Salvando la Reliquia [Evento]

Avatar de Usuario
Gan
Moderador Global

Salvando la Reliquia [Evento]

Mensajepor Gan » 13 Feb 2017, 07:47

Por orden de Lord Anerio Magnus, senescal de Sanctuarium y voz del rey Titus Heros, Señor de La Unión, se establece que,

Todo aventurero con experiencia en los peligrosos bosques del reino se presente ante su señor feudal más cercano para recibir futuras instrucciones. Su señor puede elegir quienes servirán para estas misiones, pero negarse a prestar ayuda será considerado un acto de alta traición, delito cuyo castigo es la muerte.

Comentar sobre el propósito de estos eventos, esparcir rumores o crear cualquier obstáculo se considerará también un acto contrario a La Unión y quien los cometa recibirá castigos que irán desde tormento hasta la muerte.

Queda estrictamente prohibido reunirse en secreto en las tierras del reino. Cualquier tipo de asociación debe hacerse bajo la aprobación del señor feudal o, en Sanctuarium, con aprobación de la Manus Regis.

Queda prohibido salir de cualquiera de los territorios o ciudades de La Unión sin contar con un salvoconducto emitido por la autoridad del señor feudal local o la Manus Regis.

Se establece un toque de queda en todo el reino. Desde el momento en que el sol se esconda en el horizonte todos los ciudadanos deben estar en sus respectivos hogares. Cualquier persona descubierta en las calles sin salvoconducto será azotada en la plaza pública.

El presente decreto se extenderá de manera indefinida hasta que se emita uno nuevo con la autoridad real para revocarlo y es efectivo de manera inmediata.


_______________________________

Mis ojos se clavaron en el pregonero, formando una mirada que podría perfectamente atravesar el estúpido papel que estaba leyendo. A cada palabra que decía, mi rostro se volvía más y más amargo. Algunos de los presentes me miraron un instante y retrocedieron. Hubo algunas quejas y murmullos cuando se mencionó el toque de queda, pero aquello se había convertido en el menor de mis problemas. Sentía un gran impulso de acercarme a aquel hombre y golpearle en su estúpida cara. Pero me reprimí. No era culpa suya. No cambiaría nada.

Me di la vuelta, evitando la plaza mayor y las calles más transitadas. Solo cuando el murmullo de la gente empezó a desvanecerse me di cuenta de que había estado emitiendo un largo y grave gruñido durante los anteriores cinco minutos. Me detuve, pero mi humor no mejoró mucho. Aquello era prácticamente una llamada a las armas. Por supuesto, a la mayoría de la gente no le afectaría. puesto que era muy fácil el fingir no ser capaz. Después de todo, la mayoría en Zinvanar eran comerciantes de caravanas o tenian algún negocio. Pero mi aspecto prácticamente gritaba "¡Conozco magia que casi nadie usa!". Naturalmente, los rumores tampoco ayudaban, y esconderme no era una opción. Incluso salir de la ciudad era imposible. No había remedio: iba a tener que cumplir una misión, incluso si suponía interrumpir mi busqueda. Por mucho más importante que mi objetivo fuese.

Suspiré, algo molesto. Cada vez que daba un paso en la dirección adecuada, tenía que pasar algo. Pero cuanto antes empezase, antes podría volver a mis asuntos.

Lo primero era lo primero. ¿Donde demonios había un señor feudal? Probablemente era mejor preguntarle a Flynn Tale. Después de todo, era su ciudad natal.

...pero, ¿donde demonios estaba Tale?

Aquella pregunta era un misterio aún mayor. Ese hombre podía estar flotando por cualquier parte en esos momentos. La semana anterior le había dejado sólo durante cinco minutos, y cuando le volví a ver, estaba provocando a un Manchado gigante.

Probé en la posada que me había recomendado. Supuse que también se hospedaba allí, pero no le encontré. Ni siquiera había un rastro claro: los olores de la ciudad eran demasiado ajenos y confusos, mezclandose continuamente. Decidí entonces preguntar por el señor feudal: encontrar a Flynn solo sería posible a través de coincidencias particularmente improbables

El lord, sin embargo, no fue dificil de encontrar. Tan solo tuve que preguntar un par de veces y caminar unos pocos minutos. Una vez me acerqué, los guardias apostados en las puertas de lo que era casi una mansión formaban prácticamente un letrero. El hombre, "Lord Cyrus" no era demasiado particular. Un hombre en sus treintaypocos, de cabello castaño y corto. Parecía serio, o incluso aburrido, aunque su rostro reegistró un mínimo cambio al verme entrar.

-Oh, creía que era sólo un rumor absurdo.- dijo, alzando una ceja.

-Entonces... ¿podría haberme librado?- chasqueé la lengua, maldiciendo entre dientes. Cyrus rió ligeramente.

-Probablemente. ¿Es cierto lo que dicen?- preguntó con un deje de curiosidad.

-Algo. Parte. Todos los rumores tienen una base real, salvo los más absurdos.

-Hmm. Bueno, si es cierto que sabes manejarte contra Manchados, hay una misión que te vendría bien.


"Hace años, una expedición se adentró en el Este en busca de una reliquia, el Espejo de Almas. Lo encontraron, pero al volver a Tenoc, un gran grupo de Manchados les tendió una emboscada. Sólo hubo un superviviente, que escapó con un caballo en medio de la refriega. Según su testimonio... había más cadáveres de los que correspondian. El explorador asegura que, además del Espejo, había otro objeto. Algo que, según él, emitió una luz que inmovilizó a los Manchados y le permitió huir."

Los inquisidores de la Luz creen que se trata de otro artefacto, uno de su propia religión. Tu misión es ir a Fenris. Allí te encontrarás con el Inquisidor Grahm, que liderará la expedición. Debeis recuperar ambos artefactos y devolverlos a Fenris. Se te proporcionará un salvoconducto para salir de la ciudad y permanecer hasta después del toque de queda, pero si no respondes ante el Inquisidor en menos de una semana, ambos serán nulos y se te considerará un traidor a la Unión."

El hombre terminó la última frase de forma monótona. Probablemente era una advertencia que le había dado a todo el mundo. Suspiré. El camino hasta Fenris era largo, y hasta Tenoc, aún más. Pero no quedaba otra opción.



_______________________

Me dirigí a las puertas de la ciudad. Por fortuna, había una caravana que estaba saliendo en dirección a Hemos, por lo que probablemente podría aprovecharme e ir con ellos. Después de todo, también debían ser "voluntarios" para alguna misión, o no les permitirían salir. Estaba presentando mi salvoconducto y esperando a que dieran el visto bueno cuando noté un olor familiar.

-¡Tale!

El comienzo de mi PJ transcurre en Zinvanar, una semana antes de la expedición. No es obligatorio para el resto empezar ahí, pero dejaré esta ronda y la siguiente para establecer las condiciones del reclutamiento, como responde cada uno... Tampoco es necesario interactuar en esta ronda, siempre y cuando todos estemos en Fenris para la siguiente.

Pero si que debéis preparar vuestra mano.


  • ninguna
  • Acción
  • armaespiritual,favorespiritual,desplazar,desafortunado
  • Mano
  • ninguna
  • Heridas
Última edición por Gan el 13 Feb 2017, 07:48, editado 2 veces en total.

