La Pluma y la Espada

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Johan

Re: La Pluma y la Espada

Mensajepor Johan » 25 Mar 2017, 18:06

Ah— Exclamó el viejo al escuchar la aclaración de la joven. Le preguntaba acerca de sus gustos o preferencias pues, al parecer, aprender a través de ellos resultaba más sencillo. Johan se acarició la barba pensativo —En ese caso, supongo que me decanto por los documentos legales— Dijo, sin tener demasiada idea del resto de tipología escrita. A decir verdad, era lo único que conocía; Mensajería, decretos reales, indultos, partidas de nacimiento o certificados de defunción, arrendamiento de tierras, escrituras de propiedades y todo tipo de documento de ámbito legal —¿Es buena elección?— Preguntó sin estar seguro. Seguramente para Cordelia, que era una avezada lectora, aquél tipo de narrativa le resultase aburrido e incluso asqueante... Sin embargo, para el viejo era de lo más interesante y útil.

Su preferencia por aquél tipo de escritos venía inducida por su propia experiencia personal. Numerosas fueron las ocasiones en las que vio pasar ante sus ojos todo tipo de documentos de palacio, todos ellos encriptados en aquél tipo de comunicación que él desconocía. Aquella carencia se quedó dentro de él en forma de espina, clavada en lo más hondo de su ser, a la espera de que algún día pudiese ser extraída.

Quizá existiesen otras opciones con las que aprender a leer y escribir. Opciones tales como la literatura, los manuales de oficios o los facsímiles de herbología o alquimia. Pero claro, no sólo eran campos inusitados para aquél viejo iletrado, sino que además desconocía en su totalidad la existencia de tales escritos.

Luego Johan la escuchó hablar sobre su experiencia en el ámbito de las armas. Si ella supiese de lo que podía llegarse a lograr con un cuchillo en las manos adecuadas...

No menosprecies un simple cuchillo por su tamaño— La previno —Para derrotar a un hombre no es preciso ocasionarle grandes heridas, basta con pinchar en los lugares adecuados— Le dijo, mientras llevaba su mano a puntos vitales del cuello, axila y vientre —Un pequeño corte ahí y el sangrado es tan abundante que la muerte es inevitable.

La joven no sabía con exactitud qué era lo que quería, pero sí sabía qué no quería. Tenía lógica. Armas contundentes o excesivamente pesadas quedaban descartadas. Ese tipo de armas no estaban hechas para su delgado brazo y, aunque con el tiempo hubiese conseguido adaptar su estilo de lucha a cualquier tipo de herramienta, el factor peso y entrenamiento hubiesen supuesto un impedimento que, en la práctica, se traducía en una gran cantidad de tiempo que invertir. Tiempo muy útil y necesario, tanto para la muchacha como para el anciano.

Además, el hecho de que quisiese tener una mano libre para hacer uso de su don era una condición indispensable que Johan entendió rápidamente. Si él tuviese un don parecido no querría prescindir de él, pues igual de efectivo era un corte en la yugular que un beso envenenado. Sin duda el estilo de lucha que aprendiese tendría que ir en sintonía con la proximidad letal de su magia.

Entendido, nada de armas contundentes... y nada de armas de dos manos...— Repitió pensativo. A decir verdad aquellas dos limitaciones eliminaban una amplia gama de armas, pues la mayoría de lanzas, alabardas, picas, bastones, arcos y ballestas requerían del uso de ambas manos —Eso nos deja básicamente en armas ligeras, como espadas y dagas. Que por otro lado no es poco, pues te sorprendería la amplia variedad de tipos y clases que hay. Una espada te ofrece una ventaja tanto ofensiva como defensiva jamás igualable por una daga en combate pleno. Sin embargo las dagas ofrecen un complemento letal si se combinan con el sigilo. Además, éstas últimas pueden ser lanzadas. En combate tienen una desventaja que podría llegar a suplirse con entrenamiento, pero frente a varios adversarios supone una desventaja real.

El anciano dejó un momento para que la chica asimilase la información, para luego continuar.

