Los dos lados del Muro

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Demris

Los dos lados del Muro

Mensajepor Demris » 15 Mar 2017, 01:08

De verdad era enorme.

No estaba seguro realmente de qué había esperado, por algo decían que era la obra más grande construida en Tahiel en toda su historia, pero realmente estar en su presencia era una experiencia que hacía al joven Demris verse a sí mismo con humildad. ¿Cómo habían levantado semejante estructura?, ¿cómo habían hecho para subir las piedras hasta lo más alto?, ¿qué pensarían los soldados que custodiaban sus torres más altas?, ¿serían capaces de ver Kalorei desde esa altura?

Demris estaba desde la hora indicada en el lugar en donde ocurriría el encuentro con la mujer. Se había criado en el frío sureño, por lo que no necesitaba realmente un exceso de ropa, pero de todas maneras sabía que proteger las partes más sensibles del cuerpo, como manos y pies, podía bien marcar la diferencia entre salir o no de allí... o al menos de hacerlo en una pieza.

No había amanecido hace mucho y aunque el sol comenzaba a iluminar, su calor era tan tenue que Demris comprendió por qué los soldados se movían con tanta energía de lado a lado, de otra manera sus miembros se entumecerían.

El movimiento aumentaba y se notaba que los Balor'an no se caracterizaban precisamente por la flojera o el descanso. Unos hombres cargaban una catapulta para subirla mediante un ascensor especial, otros bajaban de la guardia nocturna, otros más transportaban cargamentos de enormes flechas, tan grandes que seguramente no eran para ser utilizadas por un arco, sino algún tipo de maquinaria montada en lo alto, otros sólo realizaban ejercicios matutinos.

Si se fijaba bien, incluso algunos de ese pueblo guerrero podían ser tan jóvenes como él y ya trabajando en el muro, aunque era evidente que no eran destinados al combate directamente. Con todo, Demris tomó nota de no desafiar a ninguno de ellos a un duelo de fuerza.

Estaba en esas reflexiones cuando un sonido le sacó del ensimismamiento.

"Psst".

Demris se giró y vio a un hombre cuya edad le fue difícil estimar. Por un lado parecía un anciano desgastado por los años, con una joroba y todo, pero el oscuro color de su cabello y ciertas facciones de su rostro hacían pensar que en realidad era mucho más joven y sólo era lo que podría considerarse bastante feo. Quizás padecía alguna enfermedad.

Vengo de parte de la señora Jrullvar —aclaró con una voz raspada que le seguía haciendo a Demris dudar sobre la edad del sujeto.

El chico se acercó, de todos modos, no sin cierta desconfianza basada meramente en el prejuicio de ver a alguien de tal apariencia.

Tengo órdenes de esperar a 3 personas, un anciano, una doncella y un niño.

Seguro vienen pronto —confirmó Demris —, yo me vine un poco antes de lo necesario... estaba, mmm... nervioso.

El sujeto encorvado hizo un extraño sonido que el chico asumió que se trataba de una forma de risa y apuntó al muro.

La señora dice que sois capaces, pero déjame decirte que una vez cruces esa cosa estás en otro mundo. Allí no estarán los adultos para protegerte, ni puedes sólo dejar de jugar cuando estés cansado —comentó de manera casi siniestra el sujeto, lo que extrañó a Demris. Toda la explicación parecía salida a pito de nada, así que el chico se limitó a encogerse de hombros.

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Esta partida forma parte de la campaña: Tormenta al sur del Muro
Tipo de Reputación: Gloria.
La partida es inicialmente creada para los participantes de la etapa previa: @Johan y @Cordelia Berbedel
Si alguien más desea unirse debe primero contactarse conmigo.
Última edición por Demris el 15 Mar 2017, 01:09, editado 1 vez en total.

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Cordelia Berbedel

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Cordelia Berbedel » 15 Mar 2017, 01:40

La figura de Cordelia se presentaba una vez mas como una capa oscura y gruesa, que cubría por completo su silueta. La capucha puesta generaba una profusa sombra sobre sus ojos, ocultando su faz de la tenue luz del alba que aun luchaba por adueñarse del cielo. La bufanda se hallaba subida hasta los pómulos, de modo que solo esa rendija ensombrecida, de la que apenas se veía el brillo reluciente de sus ojos ambarinos, permitían ver algo sobre lo que se ocultaba tras ese abrigo que la envolvía con esmero.

Por primera vez en mucho tiempo Cordelia sentía el palpitar del corazón fluyendo por todo su cuerpo, y una fuerza inusitada recorrer su extremidades. Se sentía despierta, fuerte y ansiosa, por lo que la caminata hasta el muro había sido un buen comienzo para paliar esos nervios, y mantenerlos a ralla.
La hechicera tenía la sensación de que si dejaba de moverse su cuerpo empezaría a temblar, no por el frío, que apenas se colaba graciosa y agradablemente por la capucha hasta acariciar su rostro, si no por las ansias de la puerta que abriría aquel día hacia algo nuevo.

La visión del muro erguirse, imponente, magno, como una muralla entre el mundo de los vivos y el averno, donde miles de hormigas trabajadoras dedicaban hasta su ultimo aliento a defenderse de los tormentos, logró pausar esa excitación, y casi detener el tiempo.