Avatar de Usuario
Flynn Tale

Re: Salvando la Reliquia [Evento]

Mensajepor Flynn Tale » 13 Feb 2017, 16:24

Cruzado de brazos, escuchó atentamente las palabras que el pregonero, a las puertas de la ciudad, dedicaba a una muchedumbre que parecía ansiosa por abandonar la urbe. - ¿¡Que significa esto!? – Una voz anónima entre el gentío pronunció lo que todos parecían estar pensando - ¡Me gano la vida en los caminos! – Dijo otro - ¡No puedo quedarme sin hacer nada! ¡Mis mercancías se van a pudrir! – Los murmullos se fueron acrecentando según el pregonero volvía a repetir, una vez más, aquel discurso. – Mi marido no me puede dejar sola, es tiempo de cosecha.

Las protestas comenzaron a sucederse, aun cuando la mayoría de estas no tenían fundamento, Flynn, se limitó a suspirar ¿No iba a poder salir de la ciudad? ¿Un toque de queda? Se encontraba dividido ante aquel discurso, por una parte, la promesa de aventuras era tentadora, aquello no era sino un trabajo que acababa de caer en sus manos, una excusa para usar su arco y ser un héroe, pero, por otro lado, a una parte de él le gustaría librarse de aquel “reclutamiento forzado”, seguía prefiriendo poseer la suficiente libertad para elegir sus aventuras y por quien luchar.

Negó con la cabeza y se alejó del anunciador, fuese lo que fuese, no importaba que a él le gustase o no, muy a su pesar, no le quedaba más remedio que cancelar sus planes si no quería recibir una azotaina en mitad de la plaza mayor o, como decía el hombre canoso que gritaba a viva voz aquellas aciagas noticias, torturas hasta la muerte; Afortunadamente para él sus planes se reducían a viajar sin rumbo por lo que podía permitirse pausarlos.

No le costó mucho esfuerzo encontrar el palacio del Lord local, una lujosa mansión estrictamente custodiada en la que, en cualquier otra situación, no le habrían dejado entrar.

- ¿Qué tenemos aquí? – El hombre de mediana edad que tras una larga mesa de caoba escribía algo indescifrable para el vagabundo en una larga hoja de papel blanquecino ni siquiera alzó la mirada – Vengo para el trabajo – Afirmó Flynn girándose a observar detenidamente el ostentoso cuadro que descansaba justo a un lado de la entrada a aquella habitación, no solia tener la oportunidad de acercarse a cuadros como aquel. El Lord alzó la vista al oír estas palabras y enarcó una ceja - ¿Tú? ¿Estás seguro de que…? – Se encogió de hombros antes de terminar de formular la pregunta – Bueno, tú mismo – Flynn sonrió, aquello había sido fácil – ¿Qué tengo que hacer entonces? – El hombre vertió un líquido ocre en la copa de cristal que tenía junto a él y le dio un largo trago, para después volver a escribir en la hoja de papel una larga lista de números y palabras – Han sido muchos los que hoy se han pasado por aquí… - Dijo en voz baja – Estoy empezando a cansarme de esto… ¿Cómo te llamas muchacho? – El señor feudal miró al arquero que, en ese preciso momento, estaba jugueteando con la armadura dorada que estaba expuesta en uno de los extremos de la estancia – Flynn Tale – Dijo sencillamente – No toques eso – Ordenó el noble mientras volvía a sus apuntes y suspiraba – Muy bien señor Tale – El hombre se levantó cuando termino de escribir y se terminó el contenido de la copa de un trago – Te vas para Fenris.

***

De nuevo en las puertas de la ciudad se encontró con que estas estaban literalmente cerradas para las personas comunes, todo el que no tenía salvoconducto era empujado de vuelta a la ciudad, por las buenas o por las malas.

Oteó el lugar con la mirada y, tras discernir entre las pocas personas que había allí un par de caravanas que estaban a punto de salir de la ciudad, enseñó el papel que le habían entregado en la vivienda del señor feudal, uno que le daba el derecho a abandonar la ciudad bajo ordenes de este.

Suspiró levemente cuando su mirada se posó sobre las pocas caravanas que tenían permitido abandonar la urbe comercial, para alguien como él aquel evento era triste, un puerto con tanta actividad cerrado de aquella manera se mostraba, en cierto modo, nostálgico.

Mientras avanzaba en dirección a las carretas que abandonaban el lugar no pudo evitar preguntarse en que ciudad se había quedado encerrada la caravana de los Tale, y si de haberlo hecho, se habían visto obligados a, como él mismo, trabajar para el líder local.
- ¡Tale! – Una voz conocida le sacó de sus cavilaciones, girándose inmediatamente, pudo detectar el origen de la voz entre varias personas. - ¡Gan! – Dijo el arquero de buen humor - ¿¡Dejas la ciudad?! – Preguntó de buen humor, acercándose a su amigo – Pensaba que lo habías hecho hace un par de días – Se encogió de hombros y le mostró el salvoconducto - ¿Tienes uno de estos? Si no lo tienes te van a dar una azotaina – Suspiró algo apenado – Y yo que quería ir a Nueva Balor… – Recobrando el buen humor de improviso le dio una palmada al can en el brazo sin avisar de esto – Pero al menos ya no voy solo ¿A dónde tienes que ir? Yo voy a Tenoc… a algo de una reliquia. – Se atusó la barba y ensanchó la sonrisa - Sí, la ciudad en ruinas – Estaba seguro de que tenía que localizar algo, pero no estaba seguro de que, en cualquier caso, preguntaría al inquisidor con el que le habían dicho encontrarse. Negó con la cabeza y volvió a la realidad junto a su compañero – En cualquier caso, seguro que es interesante. ¡Una aventura! – Extendió los brazos y rodeó el cuello del hombre lobo con uno de estos - ¿A dónde dices que vas entonces?

***

Afortunadamente para el vagabundo, y quizás no para el can, ambos se dirigían al mismo sitio y, por un capricho de los dioses, el señor feudal les había otorgado a ambos el mismo objetivo.

El camino fue largo, pero no le importaba demasiado, hacía tiempo que no viajaba realmente con compañía por lo que Flynn se dedicó a charlar animadamente con cualquiera que se pusiese a su alcance; conductores, Gan, otros aventureros, cualquiera que tuviese el humor necesario para soportarle caía presa de sus palabras, los temas de conversación variaban desde los libros que leía hasta cualquier cosa absurda que le pasase por la cabeza.

Aunque hubiese aceptado aquello ligeramente a regañadientes, no podía afirmar sin mentir que estaba pasando un mal trago. - ¡Oh, ya llegamos! – Dijo Flynn señalando las murallas que se alzaban a lo lejos, creyó entender como el conductor de la carroza, que iba a junto a él, respiraba aliviado. – Por fin…



  • ninguna
  • Acción
  • arcoreforzado,tiroletal,posturacorrecta,desafortunado
  • Mano
  • ninguna
  • Heridas

Avatar de Usuario
Naranel

Re: Salvando la Reliquia [Evento]