Aunque no nos precipitemos, para esa elección aún queda— Dijo intentando no vender la piel del oso antes de cazarlo —Cuando visitemos un armero y tengas ocasión de empuñarlas, de blandirlas, de hacerte con su peso y equilibrio... sólo entonces podrás tomar una decisión.

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Cordelia Berbedel

Re: La Pluma y la Espada

Mensajepor Cordelia Berbedel » 26 Mar 2017, 06:05

Las pobladas cejas de la hechicera se alzaron ligeramente ante aquella revelación. Documentos legales, nunca se había planteado aquello como un tema de lectura, aunque había ahondado en los mas diversos, desde compendios sobre artes y ciencias, hasta los cuentos mas extraños que pudiera conseguir el la biblioteca de su maestro, e incluso había observado documentos y cuentas de negocios y similares.
-Hay un pequeño problema con los documentos legales, y es obtener los mismos. Es decir, conseguir títulos de propiedad, arriendo o permisos de venta de mercaderes supondría tener que solicitar los mismos a sus dueños o posee estos, no es algo a lo que tengamos fácil acceso, ni sobre lo que pueda escribir para que practiques sin un original que duplicar.-Expuso la muchacha, el primer de los puntos que le hacían ver aquello como una pésima elección, de los cuales ninguno pasaba por el gusto particular, algo que había quedado fuera de la ecuación en el momento que dicha actividad no respondía a sus inquietudes si no a las de Johan.-Por otro lado, el lenguaje que se usa en esos documentos esta lejos de las palabras mundanas, lo que puede complicar tu practica. Textos con conceptos mas sencillos y mundanos te ayudarán a establecer una relación directa entre la palabra escrita y su expresión en el mundo.-Prosiguió la joven.

Cordelia se tomo un par de segundos antes de ilustrar su ejemplo, los cuales aprovechó para dar una buena cuenta del aguamiel, que mantenía su rostro sonrosado.
-Por ejemplo, si aprendes la palabra mesa, simplemente de ver una o interactuar con ella puedes evocar su forma escrita, si te acostumbras a ejercitar de ese modo las letras, a escribir en tu mente los objetos que veas aprenderás mas rápido y todo el tiempo. En cambio, los documentos legales tienen conceptos abstractos.-La muchacha se calló un instante, y la duda se reflejó en su rostro, como si no estuviera segura de que la conversación estuviera tomando un cáliz que pudiera seguir el anciano.- Es mas sencillo toparse con una manzana, un camino o un bosque que con una pretensión de legitimidad.-Por lo menos Johan parecía mas avispado que la mayoría de comensales que habitaban el concurrido salón, de los cuales, la joven estaba segura, la mitad de ellos no eran capaces de elucubrar más allá de aquello que podían ver y tocar.

La mirada ambarina de la joven se desvió entonces un instante hasta el plato casi vacío que habían preparado para Demris, y que ahora quedaba a disposición de ellos. Alargo su mano y se hizo para si con un buen pedazo de cebolla con miel, cuidando que la misma no rebalsara tanto la pieza como para que, al resbalar el liquido por sus dedos, no llegara a gotear sobre la mesa en demasía, ni a ensuciarse a si misma al comer.
-Por otro lado, un modo ameno de practicar es conversar en lenguaje escrito, y, aunque podríamos tomar esa temática al hacerlo, me temo que no entra dentro de mis competencias, y apenas si conozco vagamente el funcionamiento de algunos documentos de esa naturaleza.-Cordelia se silenció una vez mas, en esta ocasión para lamer la miel que había quedado en sus dedos, y aquella mezcla de su sabor dulce con el caldo de las verduras que barnizaba.-No se preocupe, de cualquier modo pensaré en algo, seguro que para la vuelta de nuestro encargo alguna que otra idea ha acudido a nuestras mentes.-Aseveró con jovial parsimonia.

