La tierra de la desolación

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Demris

La tierra de la desolación

Mensajepor Demris » 01 Abr 2017, 20:39

Demris oyó nuevamente ese extraño ruido. Ya le había pasado tres veces desde que había despertado esa mañana, la primera aún dentro de la pequeña cueva donde habían hecho campamento para pasar la dura noche, la segunda cuando recogían sus cosas y ahora mientras caminaba. Era como una voz, pero costaba distinguirla. Ni siquiera se trataba de que no entendiera el lenguaje, sino que era aún más distante, rara, incompresible, pero el chico estaba seguro de que se trataba de un susurro.

También sabía que sólo él podía oírlo.

Mientras intentaba descifrar la naturaleza de este susurro, consciente de que si era lo que temía que fuera significaba que su uso de la magia podía haber sido excesivo y acelerado un proceso eventualmente inevitable en la vida de todo mago, su pie tropezó con algún agujero.

Alcanzó a poner sus manos para evitar acabar con la cara plantada en el suelo, pero tanto éstas como sus rodillas acabaron hundidas en la nieve. Odiaba caerse, las ropas se humedecían y mostraba debilidad, justo lo que más quería evitar transmitir en una situación como aquello, donde se suponía que debía ser fuerte.

Se puso de pie, intentando rápidamente sacudirse la nieve. Suspiró con algo de frustración.

Esta era la tercera jornada al sur del Muro. La primera había sido fácil, caminando por llanuras donde sólo se encontraba algo de escarcha, pero la nieve todavía no hacía presencia. Esa noche habían podido dormir en un puesto de avanzada Balor'an. No habían tenido más comodidad que la de tener acceso a un techo y un piso seco, pero aún así era la mejor situación que habían tenido desde que habían cruzado al sur. Luego de eso la nieve había comenzado a aparecer. Al principio sólo en manchones ocasionales, pero a medida que caminaban se hacían más y más frecuentes, hasta que en algún momento, del cual Demris había perdido el recuerdo exacto, todo rastro de tierra visible se perdió, no quedando más que aquel manto blanco cubriendo todo lo que pisaba. Esto había vuelto el terreno en un lugar lleno de trampas.

Habían debido enfrentar a más de un enemigo, aunque habían sido capaces de evitar grandes grupos. Los manchados ocasionales no eran un problema demasiado grande y lo habían podido manejar sin sufrir heridas. En un par de ocasiones habían encontrado grandes hordas de enemigos, pero en ambos casos habían sido capaces de evadirles antes de ser detectados.

Pero no eran los Manchados quienes comenzaban a frustrar al chico, sino lo largo que resultaba llegar a las primeras ruinas donde tenían posibilidades de dar con el arma deseada. Por ahora no habían visto señales luminosas que pudieran corresponder con la descripción. En su mente se preguntaba "¿y si no encontraban la espada en Villa Varixia?, ¿qué tan lejos estarían las siguientes ruinas?, ¿sus provisiones de viaje serían suficientes para tanto tiempo?"

Miró el camino nuevamente y notó que poco más adelante se levantaba un risco que les obligaría a tener que escoger una de 2 direcciones. Si las indicaciones que tenían eran claras, la villa ya no debía estar demasiado lejos, quizás sería visible más allá de esa formación rocosa, aunque bien era posible que se hubieran perdido.

De cualquier modo, era necesario hacer una elección antes de continuar.

¿Oyeron eso? —dijo Demris.

Esta vez el ruido había sido real, de eso estaba seguro. No era uno de esos suspiros que escuchaba cuando había hecho demasiado uso de la magia, sino algo real.

Se pareció al ruido que hacen a veces los Manchados.

Miró en la dirección de donde creía haber oído el ruido. Estaba casi seguro que era el camino de la derecha, justo el que se veía más expedito, plano, sin obstáculos. Puso luego su mirada en el de la izquierda. Era rocoso y se elevaba en formas imprecisas. Ir por allí implicaría un peligro de accidentarse, pero no habían al menos por ahora señales de Manchados.

Tipo de Reputación: Gloria
Esta partida forma parte de la campaña Tormenta al sur del mundo, con @Johan y @Cordelia Berbedel
En su post deberán escoger el camino que seguiremos. Idealmente evitemos enfrascarnos en tener que postear para resolver un debate, que ya me conocen y me gusta sacar provecho a cada post.
El camino de la derecha es plano y fácil de transitar, pero se oyen ruidos de Manchados ocasionales. No parecen ser demasiados, pero no se puede saber con seguridad.
El camino de la izquierda es rocoso y difícil. No se escuchan ni ven Manchados, pero puede tardar mucho más que el otro.
Por supuesto, una tercera opción es escalar el risco, pero eso es altamente riesgoso y no se sabe si desde la cima es posible luego bajar de otra manera más segura.