Mensajepor Naranel » 13 Feb 2017, 23:43

Se lo había planteado varias veces mientras lo había seguido, pero finalmente no se atrevió.
El pregón la había pillado por sorpresa, pero por alguna razón no la sorprendió en absoluto. Cuando aquel desgraciado que se arriesgaba a una buena zurra por el mensaje que traía hubo finalizado, Naranel suspiró. Lo hizo más hastiada que indignada. No tenía ningunas ganas de ir. El rey, al igual que el resto de nobles, le importaba bien poco, pero su deber como protectora de la naturaleza era cuidarla, y para eso necesitaba el pequeño detalle de estar viva. Ella era una druida conocida entre los suyos por su carácter e ideas. Así pues, con el águila en el hombro chillando de vez en cuando, se encaminó hacia la casa del señor feudal.
Fue entonces cuando lo vio alejarse de la muchedumbre alborotada. Aunque Naranel conocía el animalismo no estaba tan familiarizada con él como con el naturalismo, y siempre le había llamado la atención. Le suscitaba esa curiosidad casi infantil que le hacía abrir los ojos y dibujar una sonrisa de oreja a oreja. Por un momento pensó que el señor feudal podía esperar, y empezó a seguirlo. Se mantuvo detrás con la suficiente distancia de por medio para no ser considerada un estorbo ni tampoco perderlo de vista. Más de una vez se vio tentada a hablarle, a presentarse y preguntarle, incluso, pero su indiferencia general sumada a la vergüenza decidieron que aquel no era el día para hacer un posible nuevo amigo.
Para su sorpresa, se dirigió al mismo destino al que ella tenía pensado acudir más tarde. Su sonrisa se ladeó, divertida. Se tornó en una mueca de fastidio cuando vio que no eran los únicos que acudían a la llamada. Volvió a suspirar fastidiada y esperó a que aquel lobo o perro, no estaba segura, can al fin y al cabo, se marchara. Entonces entró ella, y tras un intercambio breve de palabras, tanto que se sorprendió, y una explicación acerca de lo que debía hacer, salió de allí con el salvoconducto en la mano.
El águila se lo intentó picotear un par de veces.
Al salir ya no volvió a ver al can. Hizo una mueca de fastidio, volvió a suspirar —ahora apenada— y se dirigió a las puertas de la ciudad. Echó el águila a volar y le pidió que le guiara el camino.

***

Fenris le gustaba bastante. A pesar de ser un bastión militar tenía su encanto. Era tranquilo, práctico y se podían encontrar muchas cosas. Quizá por eso le gustaba. Allí había conocido a personas interesantes con las que había tenido conversaciones peculiares, y también había hecho algún que otro trato y había tenido algún que otro escarceo. Cerca de allí, de hecho, se encontraba la posada en la que se había apuntado a la incursión a la misma ciudad a la que debería dirigirse después.
Ese día se paseó por sus calles, olió, probó cosas, visitó tiendas y establecimientos varios, reconoció a un par de personas con las que conversó brevemente, acarició a todos los animales que se encontró y por fin se sentó en un banco a descansar y jugar con el águila.
¿Tú qué crees? ¿Todo esto va a merecer la pena o no? —el animal bufó las plumas y se hizo una bolita y Naranel emitió una carcajada limpia y sincera. —Sí, lo mismo pienso yo.
Estuvieron así un rato hasta que Naranel se mentalizó para lo que venía a continuación. Cuando lo hubo conseguido le dio el último trozo de carne al animal, se levantó y se encaminó en busca del tal Grahm.
  • ninguna
  • Acción
  • salvajismo,toquenatural,vinculosalvaje,debil
  • Mano
  • ninguna
  • Heridas
Última edición por Naranel el 13 Feb 2017, 23:43, editado 1 vez en total.
Imagen

Avatar de Usuario
Lunarel

Re: Salvando la Reliquia [Evento]

Mensajepor Lunarel » 14 Feb 2017, 02:15

Las velas teñían la sala de suspenso, casi a sabiendas de lo que ocurría. Bajo espesas capuchas los tres rostros eran apenas visibles, resguardándose en las artes del sigilo en las que tan entrenados estaban, procurando fidelidad a su credo, a no ser distinguidos. El silencio era todo lo que se oía cuando la voz ronca del sacerdote Cliserio no hacía ecos en los techos de la sala.

La figura del maestro era la única iluminada. Su rostro era surcado por incontables arrugas que denotaban su sabiduría, según algunos decían; otros elegían una mirada más sombría, y aseguraban que en la vejez uno se arruga más al tener experiencia con la tortura y la ausencia de misericordia. Y en el caso de Cliserio, ambas opiniones tenían un poco de verdad en ellas.

Dos bolsas caían pesadas bajo los ojos dorados del sacerdote, que vigilaban a las tres figuras frente a él. Con el ceño fruncido comentaba la situación de la Unión y las misiones encomendadas a cada uno de los aprendices. Agitó una mano huesuda y los primeros dos encapuchados dejaron la habitación.

— Tu misión es la de dar amparo en la recuperación de la reliquia perdida y descubrir los verdaderos motivos de esta búsqueda. — La voz del sacerdote era grave e inspiraba respeto. — Tu viaje da inicio al alba, no falta mucho tiempo. Si los dioses lo desean en poco más de una semana llegarás a Fenris.

El sacerdote tomó el lacre de la mesa y lo acercó al candelabro, sosteniendo en su otra mano un sobre.

— Grahm, un inquisidor. Con él te encontrarás.— mencionó, dejando caer gotas rojas en el sobre. — Él será el líder de la expedición. Claramente no está asociado a nuestra escuela pero su afinidad religiosa podrá ser de utilidad. Se requiere saber cuál es el propósito de esta expedición, pues fuentes confiables sugieren que no se busca en las reliquias una cura para el rey, sino que se cree en la existencia de intereses secundarios. Corren rumores sobre una potencial herramienta en el Espejo de Almas; una herramienta que en las manos equivocadas traería un desequilibrio que no podemos permitir.

Grabó su sello sobre el papel y acercó el sobre a Lunarel. Cliserio sonrió al ponerse de pie.

— Prepárate para el peligro, muchacho. Esta será tu primer misión lejos de Asivia. De esto dependerá tu reputación. No esperes encontrarte con contacto alguno, dicho esto deberás ser más fiel que nunca a tus votos. De otra forma...

El sacerdote miró sonriendo a los ojos del joven. Sostuvo la mirada y Luna no necesitó de nada más para saber que el maestro no tendría piedad si la situación llegara a requerir un castigo.

— En la salida te serán entregados dos salvoconductos firmados por el señor feudal de Sanctuarium y de Fenris. El sobre debe ser entregado a Grahm, quien deberá permitirte ser parte de la expedición al leer la carta. — Caminando, rodeó la mesa hasta estar parado junto a Lunarel. El joven alzó la mirada hacia su maestro. — Que la bendición de los dioses esté siempre contigo. Sean tus viajes salvos. Que se haga la voluntad de los dioses. Ya puedes hablar. —

Lunarel sonrió, satisfecho a pesar de la intriga que manchaba el porvenir.

— Gracias, maestro. Juro en el nombre de Fezuria que haré todo en mi alcance para lograr esta misión. Que se haga la voluntad de los dioses.

Tras ponerse en pie, reverenció a su maestro y se retiró de la sala en penumbras.

  • ninguna
  • Acción
  • sanacion,clanmistarel,debil,plegaria
  • Mano
  • ninguna
  • Heridas

Avatar de Usuario
Gan
Moderador Global

Re: Salvando la Reliquia [Evento]

Mensajepor Gan » 14 Feb 2017, 20:28

Ver a Flynn mejoró un poco mi humor. Definitivamente, el viaje sería más ameno si tenía alguien con quien hablar, y el arquero siempre estaba más que dispuesto a ello. Como consideró oportuno revelar (e ignorando el decreto que prohibía el comentar sobre tales misiones), Tale también iba a buscar la reliquia. Uno de los guardias se volvió, dedicandole una larga e intimidante mirada que el hombre no pareció notar, pero acabó suspirando y volviendo a su puesto.