Cuando la conversación discurría sobre el acero, la hechicera era una atenta alumna, dispuesto a absorber cada palabra que llegara a sus oídos, como si estuviera rebosante de una sabiduría mas preciada que el propio oro. Por suerte Cordelia, en pro de su instrucción en otros campos, tenía sus nociones sobre el cuerpo humano, y aunque no conociera el modo mas eficaz de hincar el acero en cada uno de aquel millar de puntos frágiles que escondía el cuerpo humano, por lo menos se sentía bastante segura de poder encontrar un numero decente de los mismos.
-Lo del sigilo ya sería un aprendizaje a parte.-Rió la muchacha, quien solo se valía de las sombras en la noche, cuando cualquiera podría hacerlo, y pese que había cierta regularidad en su recurrencia, no era uno de sus fuertes. Ella tendía a esgrimir la palabra del mismo modo en el que hacía uso de su magia para liberarse de las piedras en el camino.

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Johan

Re: La Pluma y la Espada

Mensajepor Johan » 29 Mar 2017, 18:02

Al parecer había un problema con los "Documentos Legales". Johan, en su ignorancia, había apuntado demasiado alto a la hora de fijar un objetivo de aprendizaje. Lo que él pensaba sería un tema fácil para empezar, a la vez que útil, era en realidad la cumbre de las artes escritas. Y no era para menos, pues aquél tipo de documentos eran empleados en importantes acciones burocráticas de la corte, y generalmente quienes lo hacían tenían experiencia en su uso, así como estudios especializados en legislación, economía y demás campos relevantes de la cultura. El viejo había comprendido su error, había sido demasiado ambicioso. Si quería alcanzar aquella cima debería empezar primero a caminar las faldas de la montaña. Una vez tuviese práctica y experiencia en textos más sencillos, podría comenzar con otros más difíciles. Al fin y al cabo aquella era una norma universal para todo tipo de enseñanzas; De fácil a complejo, siempre así.

Está bien— Aceptó la negativa de su compañera. El anciano sonrió al observar en ella la forma que tenía de explicarle que aquello no era buena opción, era evidente que no quería desanimarlo —Lo entiendo, primero andar, después correr— Simplificó, haciendo ver que había entendido aquello.

Agarró su jarra de aguamiel y la observó detenimiento, ¿Cómo había bajado tanto? Lo bueno siempre acontecía con presteza. Se la llevó a la boca para rematarla mientras pensaba rápidamente qué tema de los nombrados por Cordelia podría convenirle más. Todo lo relacionado con magia, herbología y demás materias letradas le sonaban demasiado complicadas. La única opción de todas que le pareció factible fue la de los cuentos.

Los únicos cuentos que conocía Johan provenían de transmisión oral. Su madre solía contarle cuentos cuando era niño, pero de aquello hacía tanto tiempo que apenas recordaba ninguno. Los trovadores en las tabernas también solían cantar historias, unas veces verídicas, otras veces con toques de humor, o completamente fantásticas, pero casi siempre que las contaban iba lo suficientemente borracho como para prestarles la atención necesaria. De cualquier modo, un cuento solía ser algo sencillo, de fácil acceso para los niños, por lo que el lenguaje empleado en él debía ser fácil. Quizá fuese la mejor forma de aprender a leer y a escribir.

Me decanto por cuentos y leyendas— Dijo, esperando que aquella nueva opción sí tuviese el visto bueno de la chica.

El anciano posó su jarra ya vacía sobre la mesa. Los platos de comida hacía un rato que estaban limpios y la luz vespertina que entraba por la ventana era ya tenue.

Bien, jovencita— Dijo poniéndose en pie con la torpeza que le proveían una buena cena y la edad —Es tarde, este pobre viejo está cansado y mañana debemos madrugar— Se excusó —Creo que por hoy ya he trotado suficiente. Si ves a nuestro pequeño amigo dile que la habitación es la última de la izquierda, junto a las escaleras del palomar. Apura tu jarra pronto y no le des demasiadas vueltas a al tema del arma, eso es algo que vendrá solo. El arma te elegirá a ti.

Y con una sonrisa amable se despidió de la chica para emprender escaleras arriba hasta la habitación.