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Johan

Re: La tierra de la desolación

Mensajepor Johan » 02 Abr 2017, 19:13

Los tres días de viaje habían sido relativamente sencillos. El pequeño grupo de héroes no había tenido encuentros realmente peligrosos ni dificultades más allá de las previstas en un comienzo. Se podría decir que habían tenido suerte, pues su avance había sido rápido y discreto, sin demasiados rodeos ni imprevistos. Ya casi habían llegado a las ruinas donde habían fijado su destino cuando el camino llegó a una bifurcación impuesta por un risco pedregoso.

La roca se erguía delante de ellos, obligándoles a tomar uno de los dos caminos que la rodeaban. El camino parecía claro, pues uno estaba en un estado considerablemente mejor que el otro, sin embargo el sonido característico de los manchados hizo que el grupo se detuviese para reflexionar mejor qué camino tomar. Las opciones se debatían entre un camino en buen estado con enemigos asegurados, o un camino en peor estado y aparentemente sin enemigos a la vista.

Johan hizo un gesto al niño para que detuviese su avance antes de llamar la atención. Si debían elegir un camino, lo mejor era considerar los pros y los contras de cada opción. El anciano se apoyó sobre su espada mientras se alisaba la barba pensativo.

Ésto me recuerda a una fábula que solía contar mi madre cuando era niño— Dijo el anciano, aportando un toque de sabiduría popular a la situación —La fábula trataba sobre un joven barquero que vivía alejado del pueblo más cercano. El chico debía ir todos los días al pueblo para comprar alimento y vender sus pescados, y para ello aprovechaba el cauce del río, evitando así una larga caminata— Johan se sentó sobre una piedra para descansar las piernas, aunque no tardaría demasiado en contar aquella historia —El barquero conocía muy bien aquél río, y sabía por dónde tenía que navegar para llegar sano y salvo hasta el pueblo, aunque también conocía un atajo. El atajo en cuestión era un afluente del mismo río que se bifurcaba del cauce principal, y a través del cual podía llegar al pueblo mucho más rápido y sin dar tanto rodeo.

El anciano dejó la espada sobre sus rodillas y, encogiéndose de hombros, lanzó una pregunta.

Y me diréis, ¿Por qué recorrer el río por el cauce principal cuando el atajo era mucho más corto? El chico era buen navegante y conocía ambos recorridos. El cauce principal era más largo, pero sus aguas eran tranquilas y, aunque debía remar con esfuerzo durante casi todo el trayecto, sabía que llegaría al pueblo sano y salvo. El atajo, en cambio, era un recorrido de aguas rápidas y peligrosas cuya pendiente se pronunciaba en algunos de sus tramos. Además, del agua sobresalían algunas rocas que podían hacer encallar la barca y, si tenía la mala suerte de naufragar, salir a nado de allí sin ahogarse era complicado hasta para un nadador experto como él— El anciano señaló a ambos caminos —Algún día os contaré cómo acaba la fábula, ya que para la situación que nos acontece es más que suficiente. ¿Qué camino tomaríais vosotros? El camino sencillo, a pesar de que debamos remar un poco— Dijo señalando el camino de la derecha, que no presentaba obstáculos, más allá de unos cuantos manchados —¿O el atajo pedregoso, con los riesgos que ello conlleva?

Johan se cruzó de brazos dejándoles reflexionar, él lo tenía claro.

En mi opinión, el camino de la derecha es la mejor opción. Es un camino llano y sencillo, se puede apreciar que antaño fue el camino más transitado, seguramente fue una vía comercial segura que conectaba con la ciudad. Además, el hecho de que haya algunos manchados en él es indicativo de que es más frecuentado. Creo que es la mejor opción, no sólo llegaremos a las ruinas antes o después, sino que combatir allí será más sencillo. Un terreno llano es favorable. Además, el otro camino— Dijo señalando al camino de la izquierda —No sólo está en peor estado, sino que nada nos asegura de esté libre de enemigos. En caso de que nos tiendan una trampa será más complejo defendernos allí. Seguramente nos terminemos ahogando...

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Cordelia Berbedel

Re: La tierra de la desolación

Mensajepor Cordelia Berbedel » 03 Abr 2017, 19:45

Cordelia había disfrutado los días de viaje, aunque no habían hecho demasiado, la caminata, el aire frío y el tiempo para pensar hacían del viaje algo tolerable, y los esporádicos encuentros con manchados, la mantenían alerta como para no confiarse. Sin embargo, el hecho de no tener noticias hasta el momento, y de no haber encontrado esas ruinas para pararse a explorarlas, había logrado que bajara de su burbuja de entusiasmo a medida que pasaban los días.