La charla de Flynn era incesante. El arquero se movía de un tema de conversación a otro, observando cualquier cosa que captase su atención. Era vivaz y energético, recordándome en varias ocasiones a un niño. Aquello tenía sus ventajas e inconvenientes: en cierto modo, era alegre y bueno para la moral de un grupo, ya que no generaba conflictos y le quitaba la tensión a cualquier situación. El inconveniente más evidente era el que todo aquel que tuviese oidos notaría en poco tiempo. Su conversación no tardaba en volverse cargante.

Respiré hondo y mantuve unas pocas conversaciones de poca importancia con el Zindo. Cuando empezaba a flaquear en paciencia o necesitaba un respiro, meditaba. El olor de los bosques a lo largo del camino era reconfortante, pero al mismo tiempo, quería saltar del carruaje y correr, perseguir, y disfrutar de la naturaleza. Quería ser un lobo, ser libre. Pero también debía ser humano. Tenía un deber que cumplir. Me dolía el atarme a mi mismo de esa forma, pero sabía que era por el bien mayor.

Aquello no me reconfortaba. Cerré los ojos, esforzandome en percibir lo que tenía alrededor. El Eco de la gente de la caravana. Todos estabamos obligados a cumplir un objetivo. Algunos a regañadientes. Otros, temerosos por su vida. Furia. Esperanza. Resignación. Incluso anhelo. El Eco de los vivos solía ser más confuso y cambiante, pero en aquel momento y lugar, la gente parecía simplemente no querer esconder lo que sentía.

Miré más allá, en los bosques que rodeaban el camino. Los animales se limitaban a seguir su naturaleza. Eran libres. Pero no siempre eso les llevaba a ser felices. Algunos espíritus se acercaron, curiosos. Para ellos, yo era como un libro abierto. Podían percibirme más incluso de lo que yo los percibía a ellos. Podían sentir lo que yo sentía. No escondí mis dudas. ¿Cual era mi lugar? ¿El bosque, o el camino? ¿A que iba a renunciar?

La respuesta era, en realidad, bastante clara. Era mi elección. Podía ir a donde quisiera. Mi hogar viajaba conmigo.

Suspiré, aliviado, y sonreí. Durante el resto del tramo, charlé alegremente con Flynn sobre libros.



____________________________


Finalmente, llegamos a Fenris. El bastión inspiraba cierta seguridad, con sus enormes murallas a pesar de ser, realmente, uno de los lugares más peligrosos dentro de la civilización. Agradecí efusivamente al conductor de la caravana, y me encaminé junto a Flynn al interior del fuerte.

La seguridad había aumentado, probablemente por el decreto real. Los bandidos empezaban a pasar hambre, ya que no había comerciantes que asaltar, y las unicas caravanas estaban llenas de combatientes. Lo malo era que con el hambre llegaba la desesperación, y algunos grupos habían llegado a intentar entrar a la ciudad sólo para robar la comida que pudiesen.

Tras preguntar a un par de soldados, descubrí que Grahn se encontraba en el fuerte exterior, cruzando el enorme puente de piedra. Era, realmente, una estructura más que impresionante, con una caida abismal. Me pregunté si, llegados a una situación de emergencia, podrían llegar a destruir el puente. Al fin y al cabo, era lo único que conectaba el paso al fuerte exterior.

Claro que eso era condenar a muerte a todo aquel que se encontrase fuera de la civilización.

Empujé aquel siniestro pensamiento de mi mente y me dirigí a lo que parecía un contingente listo para salir. Podía escuchar gritos, y a medida que me acercaba, podía ver la situación más y más clara. Era una discusión.

-¡...Tenemos gente de sobra! ¡Si llevamos más, atraeremos a todas esas abominaciones a kilómetros de aquí!- gritó uno de los hombres. Por su túnica y el símbolo de su armadura, deduje que debía ser el Inquisidor Grahm. Tenía pelo rubio y relativamente largo, pero su aspecto estaba impolutamente cuidado. Tal vez fuese parte de su credo. Fuera como fuese, estaba terriblemente furioso, mucho más de lo que sus palabras mostraban. Su interlocutor era un hombre extremadamente pálido, más de lo que creía posible, denotado aún más por su cabeza pelada. Sin embargo, su tamaño y equipamiento me decían que estaba más que sano: el tipo era enorme.

-¡Sabes perfectamente lo que ocurrió con el último grupo que intentó ir hasta Tenoc! ¡No voy a dejar que lleves más soldados a un suicidio!-

-Te olvidas de que YO soy el líder de esta expedición. No necesito la ayuda de unos herejes y salvajes para cumplir con mi cometido.- El veneno en su voz al decir la palabra "herejes" era casi estremecedor

-¡Son MIS hombres, "hermano"! ¡Y no van a morir por tu incompetencia!-

Podía verlo en los ojos de los presentes. Aquellos dos llevaban un rato discutiendo, y probablemente les llevaría aún más. Suspiré y me acerqué a la pareja.

-Genial. Un engendro.- dijo, mirándome de arriba a abajo.- Este debe ser de los tuyos.-

-Encantado de conocerte, Grahm. Deberías tener cuidado, si frunces más el ceño te saldrá una úlcera.- sonreí. Tal vez no se esperase que hablase o simplemente le sorprendiese la respuesta, pero la burla pareció sacudirle. Un segundo después, chasqueó la lengua y se dio la vuelta. -Bah, lo que sea. ¡Salimos mañana, llueva o nieve, con todo el que se atreva!- ladró, encaminado al puente. Algunos soldados le siguieron, mascullando cosas que no llegué a escuchar.

El hombre pálido me examinó atentamente antes de hablar.

-Hmm. ¿Vienes por la expedición, cierto? No esperaba que... hmm, como decirlo. Creía que la gente como tú no existía.- ladeé la cabeza, algo confuso, pero entonces lo entendí. Tenía la misma mirada que Aldyr me había echado la primera vez que nos vimos. La mirada de alguien que había oido historias de hombres animales. Reí ligeramente, divertido por su reacción.

-Bueno, seguro que Grahm tampoco esperaba que le insultase, pero ya ves... soy un saco de sorpresas. ¿Cual era su problema, de todos modos?

-Hmph. Es un Inquisidor, ese es su problema. Estan demasiado acostumbrados a obtener lo que quieren. Este en concreto quiere tener una incursión que sea exclusivamente de soldados de su religión.- negó con la cabeza, suspirando. Si tenía alguna duda, estaba despejada: aquel hombre confiaba más en los espíritus y los chamanes que en dioses. Al igual que Aldyr, el hombre debía ser un Balor'An. -Hay dos artefactos que rescatar, y este loco nos está dividiendo por religión No tengo ni idea de lo que piensa hacer, pero no le voy a quitar el ojo de encima. Me da igual si le han puesto al mando: estos son mis hombres, y siempre lo han sido.-

Eché una mirada al grupo que se había quedado. Eran algo más de la mitad del grupo original.

-Creía que esta ciudad era territorio Drecario, principalmente.- dije, dejando mi pregunta no formulada. Casi todos los Drecarios seguían la Luz. ¿Por qué no se habian ido todos junto al Inquisidor?-

-La mayoría lo son, pero muchos venimos del Muro. Así que tienes a los Balor'an espiritistas, a los que valoran más lealtad que religión, y... a los que siguen la Luz tanto que les acaba cegando. En fin, sólo queda esperar que no se convierta en un problema mayor. Id a descansar. Mañana será un día ajetreado.-

Asentí y miré a Flynn, analizando la información que tenía. Grahm había accedido a llevarse a todo el contingente, pero podía resultar un obstáculo luego. Volví a la zona civil. Había preparaciones que hacer.


