[Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

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Demris

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Demris » 07 Mar 2017, 20:48

La arena saltando a su alrededor, llenando todo de polvo, el agudo e intenso dolor de las quemaduras en su espalda, los gritos extraños y siniestros de la bestia, la mirada atónita del público, los gemidos de la parte humana al ser presa de un evidente dolor... todo a su alrededor gritaba peligro y el chico se sintió confuso, atemorizado tras percatarse de la posición de inminente daño en que se encotraba.

Un montón de lágrimas quiso juntarse en sus ojos, pero las contuvo, las contuvo como pudo, no era momento de llorar, no frente a toda esa gente que le juzgaba por el combate, no cuando distraerse podía significar recibir otra de esas bolas ardientes.

El toro seguía sin poder acertar por los ataques recibidos y la destreza de sus posibles objetivos, mientras que la parte humana se veía consumida por una especie de confusión y desesperación. La chica le había hecho algo, pero Demris no estaba seguro de qué.

Dio unos pasos más, retrocediendo, tratando de ordenar sus ideas en algún plan que resultara lógico. Era bueno en eso, no estaría con vida si no fuera con ello, no luego de todos los peligros en que se había metido. Debía ahora también ser capaz de pensar en algo.

Estudió la situación. La parte humana parecía en malas condiciones para seguir combatiendo y no parecía siquiera estar intentando llevar a cabo un hechizo, por lo que la amenaza más inminente era la parte de toro. Le siguió la trayectoria con la vista, mientras con cuidado preparaba el siguiente disparo, vaciando la cantidad precisa de pólvora en la pistola. El dolor era pulsante y le dificultaba concentrarse, pero acomodó su arma hasta tenerla lista.

El toro se entretenía con el anciano, mas era momento de atraerle.

Tomó unos guijarros del piso y separó los más grandes, lanzando uno de ellos hacia el toro. Observó como apenas rebotaba sin lograr la mínima reacción, pero no se rindió, apuntó mejor y lanzó uno tras otro, hasta lograr dar con el ojo de la bestia, quien no pudo sino girarse y buscar la fuente de la agresión.

El niño le hizo un gesto obsceno con la mano. Para su sorpresa, el toro conocía el gesto, o al menos esa impresión le dio, pues la criatura inició una carrera en su contra (o quizás sólo fue por el guijarro, no podía saberlo con seguridad). Aunque sus delgadas piernas le tiritaron unos instantes, se preparó para el momento y no intentó escapar, continuando con una serie de gestos que podríamos sólo denominar "llamativos".

Cuando la bestia finalmente estuvo por alcanzarle, el chico avanzó unos pasos y se lanzó al piso, arrastrándose por el suelo, pasando entre las patas del animal, que por la velocidad no pudo frenar, para luego rodar a un costado y quedar en la posición precisa, justo mirando uno de los costados de la criatura. La piel parecía pegada a la fuerza sobre unas costillas lastimadas, al punto que incluso una de ellas se asomaba, siendo el punto perfecto para iniciar un ataque.

Demris preparó su arma, apuntó (que no es que fuera muy necesario con tamaño objetivo dispuesto a su alcance) y disparó.

Nuevamente el sonido produjo extrañas reacciones en el público, mientras el chico retrocedía hasta caer sentado, más por lo apurado de la maniobra que por la fuerza misma del arma, pero notó que el disparo había dado en el blanco, creando una nueva y llamativa herida sobre el cuerpo de toro, aunque el animal aún no daba señales de estar por caer.

¡Muere de una vez, jodida cosa! —exclamó.

  • ligero
  • Acción
  • pistolamejorada,reflexion,restauracion
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Cuerpo de Toro


Puede atacar cada ronda en que no reciba ataques, embistiendo. El personaje embestido sufrirá una herida y quedará vulnerable, recibiendo 1 herida extra de cada ataque físico durante 2 rondas.
Si las 2 otras partes son eliminadas se remueve la limitación de no poder atacar en rondas en que ha sufrido ataques.

Esta ronda ha recibido ataque y fallará su embestida.
Está aún por la acción de Cordelia.

PD: 4/10


Humano


Puede atacar con fuego, privilegiando enemigos lejanos. Los ataques realizan 1 herida y dejan vulnerable a las quemaduras. El personaje con quemaduras sufrirá 1 herida adicional de ataques de fuego por 2 rondas.

Está , por lo que no toma acciones, y tiene una Carga de .

PD: 2/4

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Johan

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Johan » 08 Mar 2017, 08:45

Para su sorpresa, Johan comprobó cómo sus provocaciones hacia la quimera se veían frustradas en el momento que el niño se puso en pie y, a base de pedradas, desvió la atención del toro hacía sí mismo, induciéndole a cambiar de rumbo nuevamente hacia el pequeño de los héroes.

Maldita sea, conseguirás que te maten— Masculló el anciano para sus adentros.

El obsceno gesto del chico enfureció a la criatura, sin embargo, Johan no se extrañó, pues él acaba de hacer hacía unos instantes algo parecido. El niño había imitado al anciano, y no podía culparle por ello. Los adultos eran el ejemplo de los más pequeños, tanto para lo bueno como para lo malo, por lo que debería llevar más cuidado la próxima vez con todo lo que hiciese o dijese delante de él. En este caso, la imitación podría costarle la vida.

La quimera inició su carrera hacia el joven mago con iracunda rabia. Johan intentó avanzar hacia ellos, sin embargo un ligero escalofrío le recorrió la espalda y su vista se nubló en una extensa oscuridad e infinidad de puntitos brillantes. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿¡Precisamente en aquél momento!? Johan hincó una rodilla en la arena, apoyando la punta de la espada y su mano libre para no perder el equilibrio. Apenas había comido nada aquella mañana, únicamente una espesa cerveza, por lo que era posible que la falta de energía fuese uno de los motivos de lo que le estaba ocurriendo. La alta exigencia física o el estrés también podían ser causas probables. Otra posibilidad —u otra sumada a todas ellas— podía ser, simplemente, la edad.

Hacía años que ya no sentía la vitalidad de la juventud. Los huesos le dolían, los músculos flaqueaban y sus sentidos se veían resentidos, hasta el punto de engañarle en los momentos más insospechados. Incluso su agilidad mental y memoria ya no eran las mismas. En este caso, la bajada de tensión le afectó, principalmente, a la vista.

Su mayor temor era quedar inconsciente. Desmayarse en una batalla suponía morir. Tras unos segundos en aquél estado, y sin haber recuperado aún la vista, notó que aquella crítica situación no iba a más. Aún sentía el tacto de la tierra, y los sonidos que hacía un momento se habían silenciado ahora volvían a oírse. El barullo del público, el jadear y trotar de la bestia, e incluso la explosión del artefacto mágico del niño. Seguía allí. Vivo. Y el sudor frío que le recorría el cuerpo desaparecía para volver a sentir el sofoco de la batalla.

En cuestión de segundos, sintió el sol golpeando su cara, seguido de una luz blanca que poco a poco comenzó a disgregarse en distintas tonalidades, formas y profundidades. Estaba recuperando la vista y, con ella, las fuerzas. Cerró la mano sintiendo la empuñadura de su espada aún en ella. Se apoyó en su arma y se puso en pie. El público centró sus miradas y dedos sobre él otra vez. Tenía que volver al combate. El niño y la chica le necesitaban, o eso quiso creer.

Una vez estuvo en bipedestación, afianzó sus pies en la arena y dio un paso. Sus piernas no temblaban y su equilibrio no había quedado resentido. Se había recuperado.

Uso mi carta de error. Obtengo una herida. No provoco daños.


  • sentidodanado
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Cuerpo de Toro


Puede atacar cada ronda en que no reciba ataques, embistiendo. El personaje embestido sufrirá una herida y quedará vulnerable, recibiendo 1 herida extra de cada ataque físico durante 2 rondas.
Si las 2 otras partes son eliminadas se remueve la limitación de no poder atacar en rondas en que ha sufrido ataques.

PD: 4/10


Humano


Puede atacar con fuego, privilegiando enemigos lejanos. Los ataques realizan 1 herida y dejan vulnerable a las quemaduras. El personaje con quemaduras sufrirá 1 herida adicional de ataques de fuego por 2 rondas.

PD: 2/4
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Cordelia Berbedel

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Cordelia Berbedel » 08 Mar 2017, 21:55

Cordelia se limpiaba los ojos con insistencia mientras seguía reculando, sabía que lo peor que podía hallar a su espalda por el momento era el muro que delimitaba la arena, si es que ninguna otra bestia salia de esas grandes puertas que llevaban a los corredores a reventar de jaulas.

La mirada emborronada por la tierra y los arañazos de la misma ne los ojos empezó a volver a discernir las cosas con mas nitidez. Los sonidos sin embargo le ofrecían con claridad la información mas básica del estado de la arena. El chillido de la parte humana de la bestia indicaba que su hechizo aun se mantenía vigente, y lo suficientemente lejos de ella como para que no fuera una amenaza inminente.
Mas lento de lo que le hubiera gustado le permitió contemplar con claridad el contorno de la quimera, el niño a punto de ser embestido por la criatura, y el anciano arrodillado en el suelo.
¿Que había ocurrido?
Por primera vez en todo el rato el desconcierto empezó a hacer mella en la calmada mente de la taumaturga, que tubo que hacer acopio de frialdad y raciocinio para dejar esas dudas a parte una vez mas. Cuando la quimera yaciera muerta en el suelo, podría preguntar tranquilamente a los espectadores o incluso al propio damnificado que había ocurrido.
Observó estupefacta el valor suicida del pequeño crío y como mantenía la sangre fría suficiente como para echarse debajo de la parte bestial de aquel ser, rodar y volver a dejar oír el estruendo de su extraño artefacto mágico de perturbador efecto.

Cordelia aún sentía el cuerpo algo dolorido por las caídas, y sin embargo, sabía que tenía que aprovechar mientras la criatura aun estuviera ralentizada por su magia, pues mas tarde sería prácticamente imposible para ella trepar sobre su lomo como lo había hecho antaño, y planeaba hacer de nuevo.
La maga tomó carrerilla mientras murmuraba en voz baja, casi sin abrir los labios, dejando que sus palabras fueran un silbido que quedaba ahogado por el clamor de la multitud, centrado principalmente en el niño y su artefacto, y en el anciano que se había puesto en pie una vez mas con ese aire de voluntad inquebrantable que parecía desprender. ¿Que clase de persona si no, estaría a su edad en medio de una arena?
Aquel vapor verde, conformado por hilos de humo semi translucido, volvió a formarse a medida que las inaudibles palabras que pronunciaba la muchacha abandonaban sus labios. El brillo del ligero refulgor hacían que la piel de su mano reflejara aquellas luces tenues y oscilantes verde lima, que la dotaba de un aspecto aun mas enfermizo, y casi la hacía parecer mas delgada.
Si la capa negra no hubiera ocultado el resto de su cuerpo, así como las ropas negras que mantenían protegido su brazo, se habría podido ver como ese vapor malsano trepaba por toda la extremidad como si emanara de la misma. Por suerte la ropa oscura y opaca ayudaba a ocular aquel peculiar efecto.

Cordelia pegó un salto cuando se hallo a la vera del monstruo. Alargó la mano enguantada, esta vez tomando la extremidad envuelta en harapos de la mitad humanoide de la bestia, y tiró de la misma hacia abajo hasta que pudo colar su mano desnuda entre la piel del brazo de la bestia, mientras terminaba de formular su conjuro.
Naturalmente la parte "humana" de la quimera no se dejó agarrar tan campante, y se sacudió, arrojándola cual saco de patatas, hasta hacerla aterrizar al lado del muchacho. Si antes había sospechado que el proximo amanecer tendría el cuerpo decorado con algunos moretones, ahora estaba absolutamente segura de ello.

La mirada de la maga se desvió pro el rabillo del ojo hasta el pequeño niño de ojos vidriosos que se resistía a llorar, y que estaba mostrando mas valentía de lo que ella habría apostado que podría lograr la mitad de la audiencia en su situación. Repasó rápidamente las heridas del muchacho, por mera curiosidad, y, dado que por varios factores le había caído interesante, o lo que era casi lo mismo para ella, simpático, se levantó con premura y le extendió la mano enguantada para ayudarle.
-Quizás es un buen momento para alejarte, recargar tu cosa mágica y esperar a que la quimera vaya hacia el anciano.-Le ofreció, alejándose, con o sin el de la bestia para seguir su propio consejo.

En un inicio las ropas harapientas de la mitad humana habían ocultado el efecto del ultimo hechizo con el que la muchacha había obsequiado a la quimera. Poco a poco algunas porciones de su piel se habían ido oscureciendo y ennegreciendo, volviendo balndas y deformando hasta que varias pústulas emergieron de las manchas, supurando un liquido blancuzco y pestilente que parecía emerger de heridas bien profundas e infectas, ampollas que reventaran como si el aire hubiera quemado y podrido la piel al mismo tiempo.
No eran grandes, pero si varias y dispersas. Algunas empapaban los retazos de lo que antaño había sido una túnica, y otras empezaban a mostrarse sobre la piel descubierta para desagrado del publico.


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Demris

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Demris » 11 Mar 2017, 12:18

La chica le ofreció retroceder, pero Demris sabía que no era fácil apuntar con mucha distancia. Esas armas eran poderosas, pero requerían de tener una buena precisión, lo que usualmente no se conseguía en medio de un combate sin asegurar una distancia corta. De todas maneras, Demris retrocedió unos pasos, aprovechando el tiempo para vaciar otro poco de pólvora en la pistola, limpiarla y preparar una nueva bala.

Fue entonces que notó las extrañas reacciones de la parte humana. Los manchados no se caracterizaban por ser demasiado expresivos por el dolor, pero éste claramente tenía un problema. Pronto fue evidente que desde su propio interior estaba siendo consumido. Heridas aparecieron en su piel, liberando líquidos que resultaban repulsivos de sólo mirar. Eventualmente la parte humana dejó de moverse. Demris agradeció que estuvieran en un lugar abierto, con adecuada ventilación natural, pues supuso que esa cosa no iba a oler muy bien.

Se tocó la herida de la quemadura y apretó los dientes. Era extraño el sentimiento asociado. Sabía que podía sanarla con su magia, pero su cuerpo no paraba de recordarle que estaba allí, como si algo gravísimo e imperioso ocurriera en su espalda. La vida sería más fácil si el dolor no existiera, pensó. Sin siquiera percatarse, una lágrima solitaria había rodado por su mejilla al contacto de su dedo con la piel quemada.

Hincó la rodilla en el suelo para tener más estabilidad al apuntar, mas eso le hizo percatarse de lo agotadores que había sido los últimos minutos. Suspiró. A veces llegar a ser un héroe no era tan atractivo como lo pintaban los libros. No había princesas, banquetes con reyes ni agradecimientos del pueblo.

El toro mostraba un comportamiento errático, probablemente en shock por la pérdida de 2 de sus partes. ¿Cómo funcionaría la mente de una quimera? se preguntó Demris, ¿compartirían la sensación de dolor?, ¿sabría el toro que las otras partes habían muerto?. Lamentablemente no había cómo preguntarle y por ahora la prioridad era tenerle de alfombra antes que de consejero.

La pólvora explotando volvió a resonar en la arena, sacando más de algún grito o improperio del público. El disparo no había sido tan perfecto como el chico esperaba, afectando un costado del animal.

¡Rayos! —exclamó Demris.

Había esperado destruir el cráneo del animal para acabar de una vez con la amenaza, pero al menos ahora tenía una herida más. Era sorprendente el daño que podían hacer esas pequeñas esferas de metal con un arma de tamaño tan poco impresionante.

El toro, en tanto, ya parecía recobrar el sentido de la orientación y a ojos del chico estaba aún más furioso. Cualquier animal herido y acorralado es peligroso, hasta los más pequeños. De más está decir que un toro corrupto en similares condiciones actuará de manera desmedida.

La bestia corrió y, a pesar de las múltiples heridas, no mostraba siquiera señales de dolor o cansancio, sólo una furia desmedida, tal que parecía que sus ojos fueran a estallar en sangre. Con todo, el toro tenía muy claro su objetivo. La chica que ya en más de una ocasión se había encaramado en su cuerpo, era el objetivo principal y la embistió con una velocidad brutal, sin dejarle siquiera tiempo a una reacción apropiada.

Demris no alcanzó a ver con claridad el estado de ella por la nube de polvo que se levantó, pero no es que realmente le importara, por ahora toda su atención estaba sobre la bestia que había que terminar, luego podría ocuparse de las heridas.

Cuerpo de Toro


Puede atacar cada ronda en que no reciba ataques, embistiendo. El personaje embestido sufrirá una herida y quedará vulnerable, recibiendo 1 herida extra de cada ataque físico durante 2 rondas.
Si las 2 otras partes son eliminadas se remueve la limitación de no poder atacar en rondas en que ha sufrido ataques.

Como las otras 2 partes están muertas, atacará todas las rondas.

PD: 3/10


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@Cordelia Berbedel sufre una herida. Si el turno siguiente es atacada por el toro sufrirá 1 herida adicional al ataque.
Última edición por Demris el 11 Mar 2017, 12:20, editado 1 vez en total.

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Johan

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Johan » 11 Mar 2017, 15:21

El artefacto mágico del niño estalló de nuevo y el toro recibió dolor. El sonido pilló desprevenido a algunos espectadores que rebotaron de sus asientos. El ruido, además, iba acompañado de una pequeña nube de humo, ¿Cómo era posible aquello? Un ataque invisible y a distancia —Brujería— Achacó Johan frunciendo el ceño —No puede ser otra cosa.

La parte humana de la quimera ya se veía muerta, y colgaba como un apéndice inerte del espinazo del toro. La putrefacción que se había generado en aquella parte de la quimera había sido rápida y mortal, como si la muerte misma hubiese reclamado lo que era suyo. Johan se preguntó si aquello se debía a las heridas recibidas, o si la joven misteriosa había tenido algo que ver. Lo que sí era cierto es que aquellos síntomas habían acontecido después de que ella tocase a la bestia, detalle que no había pasado inadvertido para el anciano.

El trote de la quimera se volvió enérgico e iracundo, alcanzando tanta violencia que la parte humana se desprendió de la parte de toro, desparramando su pútrida carne y vísceras por la arena. Johan observó los despojos con asco, pues aún peor que su apariencia era su hedor, un olor capaz de provocar náuseas y arcadas a todo aquél que alcanzase.

Para sorpresa de todos los presentes, la quimera seguía con vida. Al parecer la erradicación de sus otras dos partes no la había debilitado, sino que, en cierto modo, la había liberado. Se movía más rauda y veloz, sin orden ni control. Su cólera era tal, que aun recibiendo ataques, continuaba su carrera sin resentirse o flaquear. Ya no había manera de detenerla, a no ser que esa forma fuese una muerte total y definitiva.

Johan se estremeció al observar la situación. La quimera atacaría a cualquiera sin discriminar a su víctima, y al parecer ya la había elegido. Se trataba de la misteriosa muchacha, a la que ningún tipo de discreción o sigilo pudo asistirla esta vez. El embiste de la bestia fue contundente, desplazando el ligero cuerpo de la chica varios metros atrás. El anciano maldijo a la criatura y emprendió una carga con el único objetivo de abatirla.

Asió la empuñadura de su espada con la cuchilla hacia abajo, tal y como se sostienen los puñales antes de ser clavados en la carne y escudriñó a la quimera buscando una parte vulnerable donde hundir su hoja. Cuando la tuvo al alcance, se abalanzó sobre ella dejando caer todo su peso sobre su arma, permitiendo que ésta se clavase de lleno en el grueso cuello del toro.

El movimiento de la quimera no cesó, y Johan fue empujado a un lado como un muñeco de trapo. No obstante, la espada había quedado clavada en el animal, que poco a poco fue reduciendo su velocidad, pasando del galope al trote, y del trote, a un paso más bien calmado. Johan se levantó con la cara untada de tierra y observó cauteloso a la criatura.

La quimera resoplaba exhausta, administrando cada exhalación en agónicos jadeos. Se sostenía sobre sus cuatro patas, pero ya no las usaba para moverse. El sudor y la sangre envolvían todo su cuerpo. La espada del anciano sobresalía de su cuello, como un tercer cuerno, y de ella emanaba un pequeño caudal rojo. Los ojos de la bestia ya no se fijaban sobre ninguna presa, sino que miraban a la nada. Estaba acabada, pero aún no había caído.

Sed cautelosos— Previno Johan a sus compañeros —La bestia aún no ha muerto— Recordó, para luego añadir —En su estado actual aún es peligrosa e impredecible.

Él mismo la hubiese rematado, si conservase su espada. No podría recuperarla hasta que la criatura estuviese totalmente muerta, y para ello debía confiar en que sus compañeros asestarían el toque final.

Cuerpo de Toro


Puede atacar cada ronda en que no reciba ataques, embistiendo. El personaje embestido sufrirá una herida y quedará vulnerable, recibiendo 1 herida extra de cada ataque físico durante 2 rondas.
Si las 2 otras partes son eliminadas se remueve la limitación de no poder atacar en rondas en que ha sufrido ataques.

Como las otras 2 partes están muertas, atacará todas las rondas.

PD: 1/10


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Pierdo mi arma hasta que la quimera muera.

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Cordelia Berbedel

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Cordelia Berbedel » 11 Mar 2017, 19:54

Cordelia dejó al chico atrás sin ninguna clase de protesta, quizás o era mayor, pero si lo suficiente audaz como para herir notoriamente a la bestia, y soportar con brío unas heridas que deberían tener en el suelo moqueando a un muchacho como el.
El estridente ruido de aquel misterioso artefacto mágico del que era dueño sobresaltó a la taumaturga en su huida, proporcionándole, además del sobresalto, una buena razón de porque había preferido quedarse en las inmediaciones de la bestia. Claramente esa cosa, si bien tenía un rango mas amplio que la magia de Cordelia, no le permitía tomar una gran distancia.

La bestia taurina corrió entonces por la plaza, los altos muros no dejaban un lugar al que volver, tampoco la puerta ya cerrada por la que se había adentrado en esa plaza la muchacha, y por encima de todo, ella no era tan rápida como aquel monstruo del que alejarse no había servido de nada.
El cuerpo humano de la bestia, muerto y ulcerado, colgaba como una marioneta rota de su chepa, saltando de forma grotesca a cada paso de la criatura, y dejando rebotar sus miembros sobre el lomo herido y supurante de la quimera. La sangre, espesa, manaba de los sendos agujeros que se habían abierto en sus costados, mostrando incluso en algunas partes de los mismos, asomarse los huesos. De haber estado entre el público la maga habría disfrutado de aquel espectáculo, o de como la lengua serpentina se movía graciosamente a un lado de la cabeza taurina, ondulando con el viento y el impulso de su corrida.
Por desgracia para ella no era publico si no presa, y aun cuando el percatarse de su suerte la impulso a correr para intentar evitarla, el fatal impacto llegó a su cuerpo.

El dolor agudo de la cornamenta, acompaño a la extraña sensación de hallarse sin sostén cruzando el aire, un instante casi calmo para ser consciente del terrible impacto que la aguardaba al final de ese breve viaje. Su cuerpo cayó con aplomo sobre el suelo, rebotando toscamente y rodando mientras levantaba una humareda de polvo.
El propio golpe la dejó sin aire unos segundos que parecieron eternos, y con el cuerpo dolorido en extremo se curvó sobre si misma, y araño con desesperación el suelo, intentando recuperar el aire en sus pulmones, aun si este contenía sendas cantidades de tierra.
Tosió débilmente en los primeros intentos, intentando ser consciente del estado de su cuerpo.

Uno de los cuernos de aquella infernal bestia se le había clavado en la parte superior de la pierna, con la suerte de que no había rozado ninguna arteria. A ese sangrado leve pero constante que empezó a empapar las telas negras, también victimas de tal agujero, acompañaba uno dolor palpitante en la muñeca del brazo que había usado para amortiguar el impacto de su cuerpo. Si estaba rota, o torcida permanecería, hasta un momento mas calmo, bajo misterio, al igual que el resto de focos de dolor que se hallaban salpicados por todo su cuerpo.
Lo importante era que poco a poco volvía a moverse, y que el anciano, con su feroz ataque sobre la bestia, había quedado mas cercano y expuesto a la quimera que ella. Por ello Cordelia no intentó levantarse y correr vanamente con la pierna herida, ni asaltar con su magia a la bestia taurina, se limitó a rasgar una de sus vestiduras que permanecían ocultas por la capa, y, bajo el amparo de la misma, a vendarse precariamente la herida para parar el sangrado.

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Demris

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Demris » 11 Mar 2017, 20:29

El combate estaba en su momento más intenso. El anciano había clavado su espada en el cuello del animal, o más bien bestia que alguna vez había sido animal, pero ésta había logrado alcanzar a la chica, arrojándola por los aires cual muñeco de trapo. Demris sintió miedo, todo el asunto se volvía más y más peligroso y sus compañeros estaban heridos. Esa cosa simplemente se negaba a caer. Quiso avanzar, pero sus piernas no le respondieron, era como si estuvieran congeladas.

Vamos, vamos —dijo en voz tenue.

Tomó su pistola para cargarla, pero sus manos estaban torpes y derramó la pólvora al piso. Sintió que estaba completamente mojado por un sudor frío y pegajoso y el esfuerzo físico le estaba pasando la cuenta. Su piel estaba pálida y la bestia le miró con sus ojos de sangre.

Voy a morir...

Entonces sintió el mana fluir nuevamente por sus venas. Era cierto, un mago psíquico se alimenta de las emociones intensas y el miedo era una emoción. Demris levantó su mano en dirección a la bestia y un resplandor púrpura le rodeó, un brillo caótico, lleno de pequeños remolinos y puntas que aparecían y desaparecían.

La descarga psiónica impactó en la cabeza de la quimera, quemando e hiriendo. A pesar de todo, el daño no fue demasiado intenso, pero el animal se detuvo, dio luego un par de pasos erráticos... y cayó. Demris no estaba seguro si la descarga le había matado o simplemente había terminado de desangrarse por todas las heridas que ya tenía, de hecho, ni siquiera podía saber con seguridad si había muerto. Estaba muy cansado como para comprobarlo.

Se apoyó sobre un hombro en la muralla de la arena, para luego sentarse. Por fin la pelea llegaba a su fin. Una cosa era pelear con uno de esos manchados que abundaban por los bosques, pero otra muy distinta era enfrentarse a una quimera de esas, de las que abundaban al otro lado del muro. La sola idea de que podían haber cientos, quizás miles, de esas cosas en ese territorio del que provenía su línea sanguínea le helaba la sangre.

Sabía que debía aclarar su mente, pensar en cosas positivas, para poder usar su magia curativa, pero no era fácil en esas circunstancias, no con ese edor y toda esa gente gritando.

Se había imaginado distinto el momento de la gloria, se había imaginado... ni siquiera sabía qué se había imaginado que sería, pero no se sentía como había esperado sentirse. Aún sus piernas querían temblar de miedo y su vista se nublaba a cada pulsación del dolor de sus quemaduras.

Miró a la gente y vio que aplaudían. Casi había olvidado que había público, que no eran sólo 3 en ese lugar, sino un pueblo completo que ahora cantaba y gritaba en su honor y el de sus compañeros. Sonrió casi como un tonto, intentó en vano no sonreír tanto, mas no dio resultado. El chico que años antes recorría las calles tratando de conseguir unas monedas en las sucias calles de la zona más pobre de Sanctuarium ahora era recibido como un héroe por una multitud.

Darse cuenta de esa realidad le levantó el ánimo y borró el miedo de su interior. Aquellos eran sentimientos positivos. Casi podía alimentarse de la alegría de la gente, como si fueran pequeños y numerosos emisores de energía psíquica a su disposición... quizás lo eran.

El presentador comenzó a hablar, pero Demris no le prestó mucha atención. Sólo entendió de todo ello que ahora se sentarían en un lugar especial del público, junto a la gente adinerada, y que allí serían atendidos.

El presentador los invitará a pasar a un lugar especial, donde podrán descansar. Esta ronda será de descanso. En ese lugar se acercarán unos médicos de combate Balor'an, quienes darán primeros auxilios a sus heridas. Esto no las removerá como heridas dentro del sistema, pero hará que on-rol estas heridas no sean tan limitantes, cesen las hemorragias, etc.


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Johan

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Johan » 11 Mar 2017, 22:24

La quimera fue derribada por el héroe designado por la pelota. Una nube de polvo quedó en el aire tras el desplome, todo había acabado. La calma que trajo la victoria en la arena pronto fue rota por aplausos y vítores de toda índole.

Johan extendió la mano para ayudar a levantarse a la joven heroína —¿Te encuentras bien?— Le preguntó, más por cortesía que por ignorancia, pues sabía que estaba herida y cansada, al igual que él y el niño. Los tres habían combatido con coraje, y aquello era lo único que necesitaba aquél anciano para apreciarles. Quizá no les conociese de nada, pero si algo tenía claro es que combatir junto a otra persona unía más que la más extensa de las conversaciones, y ahora algo le unía a aquellos dos jóvenes, aunque sólo fuese un sincero sentimiento de gratitud.

Johan caminó hacia el pequeño héroe. Lo encontró sentado, con la espalda contra el muro de la arena, abatido y, a pesar de ello, sonriente. Sólo un niño podía ser capaz albergar dentro de sí tanto dolor y satisfacción al mismo tiempo. Resultaba ciertamente increíble. El anciano se arrodilló frente a él y asintió con su melenuda cabeza mientras alzaba un dedo, apuntando hacia la ovación.

¿Oyes eso?— Johan dejó un pequeño silencio para que el chico disfrutase del clamor popular —Creo que este pueblo quiere conocer a su héroe.

Y así era, le pesase a quien le pesase, ellos eran sus héroes ahora. Muchos esperaban que el héroe de las arenas de Frengkhlenhleryasnalj fuese un joven local, pero la pelota había elegido algo distinto aquél año. El destino era caprichoso, y el azar traicionero, como solía decirse al norte de Hemos.

El anciano se acercó finalmente al cadáver de la quimera y, apoyando un pie sobre ésta, extrajo de ella su espada. Limpió la hoja en un costado limpio del toro y la enfundó otra vez en su cinturón, sintiendo un ligero alivio al estar otra vez armado. Echó un vistazo a la criatura, añadiéndola en su mente al harén de monstruos que había visto caer. Maldijo su existencia, así como su enfermedad, pues era el tumor maligno de aquél mundo, y le dio la espalda para abandonar la arena.

El presentador del evento se acercó a él. No había reparado en que aún seguía allí hablando, hablando sin parar. Su voz cada vez le resultaba más tediosa. Si no fuera porque ahora él —y sus compañeros— era el centro de atención, hubiese desaparecido de allí con tal de perder de vista a aquél tipo. Al parecer, ser los héroes de la arena traía consigo ciertas ventajas, ventajas ineludibles, que no vio mal aprovechar.

El anciano esperó a la chica y al niño para subir junto a ellos al palco más exclusivo de la arena. Al parecer era una zona privilegiada desde donde se podía observar con suma comodidad los juegos que allí se celebraban. Tenía un techo de lona para cubrir a los afortunados del sol o la lluvia, y en el suelo había una alfombra de esparto que aislaba del frío adobe. Allí los asientos no eran de piedra, sino que estaban acomodados con cojines de lino seco, y tras ellos había un amplio habitáculo donde guardaban ánforas de vino y alforjas con fruta y carne curada. Johan observaba toda aquella opulencia con cierto recelo, como si tras toda aquella amabilidad hubiese una intención oculta.

El presentador no cesó de hablar ni un instante, centrando casi todos sus agasajos y lisonjas en el pequeño de los tres, que era el único que le prestaba sincera atención. Los individuos que había en aquella zona privilegiada eran, sin duda, gente adinerada. Tenían sus ojos puestos en ellos, pero sus ojos no reflejaban admiración, ni tan siquiera respeto. Les miraban como cierta fascinación, como quien disfruta de la atracción del momento antes de volver a su copa de vino o a los labios de su meretriz. Iban sucios, sudados y con sangre por doquier. No eran más que eso, un entretenimiento, tanto en la arena como allí arriba, y Johan lo sabía. Su ceño fruncido así lo evidenciaba.

Algunos de los patricios, embriagados de curiosidad, se atrevían a realizarles alguna pregunta. El resto simplemente se limitaba a mirarlos. Resultaba ciertamente bochornoso. Aquel malestar desapareció cuando un joven de no más de veinte años les acercó una bandeja con alimentos preparados, listos para comer. El estómago del anciano rugió, evidenciando su creciente apetito. Apetito que estaba empezando a ganarle la partida a la desconfianza. ¿Qué demonios? Se lo habían ganado.

Apenas cogió un trozo de cecina tostada en miel cuando le invitaron a sentarse en una de las tres improvisadas yacijas que habían preparado para ellos. Estaban las tres dispuestas una al lado de otra, y junto a todas ellas había vendajes, ungüentos curativos y hasta una aguja y sedal para coser, si fuera necesario. El anciano no tenía heridas de gravedad, aunque no rechazaría que le limpiasen, o incluso un buen masaje.

Cuando los tres estuvieron acomodados en las yacijas, Johan cayó en la cuenta de que aún no conocía sus nombres, ni ellos el suyo.

Mi nombre es Johan— Les dijo, dirigiendo su vista a uno y después al otro —¿Junto a quién he tenido el placer de combatir, si puede saberse?

Johan recupera su espada.

  • ninguna
  • Acción
  • espadamejorada,armascortantes,astuto
  • Mano
  • perspicacia
  • Heridas

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Cordelia Berbedel

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Cordelia Berbedel » 12 Mar 2017, 00:24

El fulgor del hechizo del pequeño mago atrapó la atención de la malherida muchacha, quien apenas alcanzó a observar el final de aquella monstruosidad taurina por el rabillo del ojo, ocupada como estaba en atenderse malamente tanto como le permitía la arena y la situación de alerta en la que se hallaba envuelta hasta ese momento.

Cunad la nube de polvo se disipó, el silenció pasó, junto con la bestia, a formar parte del pasado, y los vitoreo inundaron la arena con su eco atronador compuesto por los vientos de voces de los excitados espectadores del combate.
Fue esa multitud la que hizo que Cordelia tardara unos instantes en procesar las palabras del valeroso anciano que le extendía la mano.

La joven lo miró directamente, con sus ojos de un claro ámbar. Su mirada se achicó, y unas leves arrugas envolvieron sus espesas pestañas, denotando, pese a que la oscura tela seguía cubriéndole el rostro hasta el puente de la nariz, una sonrisa.
Con la sorpresa que había movido ese gesto, Cordelia extendió la mano desnuda y delgada, pálida y rasguñada por el inclemente suelo ante su impacto, regodeándose en lo particular que, después de ver que había ocurrido a la quimera tras tocarla, aquel hombre no tuviera el menor recelo en ofrecerle la mano.
-Mejor que la quimera.-Se escuchó la suave voz de mirlo que escondía la joven tras la bufanda. Aunque había un deje cansado en su tono, y dolorido por las heridas, ni el miedo ni los nervios hacían zozobrar ninguna de sus palabras.

Cojeando con lentitud para no lastimarse mas de lo que ya estaba, fue llegando hacía sus nuevos camaradas en las escaleras que llevaban al podio, donde los mas apoderados tendrían el lujo de observar a los campeones de la arena, como aquel quien examina de cerca una bestia exótica amaestrada.
El anciano parecía vagamente consciente de aquella realidad, o aquello consideró la joven como el motivo mas plausible de su gesto de desagrado, a no ser que tuviera alguna clase de alergia al lujo.

Un par de personas vinieron a atender sus heridas, así como las del mocoso. El primero en llegar se apuró rápidamente a atender al pequeño muchacho, mientras el segundo le tocó por descarte atenderla a ella, y no parecía especialmente emocionado.
La maga no intercambió palabra alguna, se limitó a disfrutar en silencio de ese pavor que parecía tener el medico en contraer alguna enfermedad nada mas tocarla, y a su vez, mantuvo la precaución de no hacerle sospechar ningún salmo, quedándose en silencio, con tal de evitar que saliera corriendo sin tratarla.
Intentando romper la parálisis del mata sanos, ella misma se arremangó los faldones negros que ocultaban la capa, y sacó la pierna por entre las telas dejando al descubierta su delgada extremidad hasta poco mas arriba que dos palmos pasada la rodilla. La piel era tan blanca que parecía reflejar la propia luz del sol, como si fuera la primera vez que esta bañara la superficie de su tez. Tenía un aspecto tan fragil que daba la sensación de que podía cotarse con una hoja de papel, o amoratarse con el simple tacto de la mano.
La herida estaba cubierta de un precario vendaje hecho con un pedazo de tela arrancado y deshilachado, ya empapado en sangre. La piel que bordeaba el pésimo arreglo estaba enrojecida, por el carmesí liquido que se había derramado antes de parar la hemorragia.
El sanador asignado dudó unos instantes antes de empezar su trabajo, y con un marcado recelo sacó ese estropicio de vendaje para empezar a tratar el agujero de la cornada.


Cordelia se sacó la capucha polvorienta por la tierra de la arena, y aflojó la bufanda hasta que quedó colgando holgadamente sobre su pecho, descubrió su rostro de piel de pergamino igual de blanca que la del resto de su cuerpo. La melena negra, ondulada, que se escondía dentro de la capa, era tan opaca que no lograba si no acentuar ese contraste, y su aspecto fragil y enfermizo.
Los ojos ambarinos pasaron distraidamente de encima del anciano o el niño a la comida que les ofrecían, y, pese a que su gesto se torcía de dolor de forma esporádica mientras el medico trabajaba, las comisuras de sus labios se alzaban de forma ligera, conformando una calma sonrisa que se empeñaba en volver una vez tras otra a su sitio.
Si bien pudiera haber parecido bella de haberse hallado quizás en mejor estado, había algo en su apariencia, su palidez no era lozana, y pese a que sus ojos eran grandes y enmarcados por espesas pestañas, aquella combinación de tanto contraste le daba un aspecto extraño, que hacía su apariencia más incomoda de lo exótica que pudiera llegar a resultar.

-Es un placer conocerle Johan.-Inclinó con gentileza la cabeza, de deslizarse con gracia, los bucles azabaches con el movimiento de su testa.-Mi nombre es Cordelia.-Se presentó, para luego dedicarle una mirada llena de curiosidad al pequeño niño que había llamado la atención de todos.-También es un placer el conocerte a ti.-Le dedicó al niño aquellas palabras.-Curioso artefacto el que posees.-Acotó, a la vez que alargaba la mano desenguantada hacia bandeja de comida, para desagrado del encargado de acercársela, para mas entretenimiento de la muchacha.

Cordelia empezó a hacer desaparecer los canapés entre sus labios, al ritmo de las pausas que permitía la aguja de sutura del medico, algo rudo que intentaba terminar raudo con su trabajo, y que le arrancaba quejidos quedos de dolor que contenía entre dientes y gula lo mejor que podía, con tal de dar el mínimo espectáculo posible a los nombrados con quienes compartían las gradas.

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Demris

Re: [Libre] La arena de Frengkhleryasnalj

Mensajepor Demris » 12 Mar 2017, 14:08

El viejo le había llamado héroe.

Llevaba meses en ese viaje por todo Tahiel con la intención de convertirse en un héroe y ahora alguien le llamaba por ese título. ¿Sería verdad?, ¿contaba un espectáculo como un acto de heroísmo?, ¿le llamarían otros de esa manera?... no tenía claridad con las respuestas, pero se sentía bien. Miró a la multitud y vio que disfrutaban del espectáculo.

Pero aquella situación no calzaba completamente con lo que tenía en mente. Había leído libros sobre los héroes y ellos salvaban vidas, no realizaban espectáculos para la mera diversión de la gente. ¿Era un héroe o no?.

Mientras pensaba esas cosas fue llevado a un lugar especial, para sentarse en unos asientos cómodos, no los tablones donde todo había comenzado, recibiendo además atención de parte de algún tipo de médico.

Los procedimientos de la medicina común podían ser bastante invasivos y Demris tenía los propios, así que acumuló si magia en su mano. Esta vez no era una energía caótica, oscura, sino un resplandor armonioso, equilibrado, de un celeste que transmitía relajo y seguía patrones estables, formando una especie de mandala en torno a su mano. Tocó su propio hombro, dejando que la magia fluyera por su espalda.

No era la primera vez que usaba la sanación sobre sí mismo, pero nunca dejaba de ser una experiencia agradable, si bien extraña, la de sentir sus propios tejidos crecer rápidamente, entrelazarse y llenar espacios heridos. La magia psíquica de la restauración se basaba en los sentimientos positivos, lo que podía explicar en parte la sensación agradable.

Soy Demris —comentó el chico a la pregunta del viejo, sentándose más cómodo ahora que su herida, tan dolorosa momentos antes, dejaba de ser un problema. Luego contestó a la chica —. Es una pistola, es como un cañón, pero pequeño... en el muro tienen algunos cañones, pero no los usan mucho, cuando disparan asustan a la gente.

El espectáculo siguió en la arena, mientras Demris tenía la oportunidad de verlo de cerca, disfrutando de comida, que por cierto aprovechó hasta la última miga, e incluso de una jarra de hidromiel mezclada con agua. Gladiadores que en apariencia tenían entrenamiento profundo en las artes del combate se batían con criaturas salidas de pesadillas. Demris pudo ver otra quimera, esta vez con alas de águila y garras de león, seguida de una pequeña horda de manchados y hasta lo que parecía un demonio. No dejaba de ser increíble, pero comprensible, la afición del pueblo de los Balor'an por el combate. Al final, de entre ellos salían los defensores del muro que debían ver cosas aún peores y luchar sin tener el apoyo de un público, sólo la soledad de los vientos gélidos del muro.

El niño estaba tan concentrado en los combates que no se percató de la persona que se acercaba a ellos. No era uno de los médicos, ni tampoco traía comida o bebida, sus ropas no eran las de un sirviente, sino de alguien adinerado y, aún así, había una postura ligeramente inclinada, propia de alguien que no quiere llamar mucho la atención.

Saludos, gladiadores —dijo sin levantar mucho la voz.

A pesar de que sus ropas podrían haber hecho pensar que se trataba de un hombre, la voz era femenina, lo mismo que el rostro, parcialmente cubierto por una capucha.

Primero que todo, debo contaros algo, yo he sido quien ha dejado escapar a la quimera. No esperaba que la chica participara, ni mucho menos que la pelota escogiera a un niño y un anciano, pero así como soy sincera en contaros la verdad, planteo también mis motivos. Necesito personas valientes para una misión importante. Puedo pagar muy bien los servicios, pero es algo peligroso. Si estáis dispuestos a conocer de qué se trata, por favor id al árbol más grande de la plaza, a la salida del coliseo, cuando termine el evento.

¿Quién es usted?, ¿no podía simplemente preguntar? —quiso saber Demris, pero la mujer no parecía dispuesta a responder preguntas, no al menos en ese momento, simplemente caminando de manera discreta para alejarse entre los asientos.

  • restauracion
  • Acción
  • reflexion,psionismo,pistolarunica,pequeno
  • Mano
  • ninguna
  • Heridas
Última edición por Demris el 12 Mar 2017, 14:12, editado 2 veces en total.

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