Cordelia avanzó nuevamente, ya mas tranquila, como si la sombra de esa poderosa estructura lograra contener, no solo a los demonios y los manchados, si no también a ella.

La figura del pequeño niño, que había llegado antes que nadie, desvió su paso hacia la posición de este, sin embargo, no se detuvo en donde se hallaba, si no que pasó de largo hasta quedar cara a cara con la helada piedra, de modo que el vaho blanquecino de su respiración rompiera contra la roca. Una de sus manos emergió de la capa, y se posó con un rictus casi religioso sobre el muro, mientras su mirada se perdía en su inmensa altura.

Las palabras del peculiar sujeto que acompañaba a Demirs no cayeron en saco roto, y aún así, la hechicera tardo largos segundos en hacer oír su voz.
-Si los adultos bastaran para esa encomienda, el no se hallaría a las puertas del muro.-Musitó la muchacha con un tono bajo y aun así perfectamente audible, dirigiéndose sin lugar a dudas a aquel sujeto. Su mirada se enfocó finalmente hacia el chico y el peculiar hombre con el que se hallaba cuando había arribado a su vera.

Con sutil reticencia apartó la mano enguantada de la roca, para el que fuera lo suficientemente atento, se podía apreciar cierto recelo como si fuera presa de alguna clase de magnetismo, y se resistiera a dejarla ir por su cuenta. Aún así, la extremidad desapareció tras la capa vieja, mientras su dueña rotaba, quedando en frente de aquel desconocido, en pie tras el pequeño infante.
-¿Viene en nombre de la señora?.-Inclinó la faz hacia abajo, preguntándole a Demirs en vez de al sujeto que lo acompañaba.

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Última edición por Cordelia Berbedel el 15 Mar 2017, 21:11, editado 2 veces en total.

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Johan

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Johan » 15 Mar 2017, 19:30

El Gran Muro, prisión y a la vez redención para todo Tahiel. Johan observó aquella maravilla arquitectónica con respeto. Era tan sólo un infante cuando lo visitó por primera vez y, bastantes más de las deseadas, las ocasiones en las que tuvo que volver allí. En todas ellas, la impresión y el impacto ejercidos sobre el anciano eran considerables. El Muro le hacía sentir diminuto e insignificante —y ciertamente lo era— en comparación con aquella escala de gigantes.

Sin embargo, aquél día no tenía tiempo de admirar su grandeza. Acababan de llegar, antes incluso de lo planificado. El anciano se había separado de sus compañeros para resolver un asunto que traía entre manos con el guarnicionero del lugar. No le llevaría mucho tiempo, y con creces era sabido que le merecería la pena, tanto a él como a sus acompañantes.

Tras el breve tiempo que le llevó la tarea, Johan localizó a sus compañeros con la mirada y se dirigió hacia ellos. Iba a paso lento, pues el fardo de carga recién adquirido así le obligaba. A medida que se acercaba, reparó en la presencia de un tercer individuo que no conocía. Su apariencia extraña no le puso en alerta, pues todo ser viviente circundante a ese lado del Muro era aliado de la Unión. Al parecer intercambiaba palabras, primero con el niño, y después con la joven.

Una vez llegó a su altura, ni siquiera lo miró. Tenía otras cosas en mente antes que atender a desconocidos, por lo que, sin perder mucho tiempo, depositó sobre los pies de Cordelia uno de los morrales de piel que traía consigo. A continuación, arrojó a Demris otro morral más pequeño, pero igualmente pesado, para que lo atrapase con los brazos. El niño tendría que cargar con sus cosas tal y como harían los demás, pues, en cuanto cruzase el Muro sería considerado un hombre más a ojos del resto, sobre todo, de sus enemigos. Johan ya levaba su morral a la espalda junto a la espada, bien amarrada. En ellos había algo de comida no perecedera, pedernal para hacer fuego y agua.

Cortesía del Choto— Confirió a Cordelia, la única que sabía de quién hablaba, y acto seguido les lanzó a cada uno un manto de piel de oso —Es de la buena— Les aseguró —Si sobrevivimos a ésto, podréis venderla por más de lo que imagináis.

El extraño individuo seguía allí, frente a ellos, por lo que el viejo no tuvo más remedio que preguntar —¿Va todo bien?

La mirada que le dedicó no fue cortés, pero tampoco irrespetuosa. En un lugar como aquél los desconocidos no se acercaban a ti, ni siquiera para venderte nada, por lo que o estaba allí por la misión, o haría bien dejándoles en paz.

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Demris

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Demris » 15 Mar 2017, 21:36

No tardaron en llegar sus compañeros de aventura, tal como era esperable, pero lo que fue sorpresivo fue el fardo que le lanzó el viejo, el que fue lanzado a sus brazos. Con tal mala suerte el chico, al atrapar éste se tropezó y fue a caer sentado.

Sonrojado, se puso de pie rápidamente y tomó sus cosas, incluyendo el extraño fardo. Al observarlo y constatar su composición recién vino a caer en cuenta de algo... la misión podía durar más de una jornada. Ni siquiera le había dado vueltas a esa parte del asunto, en su cabeza todo se trataba de ir al otro lado del muro, esperar a que una espada brillara, ir por ella, matar a la criatura, quizás sanar las heridas y volver a dormir tranquilamente a una posada.