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Cordelia Berbedel

Re: La Pluma y la Espada

Mensajepor Cordelia Berbedel » 30 Mar 2017, 08:49

Joahn parecía tener una mente despierta, incluso para alguien de su edad dedicado a la espada, como la hechicera intuía que era. lejos estaba de suponer sobre su pasado en la corte, ni mucho menos su puesto en ella, o el renombre que, en tiempos mas dorados, había poseído aquel anciano con quien ahora compartía la cena y aquella amena conversación sobre como elevarse respectivamente en artes que desconocían.
-Exactamente.-Le dio la razón la muchacha, bebiendo nuevamente de su jarra casi vacía, mas porque la tenía entre las manos, y por gusto a su sabor amielado, que porque tuviese realmente sed.

-Cuando todo termine transcribiré algunas leyendas para que podamos empezar.-Se comprometió la muchacha, ante esa nueva elección mucho mas factible. Ahora solo le quedaba recordad de entre todos los cuentos y fabulas que conocía y que había leído alguna vez, que no eran pocas ni de lejos, y ver de entre todas ellas cuales creía que podían suscitar el interés del anciano y su curiosidad lo bastante como para generar un incentivo a leer.

El anciano se levantó mas prudente que ella, recordandole con ello que necesitaban reposo, no era sencilla la tarea que les auguraba el futuro, y necesitaría todas las capacidades posibles. Además, las contusiones de su cuerpo ya dolían lo suficiente como para no permitir a su cuerpo el menor descanso para sanarlas.
Cordelia se levantó a su vez, dispuesta a ir a buscar al mocoso para avisarle de su habitación.
-Descansa Johan.-Se despidió educadamente antes de que el anciano abandonara del todo la mesa.

Cordelia buscó al pequeño para informarle de su habitación y seguidamente desapareció tras las escaleras, buscando un perecido reposo.

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Johan

Re: La Pluma y la Espada

Mensajepor Johan » 07 Abr 2017, 19:17

Johan subió las escaleras con calma, pero sin pausa. Estaba cansado de caminar durante casi todo el día y tumbarse sobre un lugar blando y cálido le vendría bien. Los tablones de madera del suelo crujían a su paso, a pesar de sus intentos por ser sigiloso. A su alrededor había más habitaciones y la mayoría estaban ya ocupadas por viajeros de toda índole. Molestarles era la menor de sus intenciones.

Cuando estuvo a punto de llegar a la habitación asignada a los tres compañeros, una mujer joven, en edad de estar casada y con hijos, salió por la puerta con un bulto de sábanas en sus brazos. Su aspecto era saludable de más. Podía comprobarse por el tamaño de sus caderas y busto, que no dudaba en contornear con cierta gracia. Por desgracia su cara no era tan agraciada. Ninguna de las hijas de Joe lo eran, quizá por ello ninguna estaba casada aún. Johan sonrió de forma cortés a la muchacha, que se dirigió a él con especial dedicación y amabilidad.

Señor— Le saludó con una voz aguda —La habitación está lista, pueden ocuparla cuando deseen.

Johan asintió como muestra de agradecimiento.

Por cierto— Dijo antes de seguir su camino —Si la chimenea humea hacia dentro, con abrir un pulgar la rendija de la ventana se solucionará el problema. A veces los vientos del sur son traicioneros.

Está bien saberlo— Respondió el anciano, sin borrar la sonrisa de su rostro —Gracias.

La mujer hizo un lazo con las sábanas y siguió su camino mientras Johan se adentraba en la habitación. El viejo resopló cuando por fin la mujer se hubo ido. No sabía qué le resultaba más incómodo, si mirarla a la cara mientras hablaba con ella, o saber que ofenderla podía despertar la ira de Joe, y eso supondría ser corneados de la posada. Esperaba que Cordelia o Demris no cometiesen el error de ofender a ninguna de sus hijas.

El interior de la habitación era cálido y acogedor. Había cuatro camas y bajo tres de ellas había braseros aún incandescentes que daban un intenso calor al lecho. Aquello era un lujo que no todos los días veía. El anciano se acomodó en la cama más lejana de la puerta y se cerró los ojos, recapitulando los hechos acontecidos en aquél último día y reorganizando el día que estaba por venir. Sin duda les esperaba un duro camino más allá del Muro.

No obstante, aquella noche había logrado algo más valioso que el oro o la gloria. Había conseguido un trato con el que podría aprender a leer y escribir, algo con lo que llevaba soñando más tiempo del que le hubiese gustado. Pero claro, ¿Quién demonios iba a molestarse en enseñar a leer a un anciano de clase baja? Al parecer sí había alguien. A veces el destino permitía que ciertas personas crucen sus caminos, y de esos encontronazos solían surgir oportunidades extraordinarias.

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Cordelia Berbedel

Re: La Pluma y la Espada

Mensajepor Cordelia Berbedel » 08 Abr 2017, 22:54

Ir a buscar al pequeño no había sido tarea fácil, más que nada porque los parroquianos del concurrido hostal, gracias a su estratégica posición en la interjección de caminos, habían ido animándose a lo largo de la cena con sendas rondas de cerveza, o vino y aguamiel aquellos de más portento, y para cuando el anciano había abandonado la mesa, y la joven hechicera empezado su búsqueda, aquello era una marabunta de hombres borrachos, mal coordinados y apelotonados, con los ánimos enardecidos por las apuestas, las canciones y los vapores del alcohol.

Solo cuando la pesada puerta de la habitación se cerró tras de ella, la joven pudo respirar tranquila, lejos de la cacofonía de olores de la clientela del lugar, así como de sus acalorados ánimos, y alguna que otra mano demasiado larga que la había tentado a usar su magia en medio del local, a riesgo de que la lincharan por ello, y expulsaran del mismo a sus dos recién adquiridos compañeros.

La maga permaneció en silencio unos largos segundos, quizás incluso minutos, con la espalda pegada a la puerta, y respirando profundamente para terminar de calmarse después de aquella odisea. No acostumbraba a quedarse tan tarde a los salones, y por lo general cenaba en la propia habitación para evitar tanto como le era posible las compañías indeseadas de la mayoría de los comunes.
En el silencio, y cuando su mente se hubo apaciguado, buscó asegurarse de que la respiración del anciano fuera aquella pausada y serena fruto de los sueños, y solo entonces, con el mayor de los cuidados, se dirigió hacia uno de los camastros, procurando no despertar a nadie.

Con meticuloso cuidado dejó sus cosas al lado del camastro, su morral con las pertenencias, y los suministros contados. Las bolsitas que pendían del cinto colgante que cruzaba su cadera, sin zafarlas del mismo, para poder vestirse rápido, y finalmente la bufanda y la gruesa capa de abrigo, que dejaron al descubierto una figura de sílfide, frágil y delicada, de un blanco translucido cual pergamino. Los ropajes negros la hacían parecer aún más delgada, mas enferma, y la dotaban de cierta languidez que sus gestos parsimoniosos no ayudaban a disipar.

Una vez más, los ojos ambarinos de la muchacha recorrieron la habitación hacia el resto de camastros, y sentada sobre el borde del propio, la joven se revolvió algo incomoda. Eran un niño y un anciano, y aun así era la primera vez que compartía alcoba con hombres, y de alguna forma aquello la incomodaba. Como una espada de Damocles, la moral y los mandatos de la restrictiva sociedad de la cual formaba parte, se cernía sobre ella con la amenaza de perturbar su descanso, aquel tan preciado por la trascendencia de la mañana que se avecinaba.

Cordelia sabía que no era prudente por su parte, aunque no tenía tanto riesgo como el resto de magos. Sin embargo, sus autoimpuestas purificaciones, le pesaban. Con duda observó sus manos desenguantadas, las abrió y las cerró, y con un suspiro silencioso, cerró los ojos.
Hilos verdes empezaron a arremolinarse alrededor de sus manos, solo eso, durante unos minutos la muchacha se deleitó con la ambrosía de hacer fluir la entropía alrededor de sus dedos, como si fueran pequeñas serpientes incorpóreas. Dejó que el cosquilleo de la magia recorriera su cuerpo, relajara sus músculos, y barriera de su mente toda angustia. Solo entonces las hizo desaparecer, y descalzándose, pero sin sacarse los vestidos, se metió entre las mantas y abandonó su mente a un profundo y reparador sueño.

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