  • favorespiritual
  • Acción
  • armaespiritual,armasdeasta,lanzar,desplazar
  • Mano
  • ninguna
  • Heridas
Última edición por Gan el 18 Feb 2017, 15:22, editado 1 vez en total.

Avatar de Usuario
Flynn Tale

Re: Salvando la Reliquia [Evento]

Mensajepor Flynn Tale » 18 Feb 2017, 14:21

Había realizado muchos viajes a lo largo de su vida como arquero vagabundo, pero nunca había estado en Fenris.

Lo primero que descubrió según se adentraba entre los gruesos muros de Fenris fue que aquel lugar difícilmente podía ser llamado ciudad, no era una urbe al uso, no era Sanctuarium, ni tampoco Mistar: Aquello era un baluarte, una fortificación construida en uno de los lugares más peligrosos de Tahiel, un castillo lo suficientemente grande para ser considerado ciudad, algo que hizo que el vagabundo sintiese cierta emoción por la situación en la que se encontraba.

Mirase a dónde mirase, había un guardia o un hombre armado, no estaba seguro de si siempre solía ser así o habían acrecentado la seguridad, fuese lo que fuese, indicaba problemas, por lo que podía oír decir a los transeúntes, el decreto real había complicado las cosas a los bandidos, que incapaces de asaltar las distintas caravanas mercaderes, se estaban empezando a lanzar desesperados contra los muros de la fortaleza en un intento suicida de llevarse algo a la boca.

Suspiró al oír estas palabras, no es que le cayesen bien los bandidos, pero no le deseaba a nadie el acabar empalado por una de las pesadas armas que descansaban en las murallas de la fortaleza. Pensando en la curiosa situación en la que se encontraba la ciudad, siguió a Gan a través del lugar, en dirección al fuerte exterior, el lugar en el que, según había podido descubrir el lobo, era dónde aguardaba el inquisidor que tenían órdenes de encontrar.

Las primeras palabras que Flynn escuchó decir al hombre que se iba a encargar de liderarlos estaban cargadas de ira, no muy lejos de la entrada al majestuoso fuerte, dos hombres estaban enfrascados en una discusión que, por su aspecto, llevaba un buen rato en marcha.

- Se respira liderazgo en este lugar – Dijo Flynn al ver esto, dedicándole cierta sonrisa socarrona a Gan, este sin embargo se encaminó a los dos hombres inmediatamente, sin apenas tener en cuenta la intensa discusión en la que estos estaban inmersos.

Los hombres no tardaron en reparar en su presencia, pues el rubio, el sujeto que portaba el emblema que el Lord de Zinvanar le había dicho buscar, no tardó en llamar engendro a su acompañante.

Flynn se cruzó de brazos y aguardó a que los presentes terminasen de intercambiar palabras los unos con los otros, no se le daba bien discutir, prefería no meterse de lleno en el asunto, principalmente debido a que carecía de la destreza metal con la que Gan había respondido al que, sin lugar a dudas, era el inquisidor Grahm. – Le has hecho huir – Dijo dándole un codazo amigable al lobo – Debería llevarte a ver a a varias personas a las que les debo dinero – Sentenció de buen humor, sin perder de vista al inquisidor que, tras decir la hora en la que partirían, se dirigia a la salida del lugar. - ¿Lo de hereje iba también por mí? ¿Tengo pinta de hereje? – Preguntó cruzándose de brazos, no obstante, nadie le respondió, Gannuvion y el hombre fornido comenzaron a conversar acerca de la situación de la ciudad y de la misión que debían de cumplir – …Así que había que recuperar artefactos – Dijo asintiendo para sí, como si fuese la primera vez que escuchaba el objetivo de aquella expedición. – Tiene sentido, sí. – La charla entre el chamán y el soldado no duró mucho más, el hombre aseguró a Gan, entre otras cosas, que él, y muchas otras personas que custodiaban el muro provenían del muro, de Nueva Balor, algo que, debido al tamaño del hombre y su apariencia Flynn había intuido desde un principio.

Después de que el Balor’an les mandase a descansar volvieron a la zona civil. – ¿Dónde vamos? – Preguntó el arquero cruzándose de brazos, no es que tuviese precisamente mucho dinero consigo, pero podía afirmar tener el suficiente como para alojarse en cualquier posada modesta de la ciudad, cosa en la que, por fortuna, no se equivocaba.

Debido a la necesidad de un salvoconducto para abandonar la urbe, muchos mercaderes y, en general, viajeros, se encontraban en la ciudad encerrados, incapaces de abandonarla, algo que obligó al vagabundo y al chamán a compartir habitación.

Así pagamos menos – Afirmó este entrando en la habitación dejándose caer pesadamente sobre una de las dos camas - ¿Tienes preparativos que hacer? – Inquirió sentándose ahora en la cama y rebuscando entre sus pertenencias – Puedo acompañarte al mercado si quieres – Tras varios segundos indagando en su bolsa de viaje localizó una fruta redonda con una tonalidad morada al fondo de la misma. – Yo tengo todo lo necesario conmigo – Aseguró tomando el fruto entre sus manos y, al mismo tiempo, dejando caer tres flechas a su lado, sobre la cama. - …Tampoco es como si tuviese dinero de todas formas para comprar nada más – Rio de buen humor y, muy cuidadosamente, clavó la cabeza de la flecha en el fruto, cosa que repitió con las otras dos saetas que tenía. Respiró hondo y, una vez se hubo asegurado que nada del líquido interior de aquella suerte de manzana morada se derramaba por el suelo, dejó aquella obra de arte digna de los nobles de Sanctuarium en la esquina más apartada de la habitación.

- Veneno – Dijo como toda explicación a Gan – No la toques hasta mañana… deja que se empapen. - Se tumbó otra vez en la cama - El zumo de esa fruta no es letal de por sí, pero con el metal se vuelve… creo que bastante letal – Aseguró cerrando los ojos, recordando las clases de caza que el viejo patriarca de los Tale le había enseñado.


  • ninguna
  • Acción
  • arcoreforzado,tiroenvenenado,tiroletal,impulsivo
  • Mano
  • ninguna
  • Heridas

Avatar de Usuario
Naranel

Re: Salvando la Reliquia [Evento]