Si lo pensaba, pretender resolver todo ello en apenas unas horas implicaría que el objetivo se encontraba muy cerca del muro, lo que, si fuera así, conllevaría que los guardias del muro lo hubieran solucionado de inmediato sin dificultades. Suspiró.

En Kalorei tenemos una tradición en que un día en mitad del invierno los niños nos bañamos casi sin ropa en lagos congelados, haciendo un agujero en el hielo —comentó Demris, en su interior tratando de justificar la falta de precaución en traer equipo para el frío y la nieve. En el fondo sabía que una cosa era meterse unos minutos al agua fría luego de prepararse entrando en calor y otra muy distinta caminar por horas en la nieve.

El sujeto de extraña apariencia hizo un ademán a los tres, indicando que le siguieran. Al parecer no tenía intenciones de entrar en conflictos y ahora se limitaría a cumplir con su cometido.

Demris lo siguió, mientras caminaban por lo que parecía un puente que llevaba a una espcie de puesto de guardia. El camino no era largo, pero Demris tuvo unos instantes para pensar, reflexionar sobre sí mismo. Desde que había comenzado sus aventuras, incluyendo esa jornada donde conoció al chamán con cara de perro, el soldado imberbe y el arquero que se lanzaba de frente a los enemigos, solía meterse en problemas por no pensar en las consecuencias de sus acciones. La pelea de la arena había salido bien, pero bien podía haber terminado con él muerto si no hubiera sido por aquellas personas salidas de la nada para ayudarle. Así mismo, aquella vez con el troll él había puesto en peligro a sus camaradas y aún ahora requería ayuda de parte del viejo.

Recordó sus tiempos con la banda de forajidos, cuando pensaba que era un hombre más, un temible bandido capaz de protegerse a sí mismo, pero lo cierto es que no hacía más que seguir al líder de la banda y hacer lo que éste decía. Estaba bajo su protección. Así también, cuando más pequeño y obtenía monedas de las personas que frecuentaban el mercado, no hacía sino depender de un negocio que había establecido un adulto, aún cuando fuera llevado a cabo por niños.

Se prometió a sí mismo no ser una carga. Demostraría a todos que no era un inútil.

Sus pensamientos llegaron a súbito término cuando se encontraron frente a un enorme... y realmente era enorme... guardia de la puerta. Sólo sus brazos eran probablemente del peso completo de Cordelia y su barba parecía una manta en sí misma.

El sujeto encorvado habló en privado con él, palabras que Demris no alcanzó a oír, pero el grandote movió la cabeza en negación.

No. La señora dijo que reclutaría a valientes de la arena, accedí a dejar pasar a sus hombres sabiendo que serían guerreros Balor'an, preparados para ir allá afuera, pero aquí sólo veo a un anciano que ya debería estar descansando, una chica que debería estar pariendo su primer hijo y un niño más flaco que mi hija pequeña... además, ninguno es de nuestro clan, se puede ver eso de lejos. No voy a arriesgarme a una queja de los representantes diplomáticos por permitir morir a visitantes del muro, mi general ha sido muy claro en eso, nada de muertes innecesarias que perjudiquen nuestra imagen frente a La Unión. La respuesta es no.

El enorme sujeto se cruzó de brazos frente a la puerta, mostrando una mirada severa.

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Guardia Balor an


Desafío de Influencia. Sólo se puede tomar acciones de Influencia contra este desafío, de lo contrario se llamará la atención de otros guardias muy bien armados.

PD: 2/2


Demris ha usado su carta para remover un error de su mano. Eso no ha sido parte del desafío.
Haremos un pequeño juego. El guardia es un desafío de Influencia. Pueden usar sus cartas para bajarle PD (las virtudes son buenas para este tipo de cosas). Pueden controlarle para relatar cómo le van convenciendo, pero al llegar a cero aún no dirá que pueden pasar, sólo dirá que nos dará una oportunidad.

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Cordelia Berbedel

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Cordelia Berbedel » 21 Mar 2017, 03:55

Los pasos del anciano precedieron su cómoda introducción al grupo, así como su repentino agasajo hacia los que, de allí en mas, serían sus compañeros las próximas lunas.

Cordelia tomó el morral del suelo, y lo sumergió entre las telas que cubrían tanto el resto de sus pertenencias como su cuerpo. La capa de piel de oso fue lo ultimo en tomar su lugar sobre la corta figura, arrancando a la hechicera un pequeño suspiro que, aun y con la tela de la bufanda entre medias, generó un vapor blanco al contacto con el frío aire matinal.

-Gracias.-La voz de la muchacha no se presentó trémula por la temperatura, probablemente el abrigo y la caminata le permitieran mantener el calor en el cuerpo, uno que con la nueva incorporación a su equipaje costaría mas que la abandonase.

La joven siguio al sujeto que los había recibido, tras escuchar el oportuno relato del crío, otro punto a favor inesperado que compensaba esos otros tantos, y no escuetos, y que le generaban menos agrado pero ya conocidos o esperados por las condiciones de quienes la acompañaban.
A su vez, ella se sabía poseedora de muchos de ellos, y el hombre que los había guiado no tardó en dejarlos delante del guardia de la puerta, quien no reparó hacerlos participes, a su modo, de que también se había percatado de ello.