La bifurcación marcó un pequeño punto de descanso, y así como se sentó el anciano, también lo hizo ella, para escuchar con atención aquello y deliberar sobre ambas opciones. u mirada opalescente paseo de un camino a otro, y solo cuando el anciano hubo terminado su historia, o la parte de la misma que estaba dispuesto a contar, expresó su opinión.

-La nieve cubre el camino, que se vea llano solo quiere decir que la nieve ha quedado así en la superficie, nada nos promete que no habrá una madriguera, un agujero o los manchados que se escuchan bajo su manto. Para mas inri es campo abierto, lo que significa que de toparnos con una horda, la enfrentaremos con toda su superioridad numérica.- La vista de la muchacha se perdía en la llanura blanca mientras hablaba de la misma.-También nos expone al tiempo, una ventisca o gran nevada nos golpearía con toda su furia, no nos permite detenernos, buscar refugio, y corremos el riesgo de perdernos si ese llano sigue hasta donde la vista alcanza.

Finalmente los ojos de la joven otearon el riso.-El risco es peligroso por su ascenso, pero sus formas nos protegen del viento, sus estrechos obligan a los manchados a venir de a pequeños grupos si es que nos encontramos con un gran numero de ellos, por ahora no se escuchan, pese a que en las formaciones rocosas se tiendan a formar ecos, y aunque ellos tienen donde esconderse, nosotros también. Podemos incluso improvisar refugio entre las rocas, y aunque el ascenso luce mas truculento, si vamos lentos, y con cuidado, y usas tu vaina de bastón si el camino se te hace accidentado, o mi ayuda en cualquier caso, deberíamos poder cruzarlo.

Aunque había quedado bastante clara la postura de Cordelia, esta igualmente sentenció su opinión.-Prefiero cruzar el paso que el llano.-Luego su mirada fue hacia el infante, que aun no se había pronunciado, y que sería aquel quien inclinara la balanza.-¿Que opinas tu Demirs?.-La muchacha no sabía si estaba acostumbrado a ser tratado como un adulto, consultado o tenido en cuenta, pero aquello era lo que le esperaba de allí en mas, era un valioso efectivo del grupo, y tenía curiosidad por ver que razonaba aquel muchacho que ya la había sorprendido otras veces.


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Demris

Re: La tierra de la desolación

Mensajepor Demris » 04 Abr 2017, 02:31

Tanto el anciano como la chica expusieron sus ideas, cada uno prefiriendo un camino distinto. De pronto las miradas estaban en él y debía tomar una decisión... pero ¿cuál tomar? el chico se paralizó unos instantes.

Cuando era pequeño había estado en manos de un instructor de magia, debía obedecer. Luego de huir había llegado con aquel hombre que le hacía mendigar o robar bajo amenaza de golpearle, debía obedecer. Finalmente había pertenecido a una banda de foragidos con un líder fuerte, debía obedecer. En su vida había pasado de las manos de un patrón a otro, siempre intentando escapar de la ira de aquellos quienes estaban a cargo. Ahora dos adultos le pedían tomar una decisión que bien podía ser de vida o muerte.

Dio un paso atrás, inseguro, llevándose instintivamente la mano nerviosamente a la boca y luego a la nuca, frotando un poco la parte posterior de la cabeza para luego volver al pecho de manera imprecisa, como poniendo una barrera que sabía que era completamente inútil.

Nos vamos por la derecha —dijo tímidamente Demris —, no, no, mejor por el de la izquierda, no sabemos qué puede haber allí, quizás son muchos Manchados... no, mejor la derecha, es más plano y no es primera vez que enfrentamos Manchados... no, esperen, la izquierda es mejor, siempre es bueno guardar las energías... pero la derecha se ve más fácil de caminar... la izquierda es más fácil ver a los Manchados venir... pero la derecha parece un camino.

Demris suspiró con ansiedad y luego se dio vuelta, dando la espalda a sus compañeros. Sacó entonces de entre sus ropas una moneda, de esas que le había dado el coronel, lanzándola al aire. La atrapó y esperó largos instantes antes de revelarla.

Cara... nos vamos por las rocas —dijo con alivio.

Se puso a caminar de inmediato en la dirección escogida, sin mirar atrás durante unos minutos, para así intentar evitar que le juzgaran por haber resulto el asunto de una manera tan infantil, pero luego se encontró frente a las rocas.

De lejos se veían más pequeñas, pero así, a tan poca distancia, notó que tenían gran tamaño y formas afiladas y peligrosas. Por algún motivo este hecho le hizo recordar la vez en que intentaron asaltar una pequeña caravana destartalada y de su interior surgieron guerreros muy capaces. Algunos de los miembros de su banda cayeron ese día y Demris pudo escapar sólo gracias a su mentor. "No te confíes" había sido una de las experiencias en aquella ocasión.

Demris comenzó a caminar lentamente por las rocas. La piedra era negra y lisa, a menudo muy resbalosa por el efecto del hielo, pero no conocería el real peligro de donde se encontraban hasta que la primera ráfaga de viento golpeó. Demris se lanzó al suelo y se aferró desesperadamente. La forma del risco formaba un embudo a través del cual los vientos podían huracanarse.

Una vez pasó la ráfaga se puso de pie nuevamente, aunque ahora debía ser más cuidadoso.

La situación es sencilla, pueden comenzar a cruzar la zona rocosa, pero tener ojo, porque las fuertes ráfagas de viento hacen las cosas difíciles.


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Johan

Re: La tierra de la desolación

Mensajepor Johan » 04 Abr 2017, 14:21

El azar decidió finalmente el destino de los tres compañeros, enviándolos directamente a las afiladas rocas y a las ráfagas de viento. En realidad no había mucha diferencia entre dejar el peso de la elección al azar o a un niño, aunque tampoco importaba, pues los argumentos a favor de ambos caminos habían sido equitativos.

Johan cerró los ojos al escuchar la decisión final, aceptando el veredicto como si de una votación legítima se tratase. En el grupo no había líderes ni jerarquía a la cual obedecer, por lo que las decisiones debían tomarse de aquél modo. Cada cual aportaría su ingenio, inteligencia o experiencia, según contase con ellas.

En un principio la opción del camino derecho había ocupado toda su razón, y así lo había defendido en su argumentación. Sin embargo, cuando Cordelia arrojó validez al camino izquierdo con juicios de peso, la mente del anciano se abrió, contemplando las nuevas posibilidades que su mente no había logrado ver. "Cuatro ojos ven más que dos" decían, y aquello podía aplicarse a todo: "Dos mentes piensan más que dos", y desde luego tres, tanto más...

Así sea— Sentenció.

Y sin pararse a debatir o empecinarse a defender un veredicto vencido por mayoría, el anciano emprendió la marcha detrás del niño. Ciertamente, al anciano le hubiese gustado que Demris hubiese reflexionado concienzudamente el camino a seguir, aunque finalmente el resultado hubiese sido el mismo, ya que, para alguien supersticioso como Johan, el método de la moneda, en un lugar tan nefasto como aquél, resultaba ser claramente una venganza de los demonios por adentrarse en sus tierras malditas.

La empinada cuesta no tardó en hacerse notar. El pavimento rocoso presentaba formas aleatorias, creando surcos y pasadizos entre las superficies oblicuas de la roca congelada. El viento soplaba a ráfagas y con excesiva violencia, golpeando en la superficie y colándose entre los pequeños pasadizos y resquicios existentes.

Una ráfaga de viento empujó a Demris con fuerza obligándole a agarrarse al suelo para no salir volando. Johan también tuvo que reducir su silueta para ofrecer una menor resistencia al viento, pues ninguno de los tres pesaba demasiado como para ir confiado. El anciano miró atrás para comprobar que Cordelia seguía allí. La muchacha no pesaba mucho más que el niño, pero por alguna razón Johan confiaba en que ella podía arreglárselas mejor que Demris en una situación extrema como aquella.

No caminéis erguidos o el viento os empujará con fuerza— Les aconsejó —Ayudaos de las manos si es preciso e intentad mantener una postura baja— Johan no era ningún experto caminando sobre superficies irregulares y congeladas en mitad de un vendaval, no obstante, sus consejos podían servir de ayuda, sobretodo después de ver cómo el niño se las ingeniaba para seguir allí aferrado a la roca. Johan aprovechó un recoveco entre las rocas donde el grupo podía recuperar el aliento, y continuó —Evitad moveos por la superficie de las rocas, ahí es donde más duro golpea el viento. La nieve cae sobre la roca y el gélido viento la convierte en una resbaladiza capa de hielo. En su lugar debemos buscar el camino más bajo y cercano al piso, el viento que recorre esos pasillos ya ha sido frenado y sólo es una ligera frisa. Iremos más protegidos entre las rocas que sobre ellas.

El peso que cargaban a la espalda ya no resultaba un impedimento más del que hacerse cargo. Ahora el morral de provisiones era un valioso aliado que les proveía de una mejor consistencia frente al viento, haciéndoles menos vulnerables al mismo. Johan por su parte hacía uso de su espada, la cual usaba a modo de bastón. Su extremo acabado en punta resultaba idóneo para clavar allá donde la nieve, y en ocasiones el hielo, complicaba el ascenso.

Mantengámonos juntos— Dijo como última aportación —El viento podrá derribar a uno, pero no a tres.