Mensajepor Naranel » 19 Feb 2017, 03:53

Y es por esto que también debería haber mujeres en puestos de poder.
Naranel había escuchado parte de la conversación entre el inquisidor y el que decía que aquellos eran sus hombres, sólo el final, y le bastó para entender lo que estaba pasando. Dejó ir un suspiro largo y que denotaba hastío. Líder o no, si aquel imbécil seguía vivo era porque seguramente fuese demasiado cobarde para salir y enfrentarse a un peligro real e inexplicable. Si ese era el hombre que lo iba a dirigir todo entonces Naranel, sin predicción alguna ni contacto con los espíritus, era capaz de ver que el futuro era bastante negro.
Pero entonces apareció él, el can que había visto en Zinvanar. Se enfrentó al inquisidor y la dejó perpleja. Lo que al inquisidor le faltaba de valentía a él pareció sobrarle. La pelirroja se sintió aliviada de saber que al menos había una persona con sentido común. Una que no fuera ella, claro.
Cuando todo hubo terminado, y con una expresión de socarronería en el rostro, se alejó del lugar.
Los hombres sólo saben jugar a medírsela —explicó a su águila, que miraba alternativamente a su ama y a la muchedumbre con el pico abierto y la cabeza ligeramente ladeada —, y no es que parezcan tenerla muy grande, precisamente. Ya sabes, cuanto más se presume de algo...
Un par de hombres la miraron de reojo, pero ella simplemente sonrió con la sonrisa más ácida y socarrona que pudieran haberse imaginado.
No me miréis así. No es como si pudierais negarlo.
Parecieron ir a encararse con ella, pero para entonces Naranel ya había desaparecido entre la muchedumbre.
De modo que aquella orgullosísima religión para ricos sufría de ciertos cismas. Si no, cuanto menos de diferencias morales bastante abismales. Naranel sonrió y meneó la cabeza cuando, ya alejada del foco, callejeaba por Fenris.
No me sorprende en absoluto, pequeña —le susurró a su rapaz mientras le acariciaba el pico —. Qué podía esperarse de algo nacido en un momento de fragilidad moral y utilizado como herramienta para aunar riqueza y poder. Tienes suerte, ¿sabes? A ti nunca intentarán obligarte a nada.
Aquello le dolía. Si bien Naranel era consciente de que los animales no podían practicar la religión sí eran tratados constantemente como seres inferiores, y dado que ella también lo sufría por ser mujer, entre eso y el espiritismo la empatía era enorme. A su parecer, los que peor lo pasaban eran los caballos y las vacas, ya que eran abusados a diario. Acarició el pecho del animal con su la frente y suspiró.
Minutos más tarde ya había recorrido una distancia considerable, la druida tenía el paso rápido. A pesar de su primer paseo había un par de zonas que no había visto aún desde su llegada. En una de ellas se hallaba el lugar que había estado reservando para pasar la noche. Todavía no iría. Ahora se dirigía a una en la que, sabía, encontraría a alguien. Y ahí la vio. Ambas sonrieron. No era la primera vez que se encontraban, y ya parecían haber sentado las bases de su relación. Naranel besó el águila en el pico y la echó a volar.
Quédate cerca y vigila, pequeña. Come algo mientras.
Se aproximó a la mujer con andar sinuoso. Ella le esperaba en la entrada de un pequeño callejón. Se acariciaron la mejilla mutuamente y pasaron al pasillo de piedra y tierra. La pelirroja la tomó entonces de la cintura y la pegó a la pared. La besó. Agarró su melena negra con una mano. Ella le presionó las nalgas a la druida.
Quizá le pediría que pasara la noche con ella.
Imagen

Avatar de Usuario
Gan
Moderador Global

Re: Salvando la Reliquia [Evento]

Mensajepor Gan » 23 Feb 2017, 07:20

-Tampoco ha sido para tanto.- sonreí, encogiendome de hombros. -Pero si me hubiese llegado a molestar, si que habría sido digno de mención.- Dicho eso, estaba algo satisfecho por el cumplido de Flynn, de forma que mi cola empezó a agitarse ligeramente y mi andar se volvió más confiado. -Vamos a buscar un lugar para asentarnos primero, y luego ya veremos.

Tuvimos que visitar tres posadas distintas antes de encontrar una con habitaciones libres. E incluso esa sólo tenía una disponible. Al humano no parecía importarle demasiado, y yo tampoco pensaba quejarme. Aunque el regente había sido algo huraño.

A pesar de todo, valia la pena. Al llegar a la habitación, me lancé sobre la cama casi al instante. Era tan mullida. Estaba totalmente seguro de que no existía una superficie más cómoda en el mundo. Me estiré, ocupando toda la cama con mis extremidades, y sentí como todos mis músculos agradecían ese momento.

-Me encantan las camas.- dije con mi cara enterrada en una almohada. Después de dormir fuera durante una semana, estaba prácticamente en el paraiso. Casi me quedé dormido allí mismo, pero tras unos minutos, me levanté. Fue entonces cuando vi como Flynn clavaba flechas en una fruta. Le miré, ladeando la cabeza, hasta que explicó que simplemente estaba envenenando sus flechas. -Oh. Ya veo.- ¿Zumo que se volvía venenoso con metal? Era extraño, pero no nunca me habían enseñado nada de eso. Una pequeña broma cruzó mi mente.. -Cualquier cosa se vuelve venenosa si la pones en una daga y apuñalas a alguien.- reí.

Recogí mi "equipaje", que consistía en una vieja bolsa de viaje de cuero con unos cuantos bolsillos con escasas provisiones. La examiné más de cerca: estaba roida, sucia y gastada. Era hora de cambiar. Le hice un gesto con la cabeza a Flynn para que me siguiese y salí por la puerta, dejando la bolsa dentro.

Habíamos llegado en un momento especialmente oportuno. Los mercaderes no podian salir de la ciudad, y apenas llegaba gente nueva. Por ello, apenas podían vender nada, y habían rebajado sus precios, debido a su desesperación. Eran condiciones perfectas para comprar.

Lo primero fue una bolsa de viaje nueva. Los diseños eran interesantes. Aunque algunas eran grandes, preparadas para campañas de varias semanas, había otras más pequeñas que parecían no estorbar casi en ningún movimiento. Tenía sentido. Después de todo, el Anillo Mercenario de Fenris se especializaba en cosas que alguien fuera a necesitar fuera de la civilización, y nadie compraría algo que se convirtiese en un estorbo al combatir. Compré un morral resistente y de aspecto curioso, atado en diagonal por la espalda, como si se tratase de un carcaj grande. También me hice con un par de pequeñas bolsas de cuero para colgar de mi cinturón.

Aquello me salió por la mitad de lo que esperaba. Chasqueé la lengua, satisfecho, y me encaminé a la plaza central, donde me reabastecí en alimentos. Empezaba a sentir el peso sobre mi espalda, pero había un último lugar al que quería ir.

-La Forja del Éter.- dije, señalando a una pequeña colina que se alzaba fuera del plano circular del mercado. -Te suena, ¿verdad? La mejor herrería de todo Tahiel.- todo tipo de historias y rumores incluían la Forja. Cada vez que un héroe de canciones obtenia un arma legendaria, esta provenía de allí. Las propiedades de dichas armas variaban de historia a historia. Algunas eran irrompibles. Otras, se envolvían en llamas, brillaban, o cortaban todo demonio que tocasen. Pero siempre se consideraban increiblemente preciosas. Por supuesto, eran historias, pero mi curiosidad demandaba ver la forja.

-¿Te hacen falta flechas nuevas, Flynn? ¿O tal vez un arco? ¿...se hacen arcos de metal?- pregunté, subiendo las escaleras. El tramo era relativamente largo, y a pesar de que mostraba signos de ser muy transitado, no había nadie recorriendolo salvo el Zindo y yo.

Finalmente, llegamos a la cima. El edificio frente a nosotros era... muy distinto a lo que imaginaba. Parecía más un fuerte que una forja. De hecho, estaba seguro de que el bastión que se encontraba junto a las murallas estaba hecho con la misma técnica y materiales. Piedra oscura y perfectamente pulida, fría al tacto a pesar del sol y sin un mínimo rastro de erosión. Si no la hubiese tocado, habría pensado que era un edificio de metal.

No había nada que realmente indicase que se trataba de una forja, pero estaba determinado a preguntar. Me acerqué a la entrada y golpeé la puerta con el puño tres veces. Curiosamente, no hubo sonido alguno. Como si hubiese golpeado una tela de 20cm de grosor. Ladeé la cabeza. Estaba seguro de que la puerta estaba hecha de madera, aunque no sabía exactamente de que tipo. Miré a Flynn con una expresión entre extrañada y divertida. Aquello parecía casi un puzzle.