La muchacha contuvo un segundo suspiro. Se limitó a inspirar profundamente y a dar un paso al frente, quedando al lado de su guía, y a levantar el rostro, hasta que la fina rendija entre la capucha y la bufanda, que apenas permitía ver el puente de su nariz y sus ambarinos ojos, quedaron perfectamente visibles y fuera de la penumbra de la capucha.
-Buenos días tenga usted.- Saludo antes que nada, ignorando completamente la rudeza que mostraba el guardián.- Resulta que la señora nos encontró después de vencer en la arena, no de presentarnos voluntarios. Como comprenderá, eso significa que demostramos en la misma un manejo suficiente como para satisfacer a alguien con su ambición y expectativas.-La voz de la joven se escuchaba con claridad, aunque su tono no era tan alto como para ser molesto, solo lo justo como para que sus palabras atravesaran la tela y fueran entendibles.
-Es una lastima que no pudiera estar presente para observar semejante hazaña, pero aquí donde nos ve, quizás no rivalizamos con usted, o los honorables y valientes Balor'an, pero poseemos nuestros propios recursos.-La ultima palabra estaba teñida de un diñe de misterio, que el sujeto creyera lo que quisiera mientras pensara en otras formas letales mas allá de las más básicas. Además, la hechicera se las arreglaba para hablar con una seguridad inquebrantable.

-Oh, pero si lo que le preocupa es la seguridad de su puesto. Ningún Kalrus exigirá a su reino o al muro cuentas sobre mi.-Aseveró.-No creo que un reino haga un gran alboroto por un huérfano, un anciano y una solterona.-Finalizó, y aquello, a pesar de lo despectivo que pudiera sonar para todo el mundo, era una realidad, y es que la guerra había dejado huérfanos de sobras, y el anciano y ella eran por sus respectivas condiciones, ciudadanos de segunda dentro de los mismos.

La mirada opalescente de la bruja observó con cierta diversión la combinación pintoresca que formaban. Quizás si el anciano hubiera parecido de mas portento económico hasta habrían podido pasar por una familia muy extraña, ya que el abrigo ayudaba a ocultar su propia edad.

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Johan

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Johan » 21 Mar 2017, 16:48

Las palabras de Cordelia fueron suaves, pero certeras. Resultaba curioso cómo una joven cuya apariencia y voz parecían inofensivas podía intimidar tanto. La sensación era parecida a la que surgía al ver una víbora del Mar de Fuego; pequeña, delgada y hermosa, pero con ese toque de letalidad que hacía saltar todas las alarmas de supervivencia. Ciertamente ella también resultaba mortal al menor contacto, pero claro, eso aquél tarugo no lo sabía.

El guardia la escuchó, inmóvil e impasible, y en ese momento el anciano supo que si no hacían algo al respecto el mastodonte jamás les permitiría cruzar aquella puerta. Desde que había visto a aquél guardia, Johan creyó haberlo calado de un simple vistazo. El viejo era ciertamente una persona observadora y precavida, por lo que pensar antes de actuar solía ser su rutina, y rara vez se le escapaban detalles de importancia. Además, dada su experiencia militar como soldado de la Unión, era buen conocedor de la disciplina y el trato que existía entre soldados y cuadros de mando. Tantos años recibiendo órdenes y dándolas no era para menos, por lo que conocía de buena mano cuán inseguridad infundía el no estar seguro de si tus actos estaban poniendo en entredicho las órdenes recibidas. Un soldado que quebrantaba una orden, o que cometía errores en su ejecución, solía ser reprendido y, en la mayoría de ocasiones, castigado. Además del correspondiente bache en tu trayectoria profesional que tales incidentes provocaban. En definitiva, nadie —y menos un soldado— quiere cagarla, y Johan era consciente de ello.

Johan solía calar rápidamente al tipo de soldado que tenía delante. Estaban los valientes y seguros de sí mismos, que no necesitaban hablar para demostrar su valía. También estaban aquellos cuya apariencia no era en absoluto intimidante, pero sus habilidades en cambio, generalmente en el campo del sigilo o los venenos, solían letales. Luego estaban los dementes, cuya esperanza de vida era corta, pero útil. También los inteligentes, cuya destreza táctica y estrategia hacían ganar batallas, o derrotar enemigos a base de un brillante ingenio. Sin embargo, el sangre-de-gigante que tenía delante no presentaba ninguno de aquellos perfiles. Aquél era un mamut, cuyo mayor logro lo había obtenido gracias a sus genes y no abarcaban más allá de lo físico. Altura, corpulencia, músculo y presencia. Nada más. Por ello mismo se encontraba allí, frente a una puerta, porque su intelecto no le permitía mucho más. Su trabajo consistía en recibir una consigna y defenderla, sin demasiadas preguntas, sin demasiada conversación que pudiese confundirle o hacerle perder cuál era la razón por la que se encontraba allí. La víctima perfecta para una pequeña dosis de intimidación.

El anciano dio un paso al frente para situarse entre Cordelia y el guardia, y alzó la cabeza para mirarle directamente a los ojos.