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Cordelia Berbedel

Re: La tierra de la desolación

Mensajepor Cordelia Berbedel » 04 Abr 2017, 14:49

No fue sorpresa para la hechicera el contemplar la timidez del muchacho, así como sus dudas, habían puesto sobre sus hombros una gran responsabilidad, la de tomar una elección en la que les podía ir la vida, y ninguno de los argumentos expuestos era necio. El chiquillo empezó a deliberar indeciso entre ambas opciones.
El jovencito se dió la vuelta, mientras la muchacha escrutaba su espalda con curiosidad, y cuando volvió a encarar a sus compañeros, ya tenía una respuesta. Aunque la maga no había visto la moneda, imaginaba que alguna clase de triquiñuela, cabala o similar había ayudado al infante a tomar la decisión, y que por vergüenza o timidez había preferido no mostrarlo abiertamente.

Cordelia se puso en pie cuando la decisión fue tomada, se acomodó el petate en la espalda, el cuerpo entre las capas que lograban mantenerla caliente, y subió bien la bufanda que la cubría hasta el puente de la nariz. Luego empezó a caminar atrás del grupo, atenta a su espalda de vez en cuando, poco confiada de aquel paraje que era el reino de los manchados, y no el de los hombres.
Cuando la formación rocosa empezó a pasar bajo sus pies, se ajustó la capucha y se agachó, sus manos enguantadas usaron cada saliente que encontraba para ayudarse, incluso cuando el viento no era tan fuerte como para requerirlo, con tal de usar un menor esfuerzo y reservar sus energías tanto como pudiera.

El primer viento huracanado le llegó con menos fuerza que al resto, pues el niño y el anciano se llevaron la peor parte, y le hacían de rompe vientos. Aún así, no la empujó poco, y siguió las advertencias del anciano al pie de la letra, agazapándose aun mas, y ajustándose la capucha sobre su rostro.
Su vista agradecía que la luz se reflejara en roca oscura ne vez de sobre el blanco manto de la nieve, pues le dolía menos y le permitía otear el entorno con mas precisión y sin tanta dificultad.

El aire, cuando golpeaba con fuerza, no permitía siquiera absorberlo para respirar, por ello, cuando las fuertes ráfagas azotaban su rostro, la muchacha ladeaba el mismo para no perder el aliento, y que el esfuerzo que requería el accidentado terreno no fuera mas del que podía permitirse.
-Girad el rostro cuando el viento venga mas fuerte, si no os cansareis mas.-Advirtió la muchacha a sus compañeros.-¿Como vais?¿Se ve algo desde delante?:-Preguntó curiosa, y algo impaciente, pues aunque solía ser calmada, ya llevaban varios soles esperando encontrar su destino.


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Demris

Re: La tierra de la desolación

Mensajepor Demris » 05 Abr 2017, 00:43

Demris se sintió mejor al saber que los otros le seguían. Por algún motivo aquellos adultos no parecían mirarlo como un simple crío, ni tampoco parecían estar sólo aprovechándose de su magia. Se sentía bien ser considerado y valorado, incluso cuando fuese luego de lanzar una moneda para decidir una estrategia a seguir.

Pero la sensación no duró demasiado, los problemas con el viento seguían y caminar se hacía difícil. Para colmo, el camino se hacía cada vez más alto y la caída comenzaba a parecer peligrosa si se llegaba a dar un paso en falso. Demris sentía un repentino miedo crecer en su interior, un miedo que era mayor al de enfrentarse a Manchados, por el simple hecho de que no podía usar aquí sus poderes, no había nada en su magia que le permitiera impedir una caída libre.

En más de una ocasión tuvo que volver a aferrarse a la roca, mecido por un viento implacable o tras pisar el resbaladizo hielo, hasta que el avance se hizo tan complejo que estuvo a punto de rendirse. No se trataba sólo de lo difícil, sino del conjunto completo, cansancio, viento frío, peligro... hasta que lo vio.

A pesar de no ser más que una villa destruída hace tantos años, había algo de elegancia en su arquitectura. Los restos del arco que alguna vez sirvió de entrada dejaban ver que había tenido motivos delicados, probablemente runas mágicas, como contaban en Kalorei. Las casas habían sido grandes, las había de hasta 3 pisos en los pueblos, según contaban, pero ninguna quedaba en pie. Un destello de orgullo cruzó por el rostro del chico, orgullo por un pueblo que no conoció, pero que le habían contado que formaba parte de su pasado, por una nación que no había pisado jamás, pero que era de donde provenía, un pueblo arrasado de donde venía su sangre.

La veo, la veo... la villa, las ruinas, digo, allí están —dijo apuntando.

Y entonces vio al primero.

Era un azor, una de esas aves de rapiña, bien adaptadas al frío y la caza furtiva, de bello plumaje. Le habían dicho que se podían encontrar en esa zona, cuando todavía había árboles y animales, antes de llegar tan al sur que la vida terminara y sólo diera espacio al hielo, en ese lugar que en las mejores etapas del año quedaba incluso libre del helado manto blanco. Siempre había querido ver uno de esos.

El ave planeó hasta dar un par de círculos sobre ellos, como sobrevolando. Demris había oído que hacían eso al pillar una presa, pero no había posibilidad de que ells fueran una. Por muy rapaz que fueran, sólo cazaban animales pequeños. Quizás había una rata cerca, pensó, pero el ave se lanzó... sobre él. Fue fácil desviarla con una mano, pudiendo ver en ese acto de qué se trataba el asunto. Algunas plumas faltaban, había heridas y, sobre todo, esos ojos llenos de sangre. Ni siquiera las aves se habían librado de la mancha.

Demris se preparó para acabar con la pobre criatura, pero no alcanzó a hacerlo, pues se distrajo por una sombra atravesando su rostro. Algo más sobrevolaba. Levantó la cabeza y vio otro azor... y otro... y otro más. ¿En qué momento habían llegado tantos?

Otra de las aves se lanzó en su contra y Demris lanzó un manotazo, desviándola, aunque el movimiento le hizo desbalancearse y por un instante casi termina cayendo. Alcanzó a aferrarse a una de las rocas, mas no por mucho tiempo.

Para el siguiente vuelo estaba más preparado, siguiendo con sus ojos al ave hasta tenerla cerca. En el momento preciso, descargó una leve descarga de energía psíquica con su mano, algo pequeño comparado a otros combates, pero suficiente para hacer que el ave terminara estrellándose muchos metros más abajo.

Aún quedaban muchas de ellas.


Bandada de Azores


Este desafío consiste en múltiples enemigos que actúan en conjunto, así que en vez de varios desafíos será uno solo.
Usar acciones que causen efectos secundarios que restringen acciones como paralizar o inmovilizar no causa dicho efecto en este desafío.
La hemorragia es removida tras reducir 1PD.
Otros efectos secundarios son simplemente ignorados.
Cada ronda se lanzarán 4 dados de 3 caras. Estos dados definirán quiénes sufren ataques de parte de los azores.
En cada dado, si sale:
1 = @Demris
2 = @Johan
3 = @Cordelia Berbedel
Si alguien sufre 2 ataques en una misma ronda, sufre una herida.
El personaje que sufra 4 ataques en total, entre todas las rondas, caerá al vacío. Si alguien cae al vacío no podrá tomar acciones por un turno (ese turno puede escalar para volver) y sufrirá una herida.

PD: 9/10


ID: 39091
4d4 => 2, 1, 3, 3 => 9


Nice, puedo editar sin alterar los resultados de la tirada de dados. En esta ronda Johan es atacado 2 veces y el resto una. Eso quiere decir que Johan recibe una herida.


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Última edición por Demris el 05 Abr 2017, 01:00, editado 3 veces en total.

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Johan

Re: La tierra de la desolación

Mensajepor Johan » 05 Abr 2017, 16:06

El escarpado itinerario había resultado ser lento y peligroso, a pesar de la ausencia de enemigos, pues éstos eran incapaces de desplazarse por aquél irregular terreno rocoso. Ya casi habían sorteado todos los obstáculos cuando, en la lejanía de un cielo gris, pudo verse el perfil de una ciudad muerta.

Demris se detuvo para contemplar con atención la arquitectura de sus antepasados, aquellos de los que tanto había oído hablar y de los que hoy día sólo quedaban en forma de inquilinos en aquella isla fría e inerte. Los restos de su legado, de su cultura y de su clan se encontraban allí, invadidos y transgredidos por aquella horda de demonios, que tanto mal habían traído no sólo a los suyos, sino a la totalidad de la humanidad. Ahora sólo se alzaban rocas ennegrecidas y pilares sin ya nada que soportar. Unas ruinas de las que ya nada quedaba y, a pesar de ello, aún irradiaban la belleza de un pasado olvidado.

Villa Varixia— Nombró el anciano. Sabían que era aquél lugar por el tiempo y la dirección en la que habían andado, pero nada en aquellas ruinas les revelaba su identidad. Tendrían que acercarse para confirmarlo.

Johan hubiese apremiado al chico para que reanudase la marcha, pero la atención del pequeño ya no estaba en las ruinas, sino encima de sus cabezas.

¿Qué ocurre, chico?— Apenas formuló la pregunta una de las aves se lanzó en picado hacia ellos, seguidas por varias más de ellas —¡Cuidado!

Uno de los azores manchados fue directo hacia el chico. El anciano pensó que lo habían elegido a él por ser la presa más asequible, sin embargo los azores consecutivos se abalanzaron contra Cordelia y contra él. Al parecer no habían seleccionado una presa concreta, los tres eran la presa. El viejo se extrañó de tan violento y aleatorio comportamiento, aunque no por mucho tiempo. Cuando una de las rapaces se acercó lo suficiente pudo comprobar su verdadera naturaleza; Eran manchados, cómo no. Eso explicaba que les viesen únicamente como comida y que no guardasen orden alguno ni estrategia de ataque.

El anciano intentó cubrirse de los picotazos que, aunque no le causaron heridas importantes, fueron varios y dolorosos. Al ver que el ataque no cesaba, supo que debían defenderse o acabarían siendo pasto de aquellos buitres del infierno. Johan usó su espada envainada para espantar a las aves, pero aquello no resultó en absoluto.

Fue entonces cuando, desesperado por la cantidad de los ataques, y al ver que sus compañeros estaban en su misma situación o peor, que no tuvo más salida que desenvainar su arma. Había tantas rapaces a su alrededor que el primer arco descrito por la hoja de acero se llevó a uno de los azores, dejando en su lugar un graznido desesperado que puso en preaviso al resto de la bandada. El cuerpo de la rapaz cayó sobre la superficie inclinada de una de las rocas, que rápidamente se deslizó por el hielo y el viento hasta quedar incrustado en la nieve.

El anciano, a pesar del éxito inicial, no cesó a la hora de agitar su espada como si de un palo se tratase. Sólo de aquella manera podía evitar que las aves le acosasen. El número de enemigos era tal, que otra de las aves erró en su vuelo, cruzándose estrepitosamente contra la espada del viejo, en lo que resultó una nube de plumas y sangre que salpicó a todos.

¡No os separéis!— Gritó el anciano —¡Mantened la formación!

¿Qué formación? Pensó Johan, que se había dejado llevar por el frenesí de la situación, semejante a eventos de su pasado. Zarandeó la cabeza para despejarse; No estaba en el ejército, ni tan siquiera con soldados que pudiesen entender aquellas órdenes.

Miró a su alrededor para comprobar el estado de sus compañeros. El niño no había dudado en hacer uso de su magia para defenderse, sin embargo Cordelia parecía estar en apuros, pues los azores se estaban cebando con ella.

Uso la carga de mi espada, provocando 1 PD adicional.


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Cordelia Berbedel

Re: La tierra de la desolación

Mensajepor Cordelia Berbedel » 06 Abr 2017, 11:06

Unos ánimos renovados sacudieron la pequeña anatomía de la hechicera, oculta bajo pilones y pilones de abrigo que le daban un volumen irreal a su cuerpo, pero que a su vez, hacían que aquel frío no fuera extremo, y solo helara sus mejillas y sus pestañas.
Las ruinas, por fin llegarían a ellas. Cordelia quería echar a correr, si hubiera sido una niña, quizás lo habría hecho, habría bajado saltando entre las rocas, corriendo el riesgo de abrirse el cráneo contra ellas, y se habría abalanzado en los callejones desiertos y nevados, dispuesta a explorar cada salón, cada casa y comercio que el tiempo hubiera tenido en gracia mantener en pie, o que el hielo hubiera sido tan clemente como para hacer perdurar sobre la tundra.

La joven había empezado a avanzar con mas brío, y a intentar ver desde atrás de sus compañeros con un empeño tal que ni se percató de las aves cazadoras que se cernían sobre ellos, o del primer descenso intentando atacarlos. Fue un garrazo en e rostro que le echó atrás la capucha y le araño todo el pómulo lo que la puso sobre alerta.
Un chillido sorprendido escapo de la garganta de la bruja, mientras el viento la azotaba con violencia haciéndola trastabillar, y el viento arremolinaba su melena negra,a hora libre, por delante de su rostro, complicándole la vista.

Cordelia se giró hacia la bandada sorprendida, no porque aquellos pájaros los atacaran, se imaginaba que cualquier ser más allá del muro era un manchado, si no por el hecho de no haberse percatado antes de su presencia, y se riñó mentalmente mientras intentaba cubrirse con los brazos de las furiosas aves.
La fuerza de las mismas era inmensa, nada sorprendente para un bicho de ese tamaño, que se abalanzaba en picado y con el empuje del viento. Cordelia no tardó en perder el equilibrio por uno de sus envites y clavarse por la caída una piedra filosa en el antebrazo que había usado para amortiguar la caída.

Una sensación cálida y húmeda le indicó que su antebrazo estaba sangrando, y por el dolor palpitante del mismo, la herida no era moco de pavo, sin embargo, poco podía hacer ahora, mientras las aves atacaban, para tratar su brazo lacerado, y al atravesar el muro ya había asumido que no volvería por esa puerta sin unas cuantas cicatrices sobre su cuerpo.

La hechicera no tuvo tiempo de conjurar cuando otra ave se le tiró encima, sin embargo, atenta, no le paso desapercibido su vuelo, y con la mano ya lista, cuando las garras se cernieron sobre la gruesa piel de oso, jaló al pajarraco por el cuello y lo estampó con fuerza como la rata, hasta escuchar el crack inconfundible de un hueso romperse, y ver el cuello del bicho colgando y suelto. Arrojó esa ave a las otra cual proyectil, pero no llegó muy lejos, y sus homologas la esquivaron como si nada.
Aprovechando ese breve hueco, Cordelia empezó a rejuntar su magia. De soslayo controló a sus compañeros, que parecían estar lidiando con los inconvenientes mucho mejor que ella. El anciano con la espada en ristre parecía ser el mas experto, no lejos de cierta locura. La muchacha se preguntó su estaba aun en el presente, al escuchar las proclamas del viejo, pero aquel no era el mejor momento de preguntar, y no valía de nada cuestionar la estabilidad mental de sus compañeros ahora que se hallaba con ellos en aquel paraje inhóspito.

  • perceptivo
  • Acción
  • calmado,corrupcion,astuto
  • Mano
  • fragil
  • Heridas

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Demris

Re: La tierra de la desolación

Mensajepor Demris » 08 Abr 2017, 23:01

Demris sacudió las brazos para intentar espantar a las aves endemoniadas, pero no parecía dar mucho resultado. Esas cosas eran como todos los Manchados, siempre buscando destruir a toda costa, por tanto no conocían el miedo ni la prudencia. Sintió un arañazo, pero para su suerte sólo rompió un poco de ropa y apenas tocó piel, mientras que un par de picotazos le dolieron, pero no fueron suficientes para causar hemorragia.

Mantenerse en combate, sin embargo, sólo iba a lograr que esos golpes pequeños se multiplicaran y terminaran juntando heridas, además de aún estar presente el inminente peligro de una caída al vacío con la posibilidad de romperse la cabeza contra las rocas.

Largo, largo de aquí jodidos pájaros —exclamó molesto.

Y la molestia, en un mago psíquico, no es algo meramente pasajero. La molestia alimentó la energía de Demris y en sus manos se volvieron a formar rayos mágicos, dañinas descargas que lanzó a los pájaros, alcanzado no sólo a uno, sino de paso cortando el ala a un segundo y hasta arrancando la cabeza a un tercero.

El acto de usar la magia más el ataque de los pájaros le hizo tambalear y en un momento su pie resbaló, casi cayendo al vacío, aunque alcanzando a último momento de aferrarse a la roca. Debía tener más cuidado si no quería acabar estampado contra el suelo.

Se puso de pie nuevamente, pero ahora tratando de mantener una postura baja, con las rodillas flectadas como había dicho el viejo. Tenía sentido, así al menos daba la impresión de que el viento tendría menos donde golpear y sus piernas se sentían más sólidas. Una nueva ráfaga de viento casi le derriba, pero no fue suficiente, el trucos de la postura baja parecía dar algo de resultados.

Cordelia parecía haber sido dañada, aunque no era momento de preocuparse por ello. En cambio, lo más lógico parecía ser intentar salir del área peligrosa, llegar a un espacio en donde no estuvieran tan apretados y con riesgo de caer, donde la amenaza de unas aves no pasara de ser anecdótica y donde pudieran despacharlas sin complicaciones.

Bajó la cabeza e intentó trotar sobre la roca, avanzando para intentar llegar al borde.

Una de las aves se cruzó y se estrelló contra una de sus piernas, aparentemente no buscando herir, sino desestabilizar. Demris trastabilló, mas no cayó. Era claro que esas cosas no iban a dejarle simplemente huir del lugar, iban a tener que acabar con su patética existencia si querían salir con vida y llegar a esas ruinas que tantos secretos podían tener.

Bandada de Azores


Este desafío consiste en múltiples enemigos que actúan en conjunto, así que en vez de varios desafíos será uno solo.
Usar acciones que causen efectos secundarios que restringen acciones como paralizar o inmovilizar no causa dicho efecto en este desafío.
La hemorragia es removida tras reducir 1PD.
Otros efectos secundarios son simplemente ignorados.
Cada ronda se lanzarán 4 dados de 3 caras. Estos dados definirán quiénes sufren ataques de parte de los azores.
En cada dado, si sale:
1 = @Demris
2 = @Johan
3 = @Cordelia Berbedel
Si alguien sufre 2 ataques en una misma ronda, sufre una herida.
El personaje que sufra 4 ataques en total, entre todas las rondas, caerá al vacío. Si alguien cae al vacío no podrá tomar acciones por un turno (ese turno puede escalar para volver) y sufrirá una herida.

PD: 4/10


Demris ha golpeado quitando 2, por el efecto de su carta del turno pasado.

Nuevamente lanzaré dados, donde se definirá quiénes son golpeados en esta ronda, siguiendo las mismas directrices.


ID: 10065
4d3 => 3, 1, 1, 2 => 7


  • psionismo
  • Acción
  • pistolamejorada,aquemarropas,restauracion,aliviopsiquico
  • Mano
  • ninguna
  • Heridas

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