Llevé la mano al picaporte, y entonces me di cuenta de que no estaba fijado del todo. El extremo inferior estaba libre, despegado. ¿Se había roto? Era de plata pulida, muy bien fabricado. Pero sería extraño que un herrero no arreglase su propio metal.

-Ah, ya veo...- No era un picaporte. Era una aldaba, colocada debajo de la cerradura. Golpeé la puerta con ella una sola vez, y sentí el ruido resonar por todo el edificio. Como si hubiese usado un ariete. Abrí la boca, gratamente sorprendido. -¡Que cosa tan curiosa! ¿Crees que es magia o simple metal, Tale?- pregunté, agachandome en frente del metal. Fue entonces cuando la puerta se abrió, y vimos al maestro herrero por primera vez.

-No esperaba gente hoy.- dijo una voz masculina. Un hombre, alto y joven, me miró arqueando una ceja. -Nadie ha venido desde aquel decreto. ¿Se ha levantado?- preguntó. Negué con la cabeza, y se hizo un largo silencio. Nos miramos de arriba a abajo, examinandonos mutuamente. Era... extraño. Esperaba ver un maestro herrero, curtido con los años, fuerte y gruñón, pero aquel tipo era todo lo contrario. Delgado, rubio y sin barba alguna. -¿Eres... eres tú Dalvim Tor?-

-¿Qué? Eh, si. Pasad.- dijo, saliendo de sus pensamientos y caminando hasta un mostrador. -Si no se ha levantado el decreto, entonces es que vais a una expedición aprobada, ¿hmm? ¿Y necesitais algún arma?-

-En realidad, veniamos más bien por curiosidad. Pero si, tenemos una misión. Aunque no podemos divulgar detalles.- añadí, mirando fijamente a Flynn.

-Ah. Bueno, es normal. Siempre viene gente a ver la forja. A todos les pasa lo mismo. Venid, os mostraré un poco. No tengo nada mejor que hacer, de todos modos.- En la habitación en la que estabamos había distintos tipos de piezas normales. Bisagras, herraduras, y cosas de uso diario. Todas de gran calidad, pero nada tan remarcable como una espada legendaria. Claro que sería dificil hacer un negocio solo de eso.

El hombre nos guió por distintas salas y pasillos. Algunos eran practicamente almacenes. Era sorprendente la cantidad de cosas que tenian sin vender. Herramientas de acero, placas de metal... cada cosa en su respectiva sala, y nada estaba fuera de lugar. -¿Donde está la forja?- pregunté. El hombre sonrió y abrió una puerta que llevaba al exterior.

Sentí el impacto casi contuntente del aire caliente. La diferencia de temperatura era abismal. Nos encontrabamos en un patio abierto, pero inaccesible desde fuera debido a la montaña que se elevaba detrás, formando un enorme muro insondable.

.¿Hemos atravesado el Mar de Fuego, por casualidad?- pregunté. El calor de esa zona era casi insoportable. ¿Como podía trabajar alguien allí? Me detuve un segundo. Alguien *estaba* trabajando allí, en ese mismo momento. Me giré hacia Dalvim. -Creía que tú eras el herrero.-

-Muchos asumen eso. Pero yo solo me encargo de vender la mercancía.- confesó, encogiendose de hombros. -El verdadero talento está ahí.- señaló. A medida que nos acercamos, note dos cosas importantes. Una, la fragua era enorme y líquida. Pero no tenia ningún fuego normal. Era lava. La fragua era una piscina de lava. La segunda, era que el "maestro herrero" era una mujer. No una mujer fuerte, ni grande. Una mujer delgada, con rasgos típicos de los Mistarel, amartilleando una pieza de metal candente sin molestarse por nuestra presencia.

-...no es lo que esperaba.- admití. -Oh, ¿que es eso?

-Solo las mejores piezas que esta forja ha creado. Sea por sus materiales o por la calidad, son cosas que normalmente no se enseñan a la gente normal.- explicó. No muy lejos de la fragua yacian unos armeros de plata. En ellos, hojas relucientes, arcos negros y objetos de cristal que no reconocía. Armas legendarias. -...vaya.- Dije, mirando de cerca una especie de pesado cristal que estaba en el suelo. -¿Que es esto?-

-Cristal de Belia. Aislante térmico y electrico. Resistente. Absorbe maná de hechizos cercanos, eliminando energia que libera al ambiente poco a poco. No mezclar con acidos.- recitó la mujer, aún sin mirarnos. -¿Absorbe maná? No sabía que un cristal podía hacer eso...

-Si lo haces bien, un metal también puede hacerlo, e incluso usarlo a su favor. Como la lanza de tu izquierda.- añadió, desinteresada.

Aquella era el arma más bonita que había visto. Era clara y pulida, negra y sutil, pero parecía muy peligrosa. Unas pequeñas runas brillaban azules sobre la punta. La siguiente palabra sorprendió al mercader. -¿Cuanto?-

-Eh... no está disponible a la mayoría de la gente. Los materiales son caros, y el trabajo es...

-170 coronas.- cortó la mujer, ahora mirandonos de reojo. Busqué entre mis bolsillos y saqué un pesado monedero. Saqué cinco coronas, guardandolas en otro bolsillo, y le extendí la bolsa a Dalvim, para su asombro.

Toque mi lanza. Toda arma debía tener un buen nombre. -Alma.- decidí, mientras saliamos de la forja. -Se llama Alma.-



_______________________________

-De verdad, no era para tanto. Solo es algo de dinero que he ido ganando como chamán mientras terminaba mi aprendizaje.- le expliqué a Flynn al dia siguiente, de camino al Bastión. -Es una buena compra, estoy seguro.

-¡Manchados a las puertas!- gritó una voz. -¡Preparaos para despejar la zona! ¡Todos los combatientes, a la puerta principal! ¡Vamos a abrirla!-

Invoqué una segunda lanza en mi mano libre. No iba a ser un día tranquilo.

  • armaespiritual
  • Acción
  • desplazar,lanzar,lanzaarcana,armasdeasta
  • Mano
  • ninguna
  • Heridas


Un turno de preparación antes de que empiece lo divertido.

Avatar de Usuario
Flynn Tale

Re: Salvando la Reliquia [Evento]

Mensajepor Flynn Tale » 28 Feb 2017, 13:56

Siguió al perro por las calles de Fenris; después de haber dejado sus flechas en “remojo” ya no tenía nada relevante que hacer salvo esperar al día siguiente, por lo que decidió salir a comprar provisiones para la expedición que le esperaba junto a su compañero, era una forma curiosa de explorar la ciudad y conocer mejor a su aliado.

- ¿Y a dónde dices que vas a ir después de hacer esto? – Preguntó sin previo aviso, intentando entablar una pequeña charla con el chamán mientras avanzaban por las estrechas callejuelas. – Yo no estoy aún muy seguro… - Se llevó ambas manos hasta la parte posterior de su cabeza, sin dejar de caminar – Quizás vuelva a Mistar. – Aseguró sonriendo – O… ¿Nueva Balor? – Negó con la cabeza y sonrió – Ya lo pensaré supongo.

Como ya había observado con anterioridad las calles estaban repletas de mercaderes incapaces de salir al mundo exterior debido al toque de queda, por lo que a Gannuvion no le costó demasiado encontrar los objetos que andaba buscando en aquel mar de ofertas.
Flynn observó detenidamente cada compra que su acompañante hacía, él debía de ser insultantemente malo regateando, o quizás directamente no tenía buen ojo para las compras, pues no fueron pocos los objetos que Gan adquirió con apenas unas Coronas, objetos que él se había encargado de comprar en otras circunstancias y que le habían salido por el doble de precio.