Quizá mi compañera no haya sido lo suficientemente clara, o quizá simplemente es que está usted sordo— Comenzó Johan, con semblante serio y un tono autoritario, como el que solían emplear los altos mandos militares, aquellos que tenían temperamento ligero y poca paciencia —¡Póngase firme cuando le hable!— Le exigió —Por su evidente falta de respeto e insubordinación en el ejercicio de sus funciones me veo obligado a dar parte de usted. Una queja de los representantes diplomáticos será la menor de sus preocupaciones, me encantará ver qué cara se le queda a su general cuando la Señora Jrullvar reclame la cabeza del zoquete que decidió que su criterio a la hora de seleccionar a guerreros era mejor que el de ella. Deme nombre y rango— Le pidió —Puedo asegurarle que mañana a primera hora estará rumbo al Sur, encuadrado en la próxima expedición a Artamaxus. Digo más, dado que según su criterio no somos aptos para cruzar esta puerta, quizá le diga a la Señora Freljya que deba usted acompañarnos, dada su extensa experiencia al otro lado del Muro— Un mordaz sarcasmo se dejó entrever en la palabra "experiencia" —¿Se ha quedado mudo? ¡Le he pedido su nombre y rango!

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Desafío de Influencia. Sólo se puede tomar acciones de Influencia contra este desafío, de lo contrario se llamará la atención de otros guardias muy bien armados.

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Demris

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Demris » 21 Mar 2017, 19:18

A ratos Demris podía pararse junto a los adultos y lidiar con grandes problemas, pero al final del día seguía siendo un niño. Es una curiosa realidad, pero un chico puede levantarse cuando se trata de medir habilidades y resolver desafíos, pero los asuntos de conversaciones y problemas entre adultos son eso, como una especie de lenguaje distinto, alienígena, algo que ocurre en otro plano de existencia.

Mientras los adultos discutían sobre el paso, Demris estaba bastante ocupado acomodando su nuevo equipaje. ¿Era necesario cargar con tanto?

El enorme guardia, en tanto, echaba a reír. No era un risa ligera, ni tampoco una risita de complicidad, era una abierta carcajada, de esas que hacían a Demris cuestionarse si no sufriría el hombre un ataque en ese instante, o si sus pulmones reventarían por tanto aire que entraba y salía. Esa risa que hacen algunos adultos cuando luego te van a poner una mano en la cabeza y pretender hacerte un cariño, cuando en realidad te revolverían el cabello de una manera completamente sin sentido, o si tenías mala suerte sería tu cabeza la que iría de lado a lado.

Demris retrocedió un par de pasos para evitar ser víctima de tales tratos.

Hay valentía en tus palabras, anciano —dijo el hombre —, y la chica ha sabido mostrar respeto. Sepan, sin embargo, que aquí no corren sus interminables líneas de mando drecarias, ni tiene el noble mayor rango sólo por su cuna. Aquí en el sur, al borde del muro, cada uno muestra lo que vale y tendrá o no oportunidad en base a eso. Me han convencido, les daré una oportunidad, pero para tenerla tendrán que probar su coraje y capacidad.

El guardia dio unos pasos y apuntó una estructura, una especie de galpón o granero de gran tamaño, ubicado a unos 200 metros del muro. Tenía una enorme viga atravesada en la puerta, bloqueándola desde el exterior. La estructura tenía más de 20 metros de altura y unos 40 de largo, edificada con vigas gruesas. En su exterior se apreciaban unos carros cargados con unas bolas de hierro en apariencia muy pesadas.

Tenemos un problema de ratas, pero no como esas cosas pequeñas que cazan sus gatos en el oeste. Esta madrugada un hombre fue a limpiar la sala de balas y resultó gravemente herido. Alcanzó a salvar con vida, pero hay cosas allí adentro que es necesario eliminar. No hemos tenido tiempo de organizar un grupo de exterminio, los hombres aquí trabajan en cosas importantes y siempre estamos cortos de personal, el muro es enorme y los demonios reemplazan a sus caídos más a menudo que un noble cambia sus calzones. Si van allí y limpian el bodega, les dejaré pasar.

El hombre apuntó a una escalera apostada junto a unas cajas de madera, a unos 20 metros del lugar en donde estaban hablando.

Pueden usar esa escalera para entrar por una de las ventanas. No removeremos la viga de la puerta hasta haber limpiado el interior, no queremos que esas cosas se esparzan por el fuerte y nos hagan perder más tiempo. Por cierto, soy el Coronel Hrulf Skargar y estoy a cargo esta zona del muro. Los oficiales del muro cumplen con su deber como cualquiera, si no, ¿cómo podrían sino mis hombres estar dispuestos a dar su vida bajo mis órdenes? Ahora vayan, muestren que tienen lo que se necesita y abriré la puerta.

Demris puso una sonrisa algo boba mientras empezaba a caminar en dirección a la bodega. ¿Qué tan peligroso podía ser acabar con unas ratas bien alimentadas?

En esta ronda pueden hacer avanzar las cosas. Si acceden a cumplir la tarea asignada por Hrulf pueden hacer avanzar las cosas hasta incluso entrar a la bodega (para no perder tiempo en sólo caminar, ya saben. El interior por ahora sólo lucirá como una vieja bodega, llena de cajas similares a las del exterior, es decir, con balas para los cañones.
Última edición por Demian el 21 Mar 2017, 19:26, editado 1 vez en total.

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Cordelia Berbedel

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Cordelia Berbedel » 21 Mar 2017, 23:40

Cordelia ocultó una sonrisa divertida cuando escuchó el discurso del soldado, solo por el mero hecho de que Johan le hubiera hablado de aquel modo y con semejante seguridad y descaro a un oficial. Una sonrisa que quedó oculta trás la bufanda, y a buen recaudo, solo para ella y sus adentros. Así como el pensamiento subsiguiente, de que todo aquello ya lo había pensado el oficial de antemano, sabiendo que vendrían personas de utilidad a cruzar el muro, había ideado el usar su autoridad como guardia de la puerta para conseguir que le desratizaran el almacén sin pagar una sola moneda.

El niño fue el primero en dirigirse hacia allí, y Cordelia, dedicándole un escueto asentimiento al soldado, no tardó en seguirle, a un paso lo suficientemente presto como apra colocarse al lado del mismo y apoyar la mano en el pequeño hombro del muchacho, un gesto gracia y suave, como si fuera un pajarillo que se hubiera colocado gentilmente sobre el pequeño.
-Si han herido un hombre es posible que sean mas grandes que un gato, también, tan cerca del muro, pueden ser seres manchados.-Tiró esas dos cosas, como podrían ocurrirsele otras tantas.-Las ratas se esparcen con mucha facilidad, y rápidamente se convierten en muchas, no nos conviene estar días enteros persiguiendo roedores.-Comentó al muchacho, con un tono moderado para que quedara entre ellos.

Cordelia volvió entones hacia donde se hallaba el sujeto de la puerta, dispuesta a seguir hablando con el mismo, y a intentar, por lo menos hacer aflojar su postura para conseguir atravesar la puerta sin tener que ponerse a perseguir y acabar con ratones, una tarea que podía llevarles, como poco, todo el día.
Una vez mas la joven se paró cerca de Hrulf. Se aflojó con sus pequeñas y enguantadas manos la bufanda que cubría su nariz y su boca, aprovechando que la muralla protegía el lugar de los vientos mas fríos, y el aire no cortaba tanto su cuello como para requerir de dicha protección al hablar.
-Entiendo que una plaga es un gran inconveniente para el muro, y que dedicarle sus hombres significa no tenerlos en otro lado. Pero, si conoce la naturaleza de nuestro viaje, también será consciente de que tenemos cierto apuro, pues como mas se enfríe el rastro que perseguimos, menos posibilidades de éxito tenemos.-La pausada y calma voz de la joven dejaba escuchar ese tinte cantarin con mas nitidez ahora que la lana no se interponía en el camino de sus palabras.-Por otro lado, nuestra misión es para y por el pueblo Balor'an, como podrá imaginarse, si no por ser conocedor de su naturaleza, por la persona que nos envía al muro. Estoy segura de que en alguna posada cercana podrán compartir el contacto de aquel que se encargue de proteger sus enseres, y de que abarataran los honorarios para el muro dada su importantisima labor. Alguien que vaya y vuelva con dicha petición será una escasa vacante.

El paquete con los suministros que le había ofrecido Johan fue a encontrar el suelo pro segunda vez. Cargar innecesariamente con peso mientras hablaba, o realizaba alguna otra tarea solo la haría cansarse un poco mas de forma inútil.
-Seguro que si inclusive sus hombres necesitan hasta esos minutos en sus puestos, tanto como para no poder enviar un mensaje, alguno de nosotros puede ir a entregar dicha encomienda a la taberna, y dejar que los profesionales se encarguen cada cual de lo suyo, los expertos en el control de plagas de su problema de ratas, y nosotros para la importante misión que tenemos entre manos.

Cordelia esperara que el sentido común fuera suficiente para convencer a ese mastodonte de que les dejara pasar sin tener que asentarse en el muro, sobre todo en pro de un trabajo por el cual no iban a pagarles, y que no le interesaba en lo más mínimo, sin embargo, en el caso de que se siguiera mostrando reticente, la muchacha no estaba dispuesta a darse por vencida tan fácilmente, aun tenía otros ases en la mano, que pese a no ser de sus predilectos, estaba dispuesta a sacar a relucir.

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Johan

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Johan » 22 Mar 2017, 20:49

Johan aceptó la carcajada del coronel como una justa derrota. Su intento de intimidarle no había surtido efecto y ahora el grandullón se encontraba en una posición fuerte frente a ellos. Intentarlo de nuevo no sólo no serviría de nada, sino que puede que hasta le provocasen enojo.

Demris fue el primero en tirar la toalla. Al parecer, matar ratas era un juego divertido para el niño, pues aunque les desviaba completamente del objetivo de la misión, aquella nueva tarea estaba al alcance de cualquiera y, lo que le hacía más atractiva aún, la peligrosidad era más bien escasa en comparación con una quimera.

El anciano dejó sus enseres junto a los de Cordelia y, posando una mano en el hombro de la chica, le dijo —No te molestes— con voz pesarosa —Dudo que vaya a cambiar de opinión, los balor'an son gente terca y poco razonable— Argumentó mirando al guardián de la puerta, con cierto rencor —Sigue intentándolo si quieres— La animó, pues no era la primera vez que una mujer había conseguido con palabras lo que cien hombres con espadas no habían podido —Nosotros iremos a liquidar unas cuantas de esas repulsivas ratas.

Dicho aquello, dio la espalda al guardia y caminó detrás del niño rumbo al almacén de las balas. Aquél recinto era amplio, quizá demasiado. Si la plaga estaba demasiado extendida quizá hasta resultase un reto interesante. Además, por las palabras del zoquete de la puerta se trataba de ratas más grandes y fieras que las comunes.

Espero que al menos tengan el tamaño de un gato— Masculló para sí mismo, recordando las palabras de su compañera —Con suerte hasta vendrán a por nosotros y no tendremos que ir tras ellas... Si no nos devoran... ¡Eh chico, aguarda!

Gritó el anciano para evitar que el mocoso se adentrase él solo en aquél nido de roedores. Cuando lo alcanzó, le hizo un gesto para llamar su atención y así poder idear alguna especie de plan o método a seguir, y evitar que la cacería se convirtiese en un descontrol.

Prepara tus artefactos mágicos— Le sugirió señalando a las pistolas —Esas ratas se moverán rápido y es muy posible que estén hambrientas por el cautiverio, por lo que atacarán tu tierna carne de niño— Le aconsejó, no para meterle miedo, sino para prevenirle —Ahí dentro no habrá mucha luz, no te alejes de mi y cuidado a dónde apuntas, no sabemos si hay material explosivo en el interior. Ah, y deja fuera todo el equipaje, no pretenderás combatir cargado como una mula... ¿Hay algo que quieras preguntar antes de entrar?

Johan desenvainó su espada y, adelantándose al niño, examinó el acceso por el cual debían entrar. Se trataba de una de las pocas ventanas que permanecían abiertas. Había que trepar por una escalera de madera para acceder a ella. Desde allí no se veía gran cosa del interior, pero se podía saltar con facilidad. El viejo se preguntó si desde dentro sería igual de fácil salir, o la altura les impediría llegar hasta la ventana, lo que les dejaría completamente incomunicados y a merced de aquellos roedores.

  • ninguna
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  • espadamejorada,hemorragia,astuto,melancolico
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  • ninguna
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Demris

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Demris » 22 Mar 2017, 22:33

El puma es un animal peligroso muy fuerte, astuto, muy capaz —comenzó a explicar el oficial a Cordelia en un tono de voz más tranquilo, cordial —. El lobo, en cambio, es más pequeño, sus patas no son capaces de desgarrar, hasta su mordida es menos dañina. A pesar de todo ello, cuando estás allí afuera sabes que el lobo es un peligro mucho mayor, no por la fuerza individual de uno de ellos, sino por su sentido de manada. Cuando ves un lobo sabes que hay otros cerca, mientras uno te enfrenta puede estar el otro flanqueándote y listo para atacarte cuando te distraigas. La fuerza de los Balor'an no está en cada uno de sus miembros, sino en la potencia de luchar unido. Mis hombres saben que pueden confiar en mi porque cumplo con mi deber, yo sé que puedo confiar en ellos porque cumplen con su deber. Eso es algo que ustedes, occidentales, no logran comprender. No es la fuerza individual la que los sacará adelante al cruzar ese muro, sino la capacidad de trabajar en equipo para un objetivo mayor. Si no son capaces de resolver esta tarea trabajando juntos, ¿cómo puedo confiar en que no terminarán convertidos en Manchados allí afuera?, sé que son fuertes, pues supe que triunfaron en la arena, pero ¿pueden trabajar en equipo?, no hay peor cosa que enviar al sur que un grupo de gente fuerte incapaz de cooperar, seguro terminan convertidos luego en enemigos que serán mis hombres quienes tendrán que eliminar y ya tienen bastante trabajo.

El sujeto apuntó al hombre y el niño que hacían preparativos para entrar a la bodega sin Cordelia.

¿Puedo confiar en que se defenderán los unos a los otros allí afuera?, ¿puedo confiar en que al menos el último en caer cortará la cabeza de los otros para que no sean convertidos en Manchados?



Los adultos no eran consistentes con sus propias órdenes. Primero le hacían cargar un equipaje y ahora que comenzaba a tolerarlo le hacían dejarlo fuera. Demris dio un suspiro y dejó caer el paquete, aún procesando lo perturbadora que resultaba la expresión 'tu tierna carne de niño'. Sabía que era un pensamiento ridículo, pero aún así se preguntó si alguna vez aquel hombre había comido carne de niño.

Demris ni siquiera había pensado en sus armas, sabiendo que asestar un tiro en un animal pequeño, muy móvil y en un lugar bastante oscuro era como pretender lanzar una piedra al agua y darle en el ojo a un pez. Aún así, a sugerencia del hombre puso un poco de pólvora en una de ellas... eso hasta que el mismo hombre habló sobre material explosivo.

No era un experto en la fabricación del polvo que permitía a la pistola funcionar, pero sí sabía una cosa, era altamente explosivo y debía ser manejado con mucho cuidado. Disparar allí adentro bien podía terminar con un show pirotécnico en el muro, lamentablemente uno que incluía enormes bolas de hierro zurcando los cielos de la ciudad.

¿No conocen los gatos en este lugar? —dijo Demris entrando por la ventana indicada.

Tras hacer ingreso al recinto tuvo que dejar un poco que sus ojos se adaptaran a la falta de luz. Afuera el sol alumbraba y todo indicaba que sería un buen día, pero allí con tan pocas ventanas la situación era distinta. El chico, sin embargo, no tardó en ponerse a caminar.

La bodega parecía completamente abandonada, no había allí roedores visibles, ni siquiera muchos elementos más que aquellas cajas de balas. Si las ratas ni siquiera se mostraban, ¿cómo demonios iba a matarlas?.

Por suerte, pronto un ruido le hizo poner atención. Se trataba de algo que raspaba otra cosa, el ruido inconfundible del acto de roer. Demris sonrió al saber que al menos podría comenzar y trató de moverse de manera discreta, silenciosa, apenas en la punta de los dedos de sus pies. No era malo guardando silencio, gracias a trucos aprendidos en sus tiempos de bandido.

Tras girar en torno a una caja, finalmente tuvo línea de visión con la rata.

Demris casi se cae de espaldas al ver la cosa. Era realmente enorme, más grande que un gato y ciertamente más musculosa, que encima no estaba precisamente ruyendo la madera, sino que mordía una bola de hierro y, lo que era lo peor de todo, le funcionaba. Una especie de viruta metálica se juntaba en sus patas, sacadas sin más herramienta que sus dientes. La rata miró desafiante a Demris, pero éste se mantuvo calmo, inmóvil, intentando no irritar a esa cosa.

La rata comenzó a avanzar hacia el chico, mostrando un cierto aire de curiosidad, lo que permitió al chico observar más de su estructura. Habían heridas abiertas en su piel y ojos llenos de sangre, señal inequívoca de que se trataba de un manchado. Demris suspiró, al menos no habría culpa al matarle.

El chico esperó a que la rata estuviera más cerca, juntando en ese lapso la magia en su mano, hasta formar un proyectil de energía púrpura intenso y movimientos caóticos, el que descargó cuando la rata estaba casi encima. El efecto fue inmediato, reventando la cabeza del animal con cierta facilidad. Demris sonrió.

Fue entonces que sintió el intenso dolor en su espalda.

Era como una línea de fuego que le sacó un agudo grito y le hizo girarse sobre sí mismo en un instante, aún torpe por el dolor que le doblaba hacia atrás. ¿Qué le había golpeado?.

Miró a su alrededor y le vio. Era una rata enorme, aún más grande que la anterior, con una cola larga que movía de lado a lado. Cada vez que la cola tocaba el piso levantaba polvo. Demris se preparó para atacar a esta nueva rata, pero sintió nuevamente el centellante dolor, ahora en sus piernas, haciéndole caer de rodillas. Asustado, miró a su alrededor y vio otra rata, la que se alejaba un poco. El tercer ataque lo pudo ver venir. Una rata saltaba desde su otro lado con la intención clara de morderle el rostro.

¿Es que las ratas se habían coordinado para hacerle caer de rodillas con esos latigazos de cola sólo para que otra pudiera tenerle a una altura para arrancarle el rostro?

Demris alcanzó a empujar la rata a un lado justo antes que sus dientes se cerraran en torno a su nariz, pero entonces un nuevo golpe de cola le hizo inclinarse hacia un costado. ¿Cómo rayos las ratas se coordinaban tan bien?. En el momento de enderezarse pudo ver que al menos 2 ratas más le rodeaban.

  • discreto
  • Acción
  • psionismo,aquemarropas,clankalrus
  • Mano
  • pistolamejorada
  • Heridas


Rata Manchada


Tiene 2 ataques:
Latigazo con la cola: Recibir 2 de estos ataques causa una herida.
Mordida: Causa una herida directamente y deja un efecto venenoso que reduce todo el daño causado por el personaje en 1.

PD: 1/1


Rata Manchada


Tiene 2 ataques:
Latigazo con la cola: Recibir 2 de estos ataques causa una herida.
Mordida: Causa una herida directamente y deja un efecto venenoso que reduce todo el daño causado por el personaje en 1.

PD: 1/1


Rata Manchada


Tiene 2 ataques:
Latigazo con la cola: Recibir 2 de estos ataques causa una herida.
Mordida: Causa una herida directamente y deja un efecto venenoso que reduce todo el daño causado por el personaje en 1.

PD: 1/1


Rata Manchada


Tiene 2 ataques:
Latigazo con la cola: Recibir 2 de estos ataques causa una herida.
Mordida: Causa una herida directamente y deja un efecto venenoso que reduce todo el daño causado por el personaje en 1.

PD: 1/1


Rata Manchada


Tiene 2 ataques:
Latigazo con la cola: Recibir 2 de estos ataques causa una herida.
Mordida: Causa una herida directamente y deja un efecto venenoso que reduce todo el daño causado por el personaje en 1.

PD: 1/1


Demris ha atacado y matado a una de las ratas, pero aún quedan 5. Las ratas funcionarán de la siguiente manera. Cada una atacará con su cola con su ataque de latigazo. Cada uno es libre de recibir golpes en su propio relato (cada 2 se contará una herida). Al final de la ronda se contabilizará el número de latigazos y el número de ratas que queden vivas. Si quedan más ratas que golpes dados, las ratas restantes usarán la mordida en un enemigo cada una.
Última edición por Demris el 22 Mar 2017, 22:38, editado 1 vez en total.

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