[Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

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Johan

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Johan » 12 Mar 2017, 20:46

Tras conocer los nombres de sus compañeros, Johan se permitió el lujo de relajarse. Tenía para él a un muchacho y a una muchacha, que no llegarían a la veintena, frotando paños húmedos contra su piel, con la intención de limpiar la sangre y la suciedad. Aquello le tranquilizaba, salvo cuando presionaban sobre algún golpe y un punzante dolor le hacía fruncir el entrecejo, mas no emitía queja alguna. De vez en cuando tomaba un sorbo de vino. Estaba algo amargo y caliente, pero hacía tanto que no lo probaba que le supo a gloria. Al cabo de un rato ya tenía el estómago lleno, y comenzó a preguntarse cuándo los echarían de allí, pues aquellas comodidades no serían eternas.

Abrió un ojo para ver qué hacía la chica y el niño. Al parecer el pequeño confiaba más en su magia que en los ungüentos de los curanderos, y le iba bien, pues ya no presentaba quemaduras y su aspecto era bastante saludable, en comparación con el suyo. Luego giró la cabeza hacia el otro lado, cerciorándose de cómo la joven paliducha recibía atención en la herida de su pierna. La aguja cosiendo su piel no era del todo agradable, por lo que prefirió entornar de nuevo sus ojos, a la espera de que se detuviese el tiempo en aquél preciso instante.

Aquella paz no duró mucho. Se trataba de una mujer, de extraños ropajes y aún más extraños andares, que afirmaba haber sido ella la responsable de la liberación de la quimera. Johan apenas pudo creer lo que estaba oyendo, ¿Así sin más iba a resolverse el acertijo? No querría aquella mujer cerrar aquél asunto con una simple confesión, habría que asumir responsabilidades por tan irresponsable acto. El anciano tomó aire para exigir una explicación al respecto, pero Demris se le adelantó. Para decepción de ambos, la mujer les dejó con la palabra en la boca y desapareció de allí, tan repentina y misteriosamente como había venido.

Johan se frotó la cabeza pensativo. Aquello no era normal. Aquello estaba a un millón de leguas de ser normal. No había razón, ni explicación que le convenciese, ni sinceridad que la justificase. ¿Importante misión? Demonios, ¿Y qué había de sus vidas? ¿Acaso no importaban? El anciano masculló una queja ininteligible y se cruzó de brazos.

Aquí huele a perro muerto— Dijo para romper el silencio que la misteriosa mujer había dejado —No estoy conforme con las palabras que han salido de su boca. Por mi parte puede meterse su importante misión por donde le quepa, pero creo que merecemos una explicación a todo este asunto— Johan no estaba dispuesto a alistarse a «una importante misión», sus tiempos como mercenario hacía tiempo que habían acabado. Ahora solo quería vivir en paz, tranquilo y con la única preocupación de qué llevarse a la boca cada día. Su edad ya no le permitía aventuras ni heroicidades —¡No sé qué pasará por vuestra mente, pero no contéis conmigo para otra quimera!— Refunfuñó con un fingido enfado —Os acompañaré hasta la plaza si también queréis descubrir qué está ocurriendo, pero abrid bien los ojos, y no os dejéis embaucar por promesas teñidas de oro.

Esperó a ver qué opinaban los demás, aunque el veredicto del más pequeño ya lo suponía. Él sin duda querría más, y aquello preocupaba sobremanera a Johan, pues no estaba tranquilo desentendiéndose de aquél embrollo sabiendo que podían engañar al niño o, peor aún, acabar matándolo. La opinión de Cordelia sí que era un misterio, pues ella en sí era un misterio. Una chica tan hermosa —ahora que le había visto el rostro— como enigmática. Su postura en aquél tema podía ser determinante para controlar a Demris, aunque algo dentro de Johan ya sospechaba que aquella aventura iba a ser incontrolable.
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Cordelia Berbedel

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Cordelia Berbedel » 12 Mar 2017, 21:33

Un suspiro de alivio escapo de entre los labios de la muchacha cuando el hilo de sutura se cortó tras un nudo. El reparo inicial del sanador que le había tocado parecía haber desaparecido a medida en el que este la atendía sin notar en su cuerpo signos de alguna enfermedad virulenta como la que había aquejado a la quimera.