Suspirando, le echó una ojeada al saco de cuero que el lobo se acababa de colgar a la espalda, era de buena confección, se podía ver a simple vista ¿Tan desesperados estaban los mercaderes por deshacerse de todo aquel material que estaban básicamente regalándolo? Sin perder velocidad, manteniéndose siempre junto a Gan, Flynn se pasó la mano por el pelo y se encogió de hombros.

El último lugar al que el lobo quería ir era a una herrería llamada “La Forja del Éter”, el chamán afirmaba que esta era la mejor herrería de todo Tahiel y por como hablaba, Flynn se sintió ligeramente preocupado por no saber la existencia de la misma – Pues… la verdad es que no me suena – Sonrió mirando el cartel de madera con un yunque grabado en él, la supuesta herrería estaba sobre una colina, fuera del “núcleo” del mercado - ¿Tan buena es? – Preguntó a continuación, comenzando a ascender tras el lobo. – No, la verdad es que no necesito nada nuevo… que yo sepa – Dijo con sencillez, repasando mentalmente su equipo. Las flechas que usaba no eran malas, podían ser mejores, sí, pero cumplían su función con bastante frecuencia - …Y no se suelen hacer arcos de metal – Se atusó la barba – Con componentes de metal sí… pero completamente… - Su arco tenía refuerzos de metal, los había comprado por que tenía la inusual manía de tensarlos hasta un punto en el que estos acababan partiéndose en dos, este seguía siendo, sin embargo, de madera en su mayor parte.

Los Zindos tenemos una unión bastante… compleja con nuestros arcos – Explicó mientras ascendían, puede que la magia Natural se le diese de pena, pero aquello era un mundillo que conocía bastante bien – Solemos hacer los arcos nosotros mismos – Aseguró sin ocultar el orgullo que había en sus palabras – El caso es que …La tradición dice que todo Zindo nace atado a un árbol ya vivo, uno que… no sé exactamente los tecnicismos de la historia, pero… ¿Ecos compartidos? Algo así – Sonrió al chamán y tomó el arma que pendía de su espalda, para enseñársela al can – Se dice que ese árbol, desde el momento en el que naces, es una extensión de ti mismo, que vela por ti en los momentos difíciles a través del fino hilo que os une – Respiró hondo y acarició la madera de su arco – Cuando llega el momento de partir, de alcanzar la madurez y abandonar la seguridad de la familia, de la caravana …cuando sales a buscar aventuras – Se acercaban a lo alto de la colina, la herrería, o más bien el fuerte que había en su lugar, comenzaba a ser perfectamente visible – …Tomas prestado una parte de esa planta para tus viajes. – Finalmente llegaron a lo alto de la colina – Muchos arqueros Zindos creen que hacer la madera de tu arco con tu árbol de nacimiento da buena suerte, otros piensan que es el mismo Árbol Sagrado el que guía tus flechas al hacer esto… – Aseveró pasando el dedo índice sobre la inscripción que, tallada en su arma, rezaba la palabra “Trotamundos” – Me gusta pensar que es cierto – Ensanchó su sonrisa para a continuación dejar escapar una carcajada nerviosa – Mi madre no paraba de recordármelo, al parecer la arquería era una de las pocas formas de meterme tradiciones en la cabeza – Negó con la cabeza y se cruzó de brazos - ¿Entramos pues? – Dijo señalando al fuerte.

Aquel lugar parecía cualquier cosa menos una herrería, la supuesta herrería parecía estar preparada para aguantar un asedio por su propia cuenta. Después de contemplar, curioso, como Gan llamaba a la puerta mediante una curiosa aldaba que parecía ampliar el sonido en varias magnitudes un hombre que no pasaría de su edad abrió la entrada principal a aquel baluarte.

Tras un intercambió rápido de palabras, Gan preguntó por un tal “Dalvin Tor”, momento en el que dejaron a ambos pasar al interior del edificio.

Lo primero que sintió Flynn al entrar fue la mirada de su acompañante cuando este afirmó no poder desvelar la razón de la expedición aprobada que estaban a punto de realizar, sonriendo a su compañero, asintió y decidió quedarse en silencio mientras este hablaba con el herrero.

Caminó a través de la herrería observando con detenimiento los objetos sin vender con los que se cruzaban, armaduras, espadas, todas ellas con un acabado inmaculado – Tenías razón – Dijo apoyando su mano en el hombro del lobo – Quizás me compre unas flechas aquí.

La siguiente sorpresa, dejando a un lado el calor infernal que sintió de golpe el vagabundo, fue la verdadera identidad del herrero, quien era una mujer que ni siquiera se giró a mirarles mientras trabajaba en la fragua.

No hizo ningún comentario al respecto, en un principio había pensado que el chico que les acompañaba era el que había fabricado todas aquellas cosas, y aunque también le había prejuzgado por su aspecto, lo cierto es que el ver trabajar a la mujer no hizo sino aseverar que era una buena herrera; El apenas podría levantar el martillo tres veces de estar en aquel lugar.

- Esto es asfixiante – Masculló Flynn apoyándose en una pared, no quería ni imaginar lo que estaba pasando Gan, que tenía todo el cuerpo cubierto de pelaje – Todo muy bonito, pero date prisa – Dijo sentándose ahora en el suelo.

Sin mediar palabra con ninguno de los presentes esperó a que Gan terminase de resolver los asuntos que le habían llevado hasta allí y, aunque en un principio parecía haber sido simple curiosidad, el lobo acabó comprando una lanza por nada menos que ciento setenta Coronas.

- ¿Alma? – Se apresuró a decir contemplando de cerca la lanza que el chamán había comprado – Suena bien. – Concluyó cruzándose de brazos después de pensarlo durante unos segundos – Pero… ¿Qué te parece Machaca-Manchas? – Después de unos segundos en silenció negó con la cabeza – Vale, se te dan a ti mejor los nombres que a mí.

______________________

- Eh, que yo no he dicho nada de eso – Dijo Flynn sonriendo ante la explicación que Gan le dio, él también había tenido unos ahorros cuando dejó la caravana, gracias a ellos había podido adquirir los refuerzos para su arco – Pero, déjame verla de nuevo – Dijo colocándose tras el lobo, buscando la lanza – Yo tengo que ponerle nombre a mi arco también, dime uno que… - Antes de que pudiese finalizar la frase, una voz alertó a todos los presentes, había problemas en las puertas y, por lo que parecía, reclamaban la atención de todos los que pudiesen combatir.

Flynn se hizo rápidamente con su arco y miró al chamán, sonriendo – Nos reclaman.


  • posturacorrecta
  • Acción
  • arcoreforzado,tiroletal,retroceso,impulsivo
  • Mano
  • ninguna
  • Heridas
Última edición por Flynn Tale el 28 Feb 2017, 16:32, editado 2 veces en total.

Avatar de Usuario
Demian
Administrador del Sitio

Re: Salvando la Reliquia [Evento]

Mensajepor Demian » 12 Mar 2017, 21:55

 ! Mensaje de: Penalización
Lunarel recibe una penalización de 20 puntos por hacer abandono de partida oficial de evento sin dar aviso.
Última edición por Demian el 12 Mar 2017, 21:55, editado 1 vez en total.

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado