededor identificando el origen de aquel rayo, y entonces la vio. La forma femenina envuelta en un manto de humo y llamas. Las cenizas y pavesas brotaban de sus pies a cada paso, fundiéndose en la nieve.

No puede ser— Exclamó el anciano.

El demonio vestía con más desnudo del acostumbrado a los ojos de cualquiera. Su piel era oscura, de un bronceado ceniza y plateado, tersa y lisa. Su figura esbelta y atractiva cautivó la mirada del viejo, que tuvo que parpadear varias veces para escapar del hechizo que atrapaba a cuantos la miraban. A pesar de su apariencia engañosa y sugerente, se trataba de un demonio; un general del Pozo, comandante de hordas de manchados y servidor del yermo.

No estamos preparados para esto— Susurró Johan, que ya antes había enfrentado en batalla a estos seres.

Fue entonces cuando la vio, entre sus manos. La espada rúnica de los baloran. El objeto que habían venido a buscar al otro lado del Muro y por el que iban a perder sus vidas.

Observó cómo el niño corría para alejarse de los enemigos. Hacía bien. Quedarse allí sólo incrementaban sus posibilidades de morir, aunque por otro lado tampoco podían huir. ¿Qué clase de guerreros eran sin abandonaban la misión encomendada?

Al parecer, el demonio mujer no tenían la intención de intervenir en el combate, al menos no por el momento. Permanecía allí, de pie, fundiendo la nieve a sus pies. Observando el combate como si de un entretenido espectáculo se tratase. Aquello inquietó al anciano sobremanera, sin embargo le permitió respirar y tomar aliento. Mientras se abstuviese de intervenir tendrían alguna oportunidad.

El manchado bicéfalo, en cambio, continuó en su empeño por destruirles. Parecía combatir ajeno a la presencia del demonio, aunque sin duda se movía guiado por los hilos del mismo. Johan se levantó del suelo y, sin sacudirse la nieve lo más mínimo, corrió hacia el manchado para detenerle antes de que hiriese a alguno de sus compañeros. Una vez estuvo a su altura y antes de que éste pudiese percatarse de su presencia, asestó un corte preciso en el abdomen del guerrero, abriendo una herida que dejó a la vista parte del intestino y las vísceras. El viejo extrajo la hoja y volvió a golpear al guerrero con fuerza, y después repitió la secuencia otra vez. El anciano resopló exhausto por el esfuerzo realizado.

La cabeza de guerrero miró hacia abajo hasta localizar al anciano. Luego emitió un gruñido ininteligible y, con una fuerza descomunal, le pegó una patada para apartarlo de su camino. El viejo salió volando hasta chocar contra un muro. La nieve acumulada en la parte superior se desplomó sobre el anciano, semi-enterrándolo.

El guerrero bicéfalo, a pesar de las heridas recibidas, continuó caminando con el vientre totalmente abierto. Las vísceras se fueron desparramando hasta alcanzar el suelo y ser pisadas por sus propios pasos. Tenía un profundo corte del que aún emanaba sangre coagulada, además de dos orificios de proyectil que habían dejado grandes socavones en su carne. Ningún ser vivo habría sobrevivido a tales heridas, sin embargo aquél siervo infernal continuaba caminando.

Utilizo la carga de mi espada.
Realizo un sobre-esfuerzo, añadiendo un error a mi mano.
Recibo una herida física de la cabeza del guerrero.

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Re: La tierra de la desolación

Publicado: 02 May 2017, 22:20
por Cordelia Berbedel
Cordelia tardo un poco en girarse, dispuesta a encarar a aquella bestia que había descargado contra ella su magia, al que creía el ultimo manchado que los había asaltado. Pero en vez de eso, sus ojos opalescentes encontraron algo muy distinto.
Con el sonido de fondo de los lapsos del pequeño haciendo crujir la nieve, alejándose de aquel ser, se alzó la criatura más fascinante y aterradora al mismo tiempo que la joven hechicera hubiera visto en su corta existencia.
Los orbes ambarinos de la muchacha recorrieron esa piel grisácea, aquellos rasgos afilados, con una belleza siniestra. Los cuernos pulidos que se curvaban emergiendo de las sienes de ese ser femenino. Las curvas sibaritas de un cuerpo demasiado expuesto a la nieve y la helada, y que sin embargo parecía inmune al clima y el entorno.

La hechicera envidió genuinamente a aquella criatura, aquel poder que desprendía, ese temor que lograba hacer que se le congelara la sangre y se le erizara el vello de la nuca, que le temblaran las piernas bajo los ropajes, y le sacara la sangre del cuerpo. Quedó maravillada por esa existencia a la que ni siquiera podían aspirar los hijos de la noche, esa naturaleza desconocida y poderosa que no estaba a su alcance.
La envidió y la ansió al mismo tiempo, como posesión, como estudio y como reflejo, con tal asombro que ni siquiera hubo un atisbo de prudencia que la hiciera ocultar cuan embelesada se hallaba de contemplar una criatura tan magnifica.
De sus labios entreabiertos ni siquiera salió el vaho blanco de su cálido aliento. Le había robado la atención, la precaución por un momento, y también el aire.

Distracción fatal que el sino no se demoró en recordarle, pues otra eléctrica descarga impacto en su cuerpo, haciendo que sus rodillas se doblaran. La chiquilla se plegó sobre los adoquines congelados, apenas si atajó a colocar sus manos en el suelo, con el mango de la espada que se clavaba en su palma. Sus extremidades se tensaron con el pasar de esa energía que quemaba por dentro y que parecía querer arrancarle el alma.
La doncella intentó moverse y gritar, pero su cuerpo no respondió un solo ápice, en esos segundos eternos en los que la perniciosa magia del manchado surcaba sus venas, se sentía suspendida en un dolor en el que no se le permitía gritar, huir, encogerse, siquiera pensar en algo más allá del suplicio que aquel malefició le procuraba.

Tan pronto como la electricidad dejó de asirla al suelo, gateó lejos, lento, con el cuerpo lastimado, endurecido y acartonado, parecía que sus extremidades se negaban a responderla, y solo atajó a apartarse lastimeramente hacia el pilón de escombros ruinoso más cercano, y apoyar en el su cuerpo, mientras hacía acopio de voluntad para intentar aclarar su mente, sobreponerse al tormento que se aferraba a su carne.
El aire que le había robado la diablesa, salía agitado entre sus labios, un vaho irregular y acelerado que arrastraba algún que otro quejido leve por el mero hecho de salir el aire, como si, incluso su garganta, hubiera sido constreñida por el hechizo del manchado.

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Re: La tierra de la desolación

Publicado: 03 May 2017, 22:53
por Demris
Demris no quería quitar sus ojos de encima de la demonio, sabiendo, aún pese a su inexperiencia, que fuese lo que fuese aquella cosa, sería mucho más aterradora que incluso la criatura de dos cabezas que aún avanzaba, a pesar de que sus mismísimas tripas se asomaban de manera tan intimidante como repulsiva.

Pero justamente fue ese Manchado el que le hizo tener que cambiar el foco de su atención. Parecía a punto de morir, pero aún daba coletazos y, de hecho, se le acercaba peligrosamente. Probablemente moriría dentro del próximo minuto, de cualquier modo, pero el chico no tenía un minuto, sino unos pocos segundos si no quería ser partido en dos por aquel hacha.

Sacó su segunda pistola. Aquella que mantenía cargada, pero rara vez usaba, pues sabía que era un objeto valioso, demasiado valioso para que se viera a un crío que apenas tenía para comer, muchas veces, portarla. Eso llamaba la atención, hacía que miradas se posaran en él y quisieran obtener provecho, quitarle su tesoro.

El arma tenía unas runas grabadas, símbolos extraños, similares a los encontrados en muchas de esas ruinas, el legado mágico de su pueblo, aquel que cada vez pasaba más al olvido entre tanto caos. Apuntó con ella a la cabeza de la cosa, la que alguna vez hubiera sido humana, para disparar.

El estruendo fue más limpio, mostrando una mayor calidad de la manufactura del arma, mientras que la bala fue a parar entre los ojos. El daño no fue extenso, pero fue la última gota que arrebalsó el vaso. El manchado simplemente colapsó finalmente. Quizás ni siquiera fue el disparo, sino el simple hecho de tener sus interiores al aire, lo que le había matado, pero claramente había dejado de ser una amenaza.

Amenaza.

Demris se giró hacia la demonio, quien parecía haber estado quieta presenciando la pelea, disfrutando del gore o simplemente esperando una oportunidad. Luego miró a sus compañeros, ambos tenían heridas serias, parecían estar sólo a la mitad de su capacidad.

De alguna manera él mismo había resultado ileso del combate, lo que debía agradecer a ellos, pero por sí solo no iba a poder hacer frente a la demonio. Dudaba mucho de que, incluso si los tres estuvieran a máxima condición, pudieran realmente acabar con ella... había un claro aire de poder, una especie de aura que intimidaba, que despertaba los sentidos como si el cuerpo completo quisiera hacer crecer alas de pronto y salir volando.

No te tengo miedo —mintió —, soy un héroe.

Intentó fruncir el ceño, sin demasiado éxito, el miedo se podía ver a la distancia en sus cejas paralelas al suelo, comprimidas entre sí, y su boca tensa.

La demonio dio un paso al frente, como si pudiera olfatear el miedo del chico, pero éste no retrocedió, se esforzó por permanecer allí, de pie, mientras comenzaba a juntar el mana a su alrededor. Sabía que debía tener cuidado con el uso de la magia, pero no aún, no en ese momento, no era tiempo de autocensurar sus habilidades.

No alcanzó a hacer mucho.

De la espada emergió un relámpago que lo lanzó una descarga eléctrica que le recorrió por completo. Era como si su cuerpo no fuera propio, como si sus músculos se movieran por sí mismos, sin sentido ni destino alguno. Cayó al piso, se revolcó en la nieve sin propósito.

Demonio Femenino


Posee una espada capaz de realizar descargas eléctricas. Sus descargas pueden realizar daño o paralizar. Se desconoce el potencial de sus habilidades.

PD: 15/15


Demris estará Aturdido esta ronda, por lo que en su próximo movimiento no tomará acciones.



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Re: La tierra de la desolación

Publicado: 06 May 2017, 15:14
por Johan
El frío intenso en las mejillas del anciano le instó a mover la cabeza de un lado a otro hasta desenterrarla. La nieve se había colado a través del pañuelo que le rodeaba el cuello, produciéndole un húmedo malestar por todo el cuerpo. No tardó demasiado en recuperar la consciencia y darse cuenta de que seguía en aquél combate. Alcanzó a ponerse en pie justo para ver al niño derribar al gigante, o al menos eso le pareció al ver el contraste de alturas entre ambos.

Aquella pequeña satisfacción de victoria desapareció al ver que el verdadero enemigo no era aquél, sino el demonio. El calor regresó rápidamente al cuerpo y el nerviosismo que solía tener de novato, regresó a sus brazos y piernas. Era miedo. Miedo infundido por aquella criatura del inframundo, un miedo lógico y natural, el temor más extendido de todos, el miedo a morir.

El sudor frío, característico de quienes trabajan con un alto riesgo, acudió para hacerle temblar. Agitó la espada para librarla de los copos blancos aún adheridos a ella. La hoja, poco antes húmeda de la cálida sangre, estaba ahora fría y áspera por la escarcha que la envolvía. Sólo la empuñadura, envuelta en cuero, quedó libre de aquella congelación gracias a sus manos, que se apretaron fuertemente a aquella herramienta.

No es hora de tener miedo— Se dijo a sí mismo, frunciendo el ceño —Soy demasiado viejo como para mostrar temor.

El anciano dio un paso al frente. Su edad y veteranía no le habían sido regaladas, y cargar con aquellos títulos acarreaba ciertas responsabilidades. El miedo era para los novatos y para los niños, que normalmente coincidían en la misma persona. Un viejo con su experiencia no podía permitirse tener miedo, por mucho que le tentase aquél ser. Si quería tener miedo más le valía estar muerto, pues si los mayores no muestran seguridad, ¿A quién mirarán los más jóvenes?

Cordelia y Demris seguramente no le veían como un igual en cuanto a vitalidad y lozanía se refiere. Él no era ningún referente en la mayoría de aspectos, pero sí tenía algunos asignados por derecho, y debía defenderlos hasta el final, sin mostrar temor.

Si él se derrumbaba condenaría a todo aquél que lo veía como un ejemplo, y no había mayor desengaño que la del hijo que ve a su padre fracasar. Por ello no podía flaquear. No ahora.

El rayo proveniente de aquella espada alcanzó a Demris hasta llegar al suelo. Los ataques eléctricos tenían un efecto paralizante y demoledor, e incluso llegaban a producir quemaduras si se prolongaban demasiado, pero si no alcanzaban la intensidad suficiente no llegaban a ser mortales. Cordelia también había recibido un atraque eléctrico al acabar con su último enemigo.

Jovencita— La llamó con la poca fuerza que sus pulmones le brindaron —Ánimo, ponte en pie— La instó a que se levantase. Postrada no era forma de recibir a la muerte, sin embargo no era el momento de recordarle que iban a morir —No le des la satisfacción de verte acobardada, aférrate a esa espada— Le ordenó, para luego añadir —Recuerda nuestro trato, no puedes morir aquí, aún tienes que enseñarme a leer.

Dicho aquello, alzó la espada y emprendió carrera hacia la demonio. Quizá resultase cómico desde la perspectiva de un observador externo, pero el ataque de aquél viejo iba cargado de alevosía. La mujer diablesa mantenía su mirada fija en Demris, que se retorcía por los daños sufridos. Parecía disfrutar del dolor ajeno, como si aquello le reportase un abundante placer.

Johan llegó hasta la altura del demonio y, sin pensárselo dos veces, hundió su hoja en aquél cuerpo ígneo. El metal de la espada se calentó al tener contacto con la piel del demonio, sin embargo el anciano no soltó su arma. Si querían salvar a Demris tenían que atacar al demonio, aunque sólo fuese para llamar su atención y que el niño pudiese recomponerse.

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Re: La tierra de la desolación

Publicado: 11 May 2017, 08:59
por Cordelia Berbedel
Cordelia no pudo ver el final de la bestia que la había confinado al suelo congelado, solo escuchar otro tiro, uno que sonó diferente, más claro y menos hosco. Quiso mirar, saber si aquello era fruto del malestar que la comprimía como si tratara de hacerla un más pequeña de lo que ya era, pero incluso su cuello permaneció agarrotado mientras gateaba, y su melena azabache, tan alborotada por el viento, que creaba un velo opaco entre las ruinas y sus orbes, que apenas lograban escrutar entre aquellas rendijas, símiles de una oscuridad rasgada.

El golpe seco del manchado caer sobre el suelo no tardó en llegar, seguido de una polvareda de nieve que se levantó más de un palmo, y de los ruidos húmedos de la sangre y las vísceras que habían convertido parte del suelo a sus pies en un fangal del carmesí elemento, nieve a medio fundir y la tierra vieja entre los adoquines que hacía eones no cobraba ninguna clase de protagonismo.

La hechicera se asió a las runas cercanas para levantar su propio peso, mientras los restos de aquella electricidad insidiosa liberaban sus músculos, y los reclamos del anciano llegaban a sus oídos a pesar del tormentoso viento, la helada, y el nuevo crepitar de la electricidad que rompió el aire, y arrancó de la joven un gesto de protección, temerosa de ser la diana de nuevo.
Le hechicera no estaba acobardada, pero su cuerpo había reaccionado a la posibilidad de recibir más electricidad con un instinto presto para resguardarse, y no iba a avergonzarse de ello. No le agradaba sentir dolor, como casi todos los de su especie, prefería infringirlo.

Su mirada confusa oteó al niño real presa de aquel embrujo, a la diablesa que la había encandilado como una de esas criaturas de los cuentos marinos con el arma extendida, y al anciano a la carga como si fuera capaz de ignorar el instinto de cualquier humano, el frio, la alarma, y su innegable vejez.

Con una de sus manos agarrada ala roca, pese a que su cuerpo no necesitara de tal ayuda, tanteó con la otra hasta afianzar bien el mango de aquella espada rota que le habían proporcionado, siempre sería mejor que un báculo, o que intentar golpear algún ser con las propias manos.
No tardó en volver a acercarse a sus compañeros, y aunque correr quedaba completamente descartado, no le hacía falta la velocidad que había perdido, si lograba que aquel ser no pudiera gozar de una gran libertad.
Entorno su mano la mágia empezó a condensarse, una plegaria silenciosa al vacío a mover sus labios de los que apenas escapaba el aire, y un vaho blanquecino tenue discurría con delicadeza entre sus labios. Un familiar fulgor verdoso iluminó el hielo blanco y la nieve que caía entorno a las corrientes. Como si fueran pequeños rayos de pura entorpía, la energía crepitó entre sus dedos. Quizás por aquel enfoque mas claro que le había dado la hechicera, o porque aquel aturdimiento atroz que había padecido había marcado la forma en la que percibía y reflejaba aquel aspecto de su magia, de cualquier modo, aquella electricidad que no era tal, chispeó en un silencio sepulcral hasta que la mano de la joven rozó una de las alas de aquella fémina, procurando con ello no acercarse más de lo justo en el demonio.

Esperaba que aquello funcionara lo suficiente como para mantener al demonio quieto, sosegado, durante unos instantes, no creí que pudieran librarse de el de muchas formas, pero acababa de ocurrírsele una idea, quizás descabellada, y no podía contar con expresarla en voz alta, segura de que el demonio sería capaz de comprender su lengua, solo le quedaba rezar porque su treta funcionara y el tajo del anciano fuera lo suficientemente grande.


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