Aunque su sonrisa no se había ensanchado al escuchar las palabras del niño, si se reflejaba en sus ojos opalescentes cierta satisfacción con la respuesta. Un cañón pero de mano, la idea era extraña e innovadora, sin duda interesante aun y sabiendo que no se trataba de un artilugio mágico, si no de un ingenio que podía utilizar cualquiera de los comunes.
-Es la primera vez que veo una... pistola.-Pronunció el nombre algo despacio, como si buscara que ese vocablo quedara grabado en su mente.-¿Es un ingenio tuyo?

El doctor terminó de vendar el corte, y la muchacha escondió la mortecina extremidad tras las telas una vez más, de modo que solo su rostro, y una de sus delgadas manos fueran la única piel que quedaba al descubierto, a merced de los ojos extraños.

Cordelia bebió y comió moderadamente, lo justo que requería su cuerpo, y un poco de más para saciar la gula con aquellos manjares que normalmente solo tenía oportunidad de ver de lejos.
Su figura parecía relajada en aquel asiento, sus gestos lentos como si estuviera embargada de cierta pereza que tiñera sus gestos, y aun así, su mirad audaz espiaba a veces recta o de soslayo tanto a los nobles como a sus dos compañeros en la arena que tampoco le hacían asco alguno a aquellos efímeros lujos que se habían ganado.

La llegada de aquella figura androgina despertó cierta suspicacia en la hechicera, que afinó los labios y entornó los ojos, sin perderse una palabra de aquella mujer, ni de los otros dos contertulios que habían sido obsequiados con aquella extraña oferta.
-Soltando la quimera se asegura de encontrar personas capaces de enfrentarse a la misma.-Cordelia jugueteó entre los dedos con un ultimo pedazo de galleta antes de hacerla desaparecer entre sus labios.-En vez de tener que confiar en las lisonjas y cuentos exaltados de algún grupo de mercenarios.-Aunque no había tratado en exceso con esa gente, las personas mentían por naturaleza.-Quizás sea algo mas propio de una gesta que de un trabajo, la arena es un buen lugar para buscar personas sedientas de gloria.

Cordelia se limpió las manos con un pedazo de mantel, y se sacudió palmeándose ambas manos las migas restantes adheridas a la piel. Se colocó un guante y se subió la capucha, dejando que una tenue sombra cayera sobre sus ojos ensombreciendo sus rasgos, y dejando baja la bufanda de la cual no requería en ese momento.
-Probablemente se trate de algo mas complicado que una quimera.-Le respondió esta vez al anciano, con quien compartía sin reparo a ocultarlo, la impresión de que había algo en esa encomienda que tenía mal aspecto.

La maga se levantó, y dio un par de pasos, cojeando en menor medida que en la arena.-Ya que va a ser tan gentil de acompañarnos.-Giró el rostro hacia el anciano.-¿Le importaría?.-Alzó la mano en señal de pedirle el brazo para auxiliarse a caminar, sobre todo antes de enfrentarse a las escaleras.

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Demris

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Demris » 12 Mar 2017, 22:43

El dolor y el alivio tienen una relación extraña. El mundo parece más oscuro, todo parece más negativo cuando algo te duele, hasta la comida sabe peor, pero luego cuando el dolor se va viene el alivio y entonces te sientes mejor que antes, tus preocupaciones se van, tu cuerpo se relaja, descansa, todo parece más interesante... incluyendo desafíos misteriosos de gente para nada confiable para la cual todo sentido común diría que les mandes al Pozo.

¿Qué?, ¿esperaban algo distinto de un niño que quiere ser un héroe?

Demris se puso en camino y, dado que sus compañeros también lo hicieron, daba por hecho de que serían parte de su "equipo", lo cual traía consigo algunas consecuencias. A decir verdad, el chico ni siquiera había pensado en sanarles. Usar magia traía siempre un costo, uno que tendría que pagar tarde o temprano pasando por la tradición de la purificación, de modo que su don no era algo que compartiera con la gente... a menos que obtuviera un beneficio a cambio, claro.

Y ahora ese era el caso. Si el viejo y la chica iban a ser sus compañeros de batalla una vez más, era mejor que estuvieran en buenas condiciones.

El chico levantó su mano una vez más, dejando que toda la energía positiva que le acompañaba en ese instante le llenara. La presencia de un público alegre alimentaba con facilidad su magia y en pocos segundos su mano brillaba nuevamente con esa luz de un claro celeste, calmo y armónico.

Por supuesto, a veces Demris podía ser un poco... descuidado en cuanto a lo que lo correcto socialmente podía ser y le costaba ver a las personas como justamente eso, personas con derechos y sentimientos propios. La chica era ahora un elemento útil y como tal era lo más lógico de pensar que querría ser sanada.

Demris no tuvo reparo alguno en tocar la pierna de ella, transfiriendo con ello la energía sanadora. No esperó siquiera a que la magia terminara su efecto y se adelantó en caminar con premura hacia el punto de encuentro.

Allí estaba otra vez la mujer, ahora acompañada de lo que parecían ser dos guardias fortachones. Demris caminó hacia ella, quien se alejó un poco hasta sentarse en una banca. El chico fue hacia allí. Se hubiera sentado, pero de alguna manera los fortachones, sin decir nada, dejaron a entender con sus solas posturas que no le permitirían quedarse demasiado cerca, así que simplemente quedó allí de pie.

Y bien... ¿de qué se trata el asunto? —dijo lleno de curiosidad.

Hay algo que quiero, algo valioso para mí... una espada que posee cierta criatura, el problema es que esa criatura se encuentra más allá del Muro. Y no penséis que es un mero capricho. Bien sabéis que los Baor'an somos un pueblo guerrero, fieles a las tradiciones, aquí la moral es muchas veces más importante que hasta la comida. Se nota que no sois de estas tierras, pero dejadme contaros que aquí los niños nacen y crecen con el miedo de las batallas en el Muro, sin saber si sus padres volverán o no de la última excursión o si hoy será el día en que los demonios lograrán llegar a la ciudad... y ojo que no hablo de posibilidades, ya ha pasado, más de una vez. El general no está de acuerdo con enviar hombres tras una espada, además de que prefiero un grupo pequeño, pero capaz, que un batallón que llame la atención de medio ejército enemigo. Esa espada perteneció a un héroe de esta ciudad, es algo muy valioso que llenará el corazón de los hombres de valor.

Demris escuchó con cierta fascinación. Conseguir el arma de un héroe es el tipo de cosas que hace a uno un héroe. La parte de ayudar a los Baloran a subir su moral le importaba bien poco, pero era un arma de un héroe, como en las historias, como en los viejos cuentos.

No puede ser tan difícil, acepto.

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Johan

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Johan » 13 Mar 2017, 14:54

Johan pasó uno de los brazos de la chica por sus hombros para ayudarla a caminar. Aunque la sutura había resultado ser un trabajo limpio y meticuloso, pasaría un tiempo hasta que sanase por completo. Nada que un poco de reposo y cuidado no pudiera arreglar. O así habría sido, de no ser porque Demris, al ver que avanzaban muy lentos, decidió prestar su magia para sanar por completo a Cordelia.

Johan pensó hasta qué punto la curación del niño había sido un acto altruista, o totalmente interesado. Apenas lo conocía, y por ello era demasiado pronto como para forjar una idea pormenorizada de su pequeña persona, pero el anciano juraría que se trataba de un niño con ciertas carencias afectivas. Johan no era ningún experto, pero era viejo, y la edad otorgaba una clase de conocimiento que no se aprendía en los libros. El hecho de que el niño viajase solo, sin un grupo, ni siquiera alguien que tuviese un rol de maestro o tutor, le hacía pensar que seguramente hubiese tenido alguna mala experiencia con adultos en el pasado. La ausencia de padres, quizá muertos o, peor, que le hubiesen repudiado, reforzaban su teoría. Y como añadidura, no mostraba rasgos muy humanos. Curar a Cordelia no había sido su primer impulso, sino una decisión tomada a posteriori. ¿Qué clase de persona —más aún un niño— no siente empatía por el dolor ajeno? Aquello puso en alerta al anciano, quien observaría con lupa cada pequeño paso que diese a partir de ahora.

Cordelia, en cambio, había denotado un progreso totalmente inverso en la percepción que el anciano tenía sobre ella. En un principio Johan había mantenido una actitud prudente y desconfiada hacia ella, pues su apariencia y su extraño don así lo imperaban. Sin embargo, a medida que se desarrolló el combate, la chica demostró con creces en qué bando se encontraba, por lo que Johan no dudó en disipar cualquier atisbo de sospecha o desconfianza que pudiera tener. Ella, a diferencia de Demris, sí parecía estar en edad de viajar sola, de hecho, estaba en edad de estar casada y tener dos o tres niños, aunque no sería Johan quien le reprochase no llevar una vida tradicional, pues él mismo había mandado al cuerno el deber y el honor siendo ahora poco más que un vagabundo desgraciado. Se alegró de que la Cordelia hubiese recuperado el anda, y aunque su paso y el de ella no eran lentos, el niño del niño era mayor. El motivo que le empujaba a Demris a llegar a la plaza sin duda era muy distinto al de Johan, quien además de prudente, era desconfiado.

Llegaron y escucharon a la mujer. Johan con rostro aprensivo, Demris con cara embelesada, y Cordelia... Cordelia con el rostro oculto. Cuando la mujer terminó, Demris no tardó en hacer saber cuál era su decisión. Johan miró a Cordelia con cierto desazón, para luego tomar aire y hacer un par de preguntas.

Sólo tengo un par de preguntas— Se hizo escuchar el viejo, apoyado en su espada, a modo de bastón —La primera es, ¿Quién sois y qué clase de credenciales ostentáis?— Preguntó sin rodeos. En su propia experiencia como mercenario no siempre era imprescindible conocer a la parte contratante, pero en esta ocasión el dato era importante. La mujer había nombrado a un general, por lo que si ella formaba parte de la Unión todo adquiriría otro color, y la tranquilidad del viejo se vería aumentada. Además, sus palabras hacían referencia al bienestar del pueblo de los Balor'an, por lo que sus intenciones, en apariencia, parecían no ser un asunto meramente privado. Johan no exigía un contrato por escrito —principalmente porque tampoco tenía forma de leerlo—, pero sí ciertas garantías que aportasen cierta seguridad y confianza —Y segunda, ¿Qué hay de la recompensa? Sólo un necio partiría a una misión sin acordar debidamente el pago de sus servicios— Aquella sí que era una cuestión imprescindible —y totalmente legítima— para todo hombre que prestase su espada al servicio de oro. No estaba mal visto aquél tipo de pregunta. De hecho, no hacerla sí que denotaba cierta inexperiencia.

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Cordelia Berbedel

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Cordelia Berbedel » 13 Mar 2017, 17:38

Pese a la expresión algo hosca que parecía portar el anciano, y a su tono huraño la mitad de las veces que había hablado, sobre todo en referente a la sospechosa persona que se les había acercado, sus gestos y las palabras escogidas habían dado la impresión correcta a la maga sobre cierta inclinación del veterano, y no se sorprendió cuando este la ayudó sin ninguna clase de recelo.
Cordelia aprovechó gustosamente dicho auxilio, cual fragil damisela que era siempre que la situación lo ameritaba, o como en aquel momento, le dejaba escasas opciones de más, ninguna de ellas tan ventajosa.

No esperaba, sin embargo que su debilidad fuera a recaer sobre el niño, quien pesé a haber demostrado ciertos destellos de una brillantez impropia de su edad, imaginaba poseedor de un pensamiento menos estratégico, y de una curiosidad mas imperiosa e infantil capaz de relegar en segundo plano las inconveniencias de su escolta, que ahora eran ella y el anciano espadachín.
Cuando la pequeña mano se colocó sobre las telas que ocultaban su morfología, Cordelia le dedicó una sonrisa amable y agradecida, mientras sus ojos oteaban curiosos esas formas armónicas y celestinas que conformaba el maná entorno a la extremidad del crío, como si estudiara el patrón de su hechizo. A su vez, la calma residual, y la extraña sensación del presto sanar de los tejidos eran una piedra en el camino para dicho cometido, entorpeciendolo y a su vez descubriendole un aspecto novedoso de las artes mágicas hasta entonces solo conocido sobre el pergamino.
-Gracias Demris.-Ensanchó su sonrisa la bruja, descubriendo ligeramente unos dientes pálidos como su cuerpo, signo de pocas penurias.

El ligar acordado tenía la suficiente gente como para no resultar extraordinariamente llamativos, y la escasez de la misma necesaria como para que el clamor de la multitud o su presencia no lo hicieran asfixiante, incomodo y sujeto ineludiblemente a los oídos extraños. Probablemente porque en las graderías de la arena aun se hallaba la mayoría del pueblo.
La maga no hizo ademán de acercarse mas de los precisos, y no solo por los guardias, si no por la propia escena, aquella misteriosa mujer no le daba el mas mínimo ápice de confianza, y pese a que su expresión siguiera apacible y tranquila, eso no significaba que fuera a ser tan necia como para no poder leer la escena.
Incluso el niño se percató de donde estaba el limite que le permitirían alcanzar los guardias para mantener esa conversación.

El pequeño fue embelesado rápidamente, o mas de lo que habría esperado la hechicera. Desde luego ese muchacho no conocía el miedo del mismo modo que sus homólogos infantes. El anciano parecía mucho mas reticente, y mas avispado con la recompensa de lo que había esperado.
En cuanto a la maga, la posibilidad de ir más allá del muro la tentaba como melaza, una opción que jamás se le había presentado con escolta incluida y encima con un pago de por medio.
Sin embargo, pese a que aquellos dos sujetos habían demostrado ser más que capaces, no era ni el dinero ni el motivo lo que la inquietaba.
-Dijiste que una criatura la tiene.- Difícilmente alguna bestia manchada incapaz de blandir un arma poseería la misma, ni que fuera clavada en su cuerpo, si no con el tiempo y el peso se habría desprendido.-¿Que criatura? Para saber que la posee deben de tener algún dato reciente. Las tierras más allá del muro son muy vastas como para una encomienda tan poco exacta.-Se atajó la muchacha antes de que intentaran colarle alguna historia con tintes heroicos sobre la perdida del arma para entretenerla de los detalles de la misión.

-Tampoco puedo asegurarme de que un pago es justo si no se a que clase de criatura tengo que enfrentarme si o si, mas allá de los seres que habitan tras el muro.- Pese al tema que hablaban, el tono cantarin, cual voz de mirlo, que empañaba la voz de la muchacha seguía manteniéndose del mismo modo. Si de algún modo algo de ello la perturbaba, era imposible de discernirlo.
Cordelia desvió la mirada hacia el anciano. Lo cierto es que ella no tenía ni la mas remota idea de cuanto podía costar algo así, pero estaba seguro de que el anciano con los datos que ella pedía podría discernir un precio justo de forma mucho más acurada que ella.
-Quizás con ello acepte la oferta.-Sentenció, dando a entender que sin las respuestas que buscaba ya podían ir encontrando a otra. A fin de cuentas, era esa persona la que se hallaba en un apuro.

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Demris

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Demris » 13 Mar 2017, 23:28

El dolor y el alivio van de la mano, recordó nuevamente Demris, y al parecer el viejo necesitaba un poco de energía positiva para acceder a la misión. Podía querer ser un héroe, pero no era ningún idiota que fuera a correr a solas al otro lado del muro. Necesitaba al viejo y a la chica para tener esa oportunidad y, por tanto, necesitaba que éste pasara a ser menos desconfiado.

Era, por tanto, lo más lógico para poder unirse a la aventura, poner de buen humor al viejo, y nada pone de mejor humor a un viejo que la buena salud, o eso había escuchado, así que la solución estaba literalmente al alcance de su mano.

Las energías se volvieron a acumular en su extremidad. La potencia era ya un poco inferior tras repetidos usos y el declive de las emociones que le habían potenciado recientemente, pero era más que suficiente para el trabajo.

Se acercó al viejo y extendió su mano para tocarle y, con ello, sanar sus heridas.

En tanto, la mujer se puso de pie y miró a los presentes. En su mirada había un aire de tristeza, un lamento oculto tras un manto de dureza, pero por supuesto, eso no era algo en que Demris se fijara demasiado, pues su mente estaba fuertemente fija en la posible aventura que estaría por delante.

Yo... yo soy Freljya Jrullvar, viuda de Rokul Jrullvar —su voz se detuvo un instante al pronunciar ese nombre, mientras sus ojos se perdían en algún punto incierto —la espada que buscáis es El Relámpago, una reliquia de la familia Jrullvar atesorada por generaciones. Mi esposo lideraba a su gente con ella en alto, iluminando el campo de batalla con la magia contenida en su hoja que llevaba el terror a los demonios. Como todo valiente Balor'an, cuando se vieron rodeados por fuerzas enemigos no intentó huir, sino que prefirió una muerte honorable en el campo de batalla, matando demonios hasta su último aliento, en vez de mostrar temor. Me han informado que quien lo mató vaga por las planicies al este, cerca de una antigua villa Artamasa llamada Varixia, actualmente sólo un montón de ruinas... sobre el pago... creo que con esto bastará.

La mujer sacó de entre sus ropas una bolsa y la abrió para mostrar que su interior contenía varias coronas de oro. Demris no pudo calcular la cantidad exacta, pero sabía que era bastante dinero.

Recuperar una espada... suena fácil, lo haremos —dijo confiado el chico, aunque de pronto sentía más curiosidad por visitar esa villa en ruinas que en el dinero que pudiera obtener de ello. ¿Sería igual que Kalorei?, ¿sería su pueblo tan grandioso como solían hablar los ancianos en sus historias?, ¿sería cierto que un día llegaron a dominar todo Tahiel?

Incluso una vana esperanza, más bien una fantasía, creció en su interior. ¿Encontraría allí algo que le hiciera sentir que pertenecía a un lugar?

Si aceptáis la misión, os espero mañana en el acceso a la puerta norte del muro. Os recomiendo ir bien equipados para el frío —dijo finalmente la mujer con cierta esperanza en su faz.

Vamos a dejar esta partida hasta esta ronda (a excepción que por sus acciones sea necesaria otra ronda), para continuarla en un segundo tema que estará ubicado en el Muro. El que desee participar de ese segundo tema me avisa.


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Johan

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Johan » 14 Mar 2017, 11:29

Johan había exigido cierta información antes de comprometerse a nada, pues nada, ni nadie, le ataban a este mundo. Al parecer su postura fue percibida claramente por todos, especialmente por quien más ilusión albergaba por la misión: Demris, que como reacción a su actitud decidió volver a hacer uso de su don mágico. El anciano no se resistió al contacto del niño, pues una vez la magia comenzó a fluir por su ser, una experiencia renovadora lo embriagó por completo. Era una sensación parecida a ser joven otra vez, y no sólo en la condición física, sino también en la emocional. Había surgido en él una demanda que le obligó a tomar aire, para aceptar aquella energía que recibía. El corazón se le había acelerado y una hasta su percepción de la realidad se veía ahora adulterada.

El anciano se preguntó el por qué de tal acto, el por qué ahora y no antes. No necesitó buscar demasiado la respuesta, pues la tenía frente a él. Demris. La misión era exigente y el niño necesitaba compañeros, quizá aquél era su pago por adelantado. Johan entornó los ojos al intentar escudriñar la verdadera naturaleza del niño. Al igual que había hecho con Cordelia, ¿Lo había sanado únicamente por interés, o había una parte altruista dentro de él? De la manera que fuese, el viejo se negaba a creer que no hubiese una pizca de bondad en él, aunque sólo se tratase de una pequeña semilla, aún sin germinar.

El hecho indiscutible era que le había sanado. El niño quería que tanto Cordelia como él fuesen sus compañeros, y por muchas dudas y adversidades que se presentasen, aquél viejo no podía permitirles caer en el Pozo sin prestarles su ayuda. Tenía esa debilidad.

El proceso de curación pareció alargar el tiempo, aunque aquello no era más que una ilusión, pues seguía allí, en el mismo momento. Lo supo cuando la mujer alzó la voz para responder a su pregunta. Todo había ocurrido tan rápido y a la vez tan lento... por eso desconfiaba de la magia.

La mujer se identificó como la viuda de Rokul Jrullvar, y con un deje afligido les explicó cuanto pudo, de lo que querían saber. El rostro de Johan cambió al escuchar el apellido Balor'an, provocando que el anciano se inclinase en señal de respeto.

Mi más sentido pésame, mi señora— Se lamentó. Sintió un impulso de hincar la rodilla ante ella, pues el soldado de la Unión que un día fue —y aún albergaba en lo más profundo de su ser— así se lo exigió, pero ya no era aquél soldado. Aquél soldado perdió tal condición el día que su misión fracasó, pero aquello era otra historia que no le convenía revivir. Ya no era ni mercenario en activo. Ahora era un don nadie, y como tal no le convenía evidenciarse con antiguos actos de subordinación, por lo que un respeto formal sería suficiente.

Johan nunca conoció a Rokul Jrullvar, pero sí que conocía el apellido. Tenía constancia de que un Jrullvar —seguramente el padre de éste— combatió en la Cruzada Blanca a las órdenes del difunto rey Abestus, por lo que la consideración y el respeto que les tenía era sincero. Tras esta fortuita revelación, el anciano se arrepintió de haber preguntado acerca del pago con tanta desfachatez. Siendo estas las circunstancias, el dinero pasaba para él a un segundo plano, por lo que agachó la cabeza apenado por aquella falta de tacto. Efectivamente, la cantidad era generosa para el trabajo en sí, sin embargo, el coste simbólico de recuperar aquella espada era, para el pueblo de los Balor'an, sencillamente incalculable.

Os pido disculpas, mi señora, si mi ignorancia os ha sido causa de ofensa— Le hizo saber, arrepentido —Me temo que no sois merecedora del tono en el que os he hablado antes. Permitidme enmendarme sumando mi espada a la causa que os atañe.

Johan se une a la misión.

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Cordelia Berbedel

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Cordelia Berbedel » 14 Mar 2017, 19:10

Bajo la tenue sombra de la capucha, que oscurecía y ocultaba a medias la ambarina mirada de la hechicera, una mirada suspicaz escrutaba al infante cada vez que este hacía gala de sus dotes mágicas. Cordelia creyó reconocer cierto patrón en el maná que manipulaba el niño, después de haberlo observado varias veces en tan corto tiempo, y, aún sin poder tener la certeza de que se tratara del mismo hechizo, casi hubiera jurado que era una magia similar a la que había inundado su cuerpo minutos antes.

La bruja cada vez tenía mas claro, sin dejar de lado un asombro que guardaba a buen recaudo, que aquel niño poseía o una mente demasiado despierta, o un don de la oportunidad casi divino. Tanto por precaución como por cierto escepticismo, prefería sobrevalorarlo con la primera opción, que también resultaba ser la más atractiva. Era, del mismo modo en el que había acusado en su mente a aquellos nombrados de las gradas, como hallar alguna clase de criatura exótica.

La tristeza que asomaba en la mirada perdida de la mujer que precisaba sus servicios no le pasó desapercibida, pero no causó en su corazón la misma aflicción que parecía haber logrado producir en el anciano. Por contra cierto hastío produjo en la silenciosa hechicera que escucho con parsimonia todo el discurso.
La pobre viuda era un cuento mas que conocido en esas tierras, uno que probablemente sería cierto, pues un nombre de portento era fácilmente comprobable. Lo que tampoco había pasado por alto a la joven era que, con su historia, había omitido responder, quizás intentando ebelesarlos con el oro si la empatía no había surgido efecto, de que criatura hablaban, o mejor dicho, no hablaban.

Si había algo, además de el peculiar espécimen que suponía aquel niño, que llamaba la atención de la hechicera como si fuera alguna clase de canto de sirena, era el dirigirse a las ruinas de una aldea mas allá del muro. Permanecer atenta, sin fantasear en todo lo que podía descubrir en esas profanas y áridas tierras era todo un desafío.

-Iré.-Se pronunció finalmente la hechicera, sin mostrar en el tono un solo ápice de disculpa o arrepentimiento, solo la misma tonada casi risueña que recordaba al canto de los pájaros.-Aún así, y ya con ese compromiso en claro. -Prosiguió, dejando en claro que se había percatado de esa oportuna omisión, y de su convencimiento de que no respondían a ello por miedo a que rechazara el trabajo.-¿Que bestia posee la espada de su difunto esposo? Si la han podido rastrear hasta allí es que le conocen el aspecto por lo menos.- Disponiendo de menos de un día, quería poder prepararse lo mejor posible para aquella expedición, pese a no descartar la opción de desertar en mitad de ella si las cosas se complicaban en demasía.

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Demris

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Demris » 14 Mar 2017, 19:40

La mujer se giró sobre sus talones, dando la espalda al improvisado grupo de aventureros, al parecer superada por la pena al tener que hablar y recordar esos eventos tan dolorosos. Demris se preguntó si la chica le había ofendido y estaba ahora retirando la oferta, pero para su alivio no pareció finalmente ser eso lo que estaba ocurriendo.

No es fácil estar seguros... quizás hasta hay más de una criatura y simplemente la espada cambia de dueño de vez en cuando, pues he oído versiones tan dispares que ya no sé qué creer —contestó la mujer con voz tenue —, lo importante es que reconoceréis la espada de lejos por los brillos ocasionales que emite, como pequeños relámpagos que iluminan la zona en que se encuentra. Pasan cada unos pocos minutos, así que debéis estar atentos. No he conocido otra arma capaz de producir el mismo efecto, así que no podréis confundiros. Busco la espada, no la bestia de turno que la tenga.

Demris se puso a pensar sobre cómo encontrar una espada que emite luz, pero la única idea que se le venía a la cabeza era hacerlo de noche. Ir de noche por esas tierras malditas era ciertamente buscar una muerte rápida... o lenta en el peor de los casos. De pronto un dejo de miedo le creó dudas, ¿no estaba lanzándose estúpidamente a una misión suicida?.

Encontrad la espada, mis héroes... nos vemos mañana en el lugar indicado —agregó comenzando a retirarse.

La mujer había dicho la palabra mágica, le había llamado héroe, su héroe... sonaba tan bien la palabra en labios ajenos, sobre todo en los de una mujer, quizás mayor a las doncellas de las que hablaban los libros, pero de todas maneras debía contar. Toda duda y miedo fue removida frente al entusiasmo de volver victorioso portando la espada mágica ansiada por una dama en desdicha, ¿Qué podía ser más perfecto?.

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