Los dos lados del Muro

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Johan

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Johan » 26 Mar 2017, 20:12

La nueva criatura resultó ser un hombre, o eso fue en un principio. Ahora nadie lo reconocía como tal, pues una especie de maldición lo había convertido en aquél ser. Johan pensó que se trataba de una quimera compuesta por un hombre y una rata, sin embargo no había presencia de dos criaturas unidas en aquél ser, por lo que debía tratarse de algún tipo de mutación extraña o transformación.

Brujería— Alcanzó a decir Johan al ver a semejante engendro, y no le faltaba razón. La magia, o más bien el uso abusivo de la misma, había dado como resultado a aquél ser corrupto. El viejo sabía que llegado a aquél punto la reconversión era impracticable, o eso solían predicar los clérigos inquisidores, por lo que se imploraba dar muerte inmediata a dichos sujetos.

El anciano quedó boquiabierto cuando el hombre-rata comenzó a hablar. Aquello sí que resultaba bizarro. Matar a criaturas manchadas era fácil, pues eran seres sin alma, pero en el momento que tenían —o más bien conservaban— la capacidad del habla, los remordimientos acudían a la mente del anciano. Si un ser podía hablar, seguramente podría razonar, y si podía razonar quizá su alma no estaba del todo perdida.

El hombre-rata agarró un par de roedores y los transmutó en ratas manchadas con la única intención de lanzarlas contra ellos. El anciano se aferró a su espada con fuerza mientras miraba con desaprobación al señor de las ratas. Quizá su alma no estuviese perdida, pero sí estaba corrupta. Atacarles lo posicionaba directamente en la facción enemiga, y una vez quedabas marcado como enemigo, merecías la muerte. Así de sencillo era para Johan, un viejo cuyo oficio en las últimas dos décadas había sido impartir la ley del acero por ridículas recompensas.

Señor de las ratas— Intentó razonar con él —Si queda algo de cordura en usted, deponga toda hostilidad— Le exigió, sin demasiado éxito.

Las acciones ofensivas habían comenzado y Demris no estaba dispuesto a darle ninguna oportunidad. El niño hizo gala de sus poderes para asestar una poderosa acometida psíquica al hombre-rata. Ya no había lugar al diálogo, era tiempo de luchar por sobrevivir.

Cordelia erradicó a una de las manchadas bajo la incontenible desesperación de su señor. Johan se sorprendió al comprobar el vínculo que ataba a aquél engendro con sus pequeños esbirros. Las trataba como sus hijas y sufría al verlas morir. Aquella reacción evocaba cierta humanidad, aunque resultase paradójico relacionar un acto de humanidad con seres corruptos y manchados.

De la manera que fuese, Johan tenía claro que por muy humano que aquél ser hubiese sido en el pasado, ahora era una criatura perdida y sólo le correspondía un único final. La muerte.

Cuando el señor de las ratas se acercó a Cordelia para dañarla, Johan se lanzó contra el ser, interponiendo su espada entre ambos. El talón dañado del anciano le posicionaba en una clara desventaja contra su enemigo, por lo que aquella situación de proximidad resultaba insostenible. La criatura humanoide intentó morderle, pero el anciano guardaba la distancia con sus dientes. Ante la imposibilidad de propinarle mordisco alguno, el hombre-rata le asestó un arañazo en el antebrazo del anciano, obligando a Johan a poner distancia entre ambos por medio de un empujón y ayudándose de su afilada herramienta.

El grito de dolor del engendro se hizo notar, y de un corte de su costado comenzó a emanar un fino reguero de sangre. La hemorragia era evidente, aunque no letal. El dolor recibido por las garras del engendro era intenso, y en combinación con la herida del talón quizá lo suficiente como para limitar las acciones del anciano en gran medida. Si no acaban rápido con el adversario quizá fuese demasiado tarde para los tres compañeros.

  • hemorragia
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Demris

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Demris » 26 Mar 2017, 20:47

Demris siguió revolcándose en el piso durante lo que le pareció largo rato. La pelea le estaba agotando y ya estaba muy lastimado. Los golpes de esas cosas eran increíblemente fuertes, o bien su cuerpo muy frágil, pero en cualquiera de los casos tenía motivos para tener miedo. Trató de reunir fuerzas hasta finalmente ponerse de pie. Algunas lágrimas rodaban por su rostro, cortando a su paso las manchas de polvo por el revuelco.

No voy a morir aquí, no por unas m-malditas ratas —se dijo más a sí mismo que a los demás.

El chico, a su corta edad, había sobrevivido a muchas situaciones difíciles, había salido adelante solo en el mundo, se había unido a una banda de ladrones, había residido en la temible ciudad prohibida de Cesenir, había recorrido los infectados campos y atravesado medio continente. Se podían decir muchas cosas negativas sobre él, pero la falta de voluntad no era una de ellas.

Miró a sus lados, contemplando a sus compañeros luchar con tenacidad, pero consciente de que también estaban heridos. Resultaba increíble que lo más peligroso que hubieran enfrentado no estuviera en la arena, ni al cruzar el muro, sino allí, en una oscura bodega en lo que se suponía era un lugar seguro.

La rabia, la frustración, el dolor, todo eso alimentaba su energía psíquica y ya no le quedaba más que gritar. Emitió un grito amargo, de sufrimiento, de impotencia, mientras estiraba sus pequeñas manos hacia la móvil figura que parecía capaz de atravesar todo el recinto en segundos. No era fácil darle, sus rayos eran veloces, pero ese ser los esquivaba con una facilidad que sólo alimentaba más la rabia del pequeño.

Fue entonces que comprendió que no conseguiría nada atacándole desde lejos. Necesitaba estar cerca, a una distancia peligrosa, para que sus ataques tuvieran oportunidad, así que comenzó a avanzar. Sus primeros pasos fueron temerosos, pero pronto aceleró la marcha, hasta estar tan cerca de la criatura que podía oler su repugnante aroma. Olía a humedad y a otros desechos que era mejor no imaginarse. Intentó asestarle una descarga psiónica, pero no logró terminar la intención.

El hombre-rata se había movido con una asombrosa agilidad, esquivando y cambiando de posición hasta ponerse a las espaldas del niño en un abrir y cerrar de ojos. Demris intentó girarse, pero el golpe en su espalda le quitó de inmediato el aliento y le hizo caer nuevamente, rodando otra vez por el suelo presa del dolor. Claro que Demris no fue el único que sintió dolor...

La criatura emitió un inesperado chillido, al tiempo que en su propia espalda aparecía una línea de sangre. El daño había sido intenso y el ser sangraba profusamente desde distintos puntos, tanto por el efecto de la magia psíquica como por el del ataque del viejo. Confundida, la criatura dio un salto para alejarse, emitiendo sonidos de dolor ante aquel efecto que no veía venir.

Demris, en tanto, vio con sus ojos húmedos una figura borrosa que corría a morderle la cara. El instinto de supervivencia es intenso y, aunque el chico se retorcía de dolor, estiró sus manos para liberar una descarga de energía psíquica y destrozar a la amenaza. No había sido un golpe elegante, sino una descarga burda, desesperada, violenta, mas había logrado el objetivo.

El chico intentó luego ponerse de pie, pero ya estaba muy lastimado y necesitaba descansar. Al menos no veía de momento a otros roedores en busca de su carne y la amenaza mayor le miraba con recelo, como sin saber realmente qué pasaría si volvía a atacarle. Demris se enrolló sobre sí mismo.

Humanoide-rata


Mitad hombre, mitad rata, es el producto de cuando un clérigo animalista se entrega a la corrupción. Se considera un Manchado.
Posee las siguientes habilidades:
- Azote de cola: Golpe cuerpo a cuerpo que causa una herida. Quien lo recibe no puede realizar ataques cuerpo a cuerpo esa misma ronda ni la siguiente.
- Arañazo: Golpe con las afiladas patas. Causa una herida. Quien lo recibe no puede realizar ataques de distancia esa misma ronda ni la siguiente.
- Embestida: Golpe cuerpo a cuerpo que no causa heridas, pero quien lo reciba no puede atacar por un turno (sí puede tomar otras acciones).
- Rata explosiva: Lanza una rata, la que explota al contacto con los enemigos, liberando una sustancia tóxica. Todos los enemigos reciben na herida. Usará este ataque si pasa una ronda sin que todos sus enemigos sufran un ataque, incluso si algo le impide tomar acciones.
- Esquivar: Esquivará todo ataque de enemigos a los que no dañe en la misma ronda.
- Devorar rata: Comerá una de sus propias ratas, sanado 5PD. Usará esta habilidad si llega su turno teniendo 2 o menos PD restantes.

PD: 5/15


Demris ha reducido 3PD en total al hombre rata por el efecto de Vínculo Mental y Grito Mental, además de pegarle 1 con Psionismo a la rata restante. Con ello tenemos sólo a la rata principal como enemigo, a la que le quedan 5 y se le reducirá 1PD más en esta ronda por el efecto de la del ataque de Johan.


  • psionismo
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Cordelia Berbedel

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Cordelia Berbedel » 27 Mar 2017, 05:17

Cordelia se envolvió la mano herida con la sana, presionando la herida, profunda que sangraba con profusión, y el ardía tanto que hacía de sus respiraciones, normalmente silenciosas y apacibles, unos resoplidos siseantes. La palma le palpitaba, y el ardor hacía que la joven tuviera la sensación de que acabaran de atravesarle la misma por completo, aunque aquello no era cierto.

Intento rodar sobre el suelo para quedar panza abajo. Incapaz de usar para el fin de ponerse en pie, la mano lastimada. Se arrodillo, cuidando dentro de lo que podía, de no pisarse los faldones, con tal de no caer de boca al suelo. Apoyó el hombro en una caja cercana, y con ese soporte y el impulso de sus piernas se levantó con torpeza.

Su mirada se notaba confusa, por el crepitar de la magia del niño, las voces y los ruidos chillones del engendro al que se enfrentaban. Los orbes ambarinos pasearon nerviosamente sobre el lugar, intentando encontrar algún modo de conseguir una ventaja sobre aquel ser repugnante.
Fue entonces que algo llamó su atención con iluminada audacia. La bolsa que pendía del cinto de aquel mago, si todavía podía llamarsele así, que se sacudía con un contenido claro, otros tantos ratones que aun podía arrojarles y mutar si se veía en la necesidad de hacerlo.
Había que arrebatárselo, sin ello, estaría el solo contra los tres, acrecentaría su ventaja, que no era mucha, si es que existía, pues los tres se hallaban en un pésimo estado.

Cordelia aprovechó el chillido de aquella bestia y el instante en el que se contorsionaba, quejoso, sobre si mismo, intentando ver quien, que o como había aparecido el corte en su espalda, para correr hacia el mismo. Sin embargo aquel ser era rápido, se dio vuelta con una presteza inusitada y cargo contra la muchacha.
La hechicera estaba hasta el nabo de salir por los aires, ya iban dos veces esa semana, pero el impulso de la propia rata podía haberle jugado en contra a la misma, pues al impactar, la muchacha soltó su herida para agarrar la bolsa de ratas como si le fuera la vida en ello, dispuesta a salir volando con tal de hacerse con ese repugnante petate y asegurarse de que permaneciera cerrado y lejos del mago.

El cuerpo de Cordelia salio despedido hacia atrás, y la muchacha rezó, como no solía hacerlo, para que sus dedos lograra mantener asida la bolsa.
Pocos segundos después su espalda impactaba contra una de las cajas, cuya madera, algo podrida por los años de uso, se quebró por algunos lados en el impacto, y no le desgarro la piel gracias a la capa de pelaje que Johan le había obsequiado esa misma maña.
Del solo golpe sus pulmones se vaciaron de aire, y durante unos pocos segundos, fue incapaz de tomar del mismo quedó con la boca abierta intentando inútilmente absorber el aire, hasta que su cuerpo decidió responder correctamente, y tomó varias bocanadas al hilo, ignorando el hedor del lugar, con una desesperación palpable por no asfixiarse.

Por suerte para la hechicera, fue mas el susto que el golpe, y aunque algunas contusiones se sumarían a las que ya tenia su cuerpo gracias a la quimera taurina, y el dolor punzante de recibir un tacto brusco sobre los moretones que ya poseía, milagrosamente no se hallaba mas lastimada que antes de emprender su carrera.

Off-Rol - Mostrar



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Johan

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Johan » 27 Mar 2017, 13:35

Desde el exterior podían percibirse ruidos estruendosos, temblores en la estructura e incluso destellos a través de las ventanas. Los estragos del combate, tales como los golpes, la destrucción de cajas o los rayos de Demris provocaban efectos luminosos y sonoros intermitentes. Cualquiera que estuviese fuera pensaría que dentro se estaban montando una buena fiesta.

La batalla había llegado a un punto crítico en el que todos los combatientes estaban exhaustos. Demris estaba desplomado sobre la pequeña montaña de cajas, cansado y debilitado, tanto por las heridas recibidas como por el esfuerzo realizado. Era inhumano que un niño de su edad estuviese expuesto a las crueldades del combate, sin embargo era el camino que el chico había elegido y ninguno de los presentes podía cuestionar sus motivos.

Cordelia se encontraba en un estado similar al del niño. Su participación en el combate había sido crucial, pues sin su intervención a estas alturas no estarían con vida. La chica había recibido tantos golpes como los demás, pero la dureza de los mismos habían sido bastante superiores, siendo varias las ocasiones en las que su liviano cuerpo había volado de un lugar a otro del almacén. A pesar de ello, allí estaba, exhausta, pero resistiendo como cualquier otro.

Johan no se encontraba mejor que los demás. La herida del tobillo no había dejado de sangrar, pues no había dejado de moverse desde entonces, a pesar de lo doloroso que resultaba. Además, los numerosos latigazos le habían entumecido la espalda, y todo contacto en ella era especialmente sensible. Por si aquello fuera poco, el cansancio era otro factor a tener en cuenta y, por último, la edad. ¿Qué anciano de su edad se permitía el lujo de andar trotando de allá para acá, combatiendo y metiéndose en aventuras de mentes más jóvenes? Un necio o un loco, y él era parte de ambas.

El señor de las ratas había recibido también una buena tunda entre los tres, y su perseverancia en aquél prolongado combate estaba comenzado a resultar irritante. A simple vista parecía estar en mejor forma física que cualquiera de ellos pues, a diferencia de éstos, él no había tenido que enfrentarse a una plaga de ratas manchadas en el asalto previo. Las heridas provocadas por la magia de sus compañeros habían debilitado sobremanera al engendro corrupto, y el tajo efectuado por su espada aún escupía sangre. Johan se preguntó cuánto más aguantaría antes de caer desangrado.

El anciano, cojo y torpe como iba, se desplazó como pudo hasta el lugar donde se estaba desarrollando la lucha. El hombre-rata tenía su mirada fija en Cordelia, que si la vista no le jugaba una mala pasada, estaba intentando arrebatarle el preciado saco de ratas a su enemigo. Ante tal ocurrencia, el ser mutante hizo muestra de una rabia inusitada, asestando un embiste desproporcionado a la joven bruja. Johan apretó los dientes al ver a la chica volar —Pagarás por ello— Masculló entre dientes.

El viejo se abalanzó sobre el señor de las ratas, dejando que su espada atravesase por completo el cuerpo del mutante. La hoja de acero se abrió paso por el cuerpo de su adversario hasta encontrar una salida en el extremo opuesto. Las manos peludas y de uñas afiladas agarraron el acero, sin comprender aún qué era lo que estaba ocurriendo —Muere— Le susurró en uno de sus exorbitantes oídos de roedor y, por medio de un empujón, clavó aún más la espada, hasta que el guarda-manos chocó contra el cuerpo de la criatura. El hombre-rata soltó la hoja de la espada al comprobar que sólo recibía daño si la tocaba. Su cola se movía frenéticamente, como si fuese la única de sus extremidades capaz de buscar una salida inexistente.

El anciano tiró de su arma, extrayendo la afilada hoja del peludo cuerpo y, antes de darle por derrotado, aprovechó sus últimas fuerzas para asestar un corte horizontal a la altura de su cabeza. La hoja atravesó el cuello de con suma facilidad. Johan cayó al suelo de rodillas. El hombre-rata lo imitó, para después caer desplomado. Cuando el cuerpo tocó el polvoriento pavimento, la cabeza del mutante rodó unos metros lejos del cuerpo.

Los tres compañeros se encontraban tirados en el suelo, respirando con agitación, recuperando el aliento. Sin más fuerzas que las necesarias para tomar aire y aferrarse a su tan merecida victoria.

Al parecer todo había acabado.

Uso la carga de mi espada.


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Demris

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Demris » 27 Mar 2017, 21:15

Demris estaba allí, pero su mente estaba en otro lado. A pesar de que su instinto de supervivencia le instaba a ponerse de pie y luchar hasta las últimas consecuencias estaba demasiado lastimado y cansado como para hacerlo. Ni siquiera prestó mucha atención al momento en que el anciano ponía fin a la amenaza que tan gratuitamente habían enfrentado, sólo le preocupaba en ese instante juntar la energía suficiente para sanar sus propias heridas.

No fue fácil, juntar las energías psíquicas positivas resultaba contradictorio para alguien en ese estado, pensar en cosas buenas o momentos lindos era casi lunático, pero debía hacerlo. Al menos el alivio de finalmente percatarse de la muerte del enemigo le ayudó, eliminando el miedo a ser de pronto atacado por otro de esos latigazos.

Pasó su mano por las heridas, liberando la fuerza sanadora, aunque ésta no hizo efecto de inmediato. No había podido juntar suficientes pensamientos positivos en ese instante, pero sabía que el efecto llegaría, lo haría lentamente, pero sanaría al menos parte de sus heridas.

Estaba en ello cuando una nueva figura hizo su presencia en la escena. Al principio quiso ponerse en guardia, mas pronto la escasa luz permitió percibir de quién se trataba. Era el guerrero que les había puesto la prueba.

¡Por los espíritus! —exclamó sorprendido —, había oído rumores sobre ese ser, pero no pensé que lo encontrarían aquí. Se dice que es un mago muy poderoso y fuerte... de verdad han demostrado gran valía al ser capaces de derrotarle... aunque el costo no ha sido bajo.

No había reproche en los ojos del Balor'an. Un guerrero sabe reconocer los méritos de otro, aunque éste otro se encuentre herido como consecuencia de la lucha. Ser capaz de derrotar a un enemigo poderoso bien valía su respeto.

Se lo han ganado, tienen permiso para cruzar el muro e ir en pos de su misión, sin embargo no puedo permitirlo en este momento. Ese pobre niño está muy herido y ustedes dos tampoco van mejor. Por favor, les dejaré usar una habitación de oficiales hasta que se encuentren en condiciones de seguir, o de volverse si las heridas son muy graves. Además, es justo que reciban una recompensa por lo que hicieron, muchos estaban detrás de esa... criatura. Hablaré con mi superior para que se les haga entrega de unas abundantes coronas de reconocimiento.

Demris sólo escuchaba a medias, aún tratando de mantener la consciencia y de lograr sanar sus heridas mediante su magia, al punto que no se percató de que el Balor'an se acercaba a él hasta que estaba ya en sus brazos.

El Coronel Hrulf Skargar tomaba al chico como si no pesara absolutamente nada, pero sin rudeza. En su trato podía notarse que aquel hombre no había pasado toda su vida en la lucha constante, sino que había también otros lados en la vida de un guerrero, quizás hasta tenía esposa e hijos.

Síganme, los llevaré a un lugar donde pueden reponerse. Ahora mismo no tengo médicos disponibles a este lado del muro, se les requiere más cerca de los combates, pero puedo proveerles de agua limpia y vendajes.

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Bien, el desafío ha sido eliminado y el Coronel ha visto la hazaña realizada. Con esto nos acercamos al fin de este capítulo en la campaña, pero antes a los héroes les vendría bien un descanso.

Pueden incluir en sus turnos la caminata hacia el dormitorio ofrecido y la llegada al mismo. Se trata de un lugar sobrio, aunque bien equipado, una sala con dos camas, agua y otros utensilios.
Última edición por Demris el 27 Mar 2017, 21:16, editado 1 vez en total.

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Cordelia Berbedel

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Cordelia Berbedel » 28 Mar 2017, 10:30

la luz de la puerta abrirse cejó por unos instantes a la maga. Alzó una mano para cubrirse los ojos, y entrecerró los mismos. Tardo unos segundos parpadeando constantemente, en habituarse a la nueva luz que ofrecía esa magna abertura por la que podrían salir de aquel infierno.
Johan había dado el golpe final con un vigor y una fiereza que Cordelia nunca antes habría concedido a un anciano.

La muchacha se puso en pie, ayudándose de la misma mano con la que se había protegido de la luz, solo entonces se percató entre las palabras del soldado, del movimiento de la bolsa que sostenía con la diestra, y los chillidos agudos de los ratones desesperados que se hallaban dentro.
No soltarla de inmediato fue todo un acto de valor y autocontrol, la joven se aseguró primero de que estuviera bien cerrada, al deposito en el suelo y, ya en pie, agarro una de las maderas rotas de la caja en la que había caído y empezó a golpear con brutalidad la bolsa hasta que estuvo segura de que ninguna de las ratas había sobrevivido. No habían terminado con una plaga para empezar con otra.

La hechicera siguio al mastodonte, que tratando con el niño se veía menos perturbador que en la entrada cuando le había hecho aquella peculiar oferta. Procuró al caminar quedar cerca del anciano, y le ofreció el hombro como apoyo, pues, aunque ella también estaba herida, no tenía las piernas imposibilitadas en ningún punto, algo que Johan no compartía.
-Tengo aguja de hueso e hilo de tripa, puedo intentar ayudar con tu pie lo que las vendas y el agua no hagan.-Y eso era casi todo lo que la muchacha podía hacer en ese aspecto, lo cual, dependiendo de la profundidad de la herida no era poco.

Una vez en la habitación, Cordelia hizo acopio del agua y los paños, sumo su escaso material para esas situaciones, y se hizo cargo, en la medida que sus nuevos compañeros le permitieran, de todo lo referente a las heridas que pudiera tratar con suministros mundanos, y que el niño no decidiera arreglar mediante su don.

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Johan

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Johan » 29 Mar 2017, 18:36

Una voz grave y fácilmente reconocible hizo que los tres compañeros volviesen al aquí y al ahora de su realidad. Se trataba del coronel baloran que les había encargado aquella tarea, el mismo que les había impedido el paso a través del Muro hacia su misión.

Johan frunció el ceño al reconocerle. Sencillamente le caía mal, no sólo había resultado un obstáculo en su camino hacia el Pozo, sino que además les había engañado para acabar con un problema mayor. El hombre-rata al parecer era un hechicero corrompido por su desorbitado poder al que habían encerrado en aquél almacén. Derrotarle seguramente les hubiese costado más de una baja, por lo que pensaron que encerrarlo era la mejor opción, así aplazarían el problema hasta que llegasen algunos pardillos como ellos y les encomendasen la burda tarea de limpiar el almacén de ratas.

Pues sí, habían picado el anzuelo, pero habían acabado la tarea. El hecho de haber vencido reportaba a Johan un ligero bienestar, sin embargo el malestar de sentirse utilizado bajo engaño era bastante humillante. Lo mejor de aquella sensación era el hecho de haber demostrado a aquél mastodonte que no todo lo importante era el músculo, pues ninguno de los tres lograría intimidar a nadie por el tamaño de su brazo. Si tan siquiera el coronel supiera que aquél anciano fue guardia real y combatió en la Cruzada Blanca, y que ninguna de sus medallitas actuales podría impresionarle... En fin...

Se incorporó con dificultar apoyándose en su espada mientas observaba cómo Hrulf tomaba a Demris, que no podía ni con su alma. Cuando quiso darse cuenta Cordelia le tomó el brazo para ayudarle a caminar. El anciano se lo agradeció con una sonrisa amable y ambos siguieron al baloran. Según sus palabras les recompensarían con oro. Aquello nunca terminaba de convencer al anciano, que durante toda su vida había visto el dinero como un medio, nunca como un fin. No obstante, mejor unas monedas que unas simples palabras de agradecimiento.

Cuando llegaron a los aposentos habilitados para ellos, el anciano arqueó una ceja sorprendido por la comodidad y limpieza que caracterizaba el lugar. Seguramente los altos mandos militares eran los huéspedes habituales de aquellas habitaciones, lo que explicaría el nivel de las mismas. Había una amplia chimenea en la pared contigua a la entrada y, sobre ésta, una caldera llena de agua. El calor de la misma calentaba el agua, que bajaba por una fina canaleta hasta un barreño. Si querían agua caliente sólo tenían que abrir una llave de paso, y ésta caería al barreño. Resultaba ingenioso y cómodo, quizá demasiado para tratarse de algo tan lujoso como era bañarse en el Muro.

Hicieron turnos para lavarse las heridas y limpiar la sangre de rata impregnada en la ropa. Tenían tiempo, por lo que se tomaron todo el necesario para ello. El agua estaba caliente de más y había suficiente como para que se aseasen tres veces más. Al cabo de un tiempo tocaron a la puerta para traer comida, y después, hasta ordenaron armar otro colchón junto a los dos iniciales, pues se percataron de que eran tres. Johan comenzó a acostumbrarse a trabajar para gente pudiente, como aquella o los nobles de la arena, pues eran los que mejor podían recompensarte por un trabajo tan sacrificado como era el de ofrecer tu espada.

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Demris

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Demris » 29 Mar 2017, 20:50

La magia sanadora de Demris tardó, pero eventualmente llegó, curando sus heridas a un ritmo más lento de lo usual, con cambios en principio casi imperceptibles, pero que acumulándose en algunos minutos se hicieron evidentes. El chico, ya en la habitación, se puso de pie para examinarse a sí mismo.

Aún estaba herido, aunque su condición mejoraba paulatinamente. Decidió aprovechar la oportunidad de tomar un baño para limpiar la sangre y la suciedad, considerando que aquello era un lujo al que tenía muy pocas oportunidades de acceder. Se quitó la ropa con cuidado de las partes heridas, pues aún dolía.

El chico no podía creer lo que pasaba cuando el agua cayó sobre su cuerpo. Estaba caliente. Por un momento creyó que se trataba de un engaño, que su cuerpo lastimado no procesaba bien lo que ocurría, luego pasó a pensar que se trataba de algún truco de magia, pero ninguna de esas explicaciones se sostuvo por mucho. Finalmente pudo distinguir que el agua pasaba ingeniosamente por la chimenea en algún tipo de sistema que no había visto jamás.

¿Pueden creerlo? —fue a contarles a los otros sinceramente impresionado —el agua sale caliente... de verdad, sale caliente.

Sabía que en Kalorei existían lugares en donde se calentaba el agua para baños y la gente se metía en salas llenas de vapor, pero ese ingenioso invento del agua cayendo a través de una tubería ya caliente era como descubrir una de las maravillas del mundo.

Ya pasada la impresión inicial, el chico aprovechó el lavado para ir aplicando su magia sanadora, curando sus heridas una a una, lentamente. El agua era agradable y ayudaba a apaciguar el dolor, pero limpiar zonas heridas siempre resultaba complejo y molesto.

No quiso apresurarse demasiado, sabía que entre esa noche y la mañana siguiente tendría bastante trabajo sanando las heridas no sólo suyas, sino también de sus compañeros. No tenía sentido salir al otro lado del muro sin antes estar completamente recuperados, así que tendría que echar mano a sus habilidades. Lo único que comenzaba a preocuparle era la cantidad de magia utilizada recientemente. Sabía que aquello acabaría por pasarle la cuenta.



A la mañana siguiente Demris tuvo algunas dificultades para levantarse a la primera luz del alba, algo cansado por el esfuerzo mágico realizado, requiriendo incluso de "motivación" de parte de sus camaradas para salir de la cama, pero ya estaba finalmente en camino, cargando su equipo, libre ya de todas las heridas y con renovadas energías. La aventura aguardaba.

Al llegar con el coronel, quien sorprendentemente parecía dormir en esa puerta, éste se mostró ligeramente sorprendido, aunque ciertamente ver sanaciones rápidas no era del todo desconocido para él, como guerrero del muro.

Así que desean partir tan rápido... se lo han ganado, pueden pasar, pero antes que crucen la puerta, tengo algo para ustedes.

Sacó de entre sus cosas tres bolsas pequeñas. Demris recibió la suya alegremente, sospechando muy bien lo que había en su interior, en especial al sentir el tintineo del metal. Nunca venía mal un dinero extra para tener, en especial a un chico que solía comer a medias y vivir de lo que podía obtener cada día.

Y para tí, bella joven, tengo un regalo especial —dijo, sacando una pequeña botella de un bolso —. Esta botella contiene un líquido infundido con fuerzas mágicas de luz. Si lo arrojas sobre manchados o demonios les causará un daño considerable. Es un recurso valioso, así que te recomiendo que lo aproveches muy bien.



Pocos minutos después Demris cerró sus ojos de pie sobre una gran piedra, dejando que el viento sureño le enfirara el rostro. De alguna manera sentía como si ese aire le llenara los pulmones de vitalidad. Más allá encontraría la tierra de sus ancestros, la cuna de la magia de la humanidad y un legado perdido que, aunque sabía que había sido destruido, una parte de su corazón aún esperaba encontrar un indicio, algo que le ayudara a encontrar aquello que durante toda su vida le había sido tan esquivo. El hogar.

Esta ronda pueden relatar su partida. En el descanso Demris habrá estado disponible para sanar sus heridas (obviamente no puedo darlo por hecho que haya ocurrido), así que son libres de poner su mano sin heridas. Esto marcará el paso a la siguiente etapa de esta campaña.


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Cordelia Berbedel

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Cordelia Berbedel » 30 Mar 2017, 09:15

Cordelia llevaba mucho tiempo sin probar el agua caliente, un lujo que no se había percatado de cuanto lo extrañaba realmente hasta ese momento en el que pudo gozar de el nuevamente.
El agua tibia aliviaba su amoratado cuerpo, la piel mortecina y casi translucida en muchos lugares se había oscurecido tanto que hubiera parecido que había recibido una tremenda golpiza. Con sorpresa observó allí como los latigazos de las ratas habían logrado hasta reventar la piel en algunos lados y causarle heridas, que si bien no sangraban profusas, por la forma en la que habían sido generadas eran mucho mas dolorosas que si el mismo corte hubiera sido hecho con el acero.
Sin embargo, su aspecto era peor de lo que realmente se sentía, la maga ya acostumbrada a lo fácil que su cuerpo marcaba cualquier inclemencia se limitó a limpiarse sabiendo que pasaría un largo tiempo hasta que volviera a tener, no solo agua caliente, si no un baño.

Cordelia emergió de la zona del baño con las ropas a puestas. Por suerte había sido la capa negra y la de piel las que habían recibido toda la suciedad y la sangre, y su camisa, su chaleco y sus faldones estaban o bastante limpios como para no necesitar de un buen lavado.
De aquella guisa y con el pelo aun húmedo se acercó al muchacho, de quien pidió y señaló sobre su cuerpo los lugares donde las heridas habían sido peores, omitiendo aquellos moretones que eran molestia y no impedimento con tal de intentar forzarlo lo menos posible.

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El sueño fue reparador, y al alba se hallaba ya en pie y preparándose para el viaje. Con la delicadeza de una madre, y la nula paciencia de una hermana, zarandeó cuidadosamente al muchacho y al verlo remolonear le sacó las sabanas y casi que lo levantó por si misma para que el frío y la molestia le ayudaran a despertarse. Le trajo algo de comida para que eso paliase el mal despertar y fueran un buen incentivo para dejar las legañas atrás, y habiendo comprobado que no volvería a dormirse en el sitio, volvió a sus cosas para alistarse antes del viaje.

Cuando el mastodonte de la puerta llegó, la joven le dedicó una agraciada sonrisa y un saludo cordial, pues aquel sujeto seguía teniendo la ventaja del paso del muró.
-Buenos días.-Saludó recogiendo todas sus cosas y dirigiéndose a la puerta dispuesta a partir. Incluso se había olvidado de la recompensa, que pensaba les entregarían a su vuelta, si es que volvían, para no tirar dinero mas allá del muro si morían en su empeño.

La hechicera metió la bolsa de monedas en el interior de su capa, atada al cinto, y alzó el rostro observando con asombro al sujeto cuando mencionó tener algo mas para ella.
Cordelia la tomo con ambas manos, con sumo cuidado, y la observó con curiosidad. Aquella era una magia muy distinta a la suya, pero que podía resultar mas útil que la propia. Era posible que aquel sujeto acabara de salvarles la vida a todos con ese regalo, y ella pensaba usarlo apropiadamente.
-Muchísimas gracias.-No tuvo que actuar para que la gratitud fluyera genuina en su voz, mientras presionaba ligeramente aquella botella contra el pecho. Poco mas podía hacer que ofrecerle a aquel sujeto su gratitud y sus sonrisas, salvo traer realmente aquel objeto tan importante para su gente.
Cordelia guardó la botella cuidadosamente en el morral oculto bajo su capa, y se despidió con un tono cálido de aquel sujeto, que como mínimo se había ganado aquellas pequeñas muestras de afecto, fueran o no verdaderas.

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El sonido de las magnas puertas cerrarse tras su espalda hizo que el corazón de la hechicera diera un vuelco. Realmente estaba más allá del muro. Caminó unos pocos metros en silencio, pero finalmente no pudo contener la sonrisa que se pintó en su rostro, y la emoción que contenía su mirada. La capucha y la bufanda permanecían bajos, dejando que el aire de aquel lugar azotara su rostro, e hiciera volar los bucles negros y opacos tras su espalda.
Estaba en tierra de nadie, mas allá del muro, en un lugar que hasta aquel momento, solo sus sueños habían llegado a atisbar desde arriba de la gran muralla.

Con clara emoción y un genuino buen humor se volteó hacia sus compañeros, sosteniéndose el pelo a un costado de la sien, con una de sus enguantadas manos, para que este no le azotara el rostro al ser movido por el viento.
-Hasta la noche no veremos las luces de la espada, así que deberíamos ir hacia las ruinas que mencionaron.-Indicó la joven, con un tono alegro y aquel tono cantor de su voz mas acentuado como si fuera primavera.

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Johan

Re: Los dos lados del Muro

Mensajepor Johan » 01 Abr 2017, 17:14

Aquella era la segunda noche que Johan descansaba de forma plena. No solían ser muchas las noches así, de hecho, no solía ser ninguna, por ello, el hecho de que sucediesen consecutivas no sólo era un acto de suerte, sino que también un hecho aislado bastante extraño. Coincidió el hecho de dormir sobre un lecho blando —que no solía ser lo normal— con el de haber recibido magia curativa —que no sólo no era normal, sino que además era un lujo que muy pocos y de muy alta estirpe recibían—.

El anciano no sólo sanó sus heridas más importantes, sino que además notó como sus articulaciones mejoraban. Los cartílagos, antaño desgastados en demasía, ahora parecían no suponer un problema mayor. Johan comenzó a replantearse su negativa concepción sobre la magia, ya que recibir aquellas sesiones de magia era como ser tocado por los dioses, dándote a probar de la mismísima inmortalidad.

Sonrió al ver cómo el niño era capaz de sorprenderse por aquél invento de ingeniería y sin embargo podía actuar con tanta normalidad frente a los fenómenos mágicos. Sin duda los kalorei pertenecían a un mundo distinto, y por mucho que pasasen los años aquél salto insalvable entre civilizaciones jamás sería saldado.

A la mañana siguiente, una vez estuvieron los tres compañeros limpios y, en términos generales, curados y recuperados, sus vistas se posaron sobre la misión que les concernía y por la cual se encontraban allí tan al Sur. Misión que ocupaba el futuro inmediato de aquellos pequeños y anónimos héroes, la misma que aguardaba tras aquella puerta tan bien custodiada, cuyo paso jamás pensaron que sería tan cotizado. Por fin, y después de un día de retraso con respecto a los planes iniciales, podían partir.

El anciano echó un vistazo a sus compañeros, ya preparados y dispuestos. Presentaban un aspecto saludable y miradas despiertas. Quizá por dentro albergasen cierto nerviosismo por atravesar aquella frontera, pero por fuera sabían disimularlo bien. Iban cargados con sus respectivos equipajes y armamento, cubiertos con aquellas gruesas y frondosas pieles de oso que tan majestuoso porte les brindaba y, proyectada a través de sus miradas, una actitud sobria y decidida, a pesar del destino que les aguardaba.

Una vez estuviesen al otro lado del Muro, estarían solos. Lo más probable es que no encontrasen aliados, y que tampoco acudiese nadie si pedían ayuda. El yermo de tierra muerta cubierta por gélida nieve era lo único que les esperaba, sin contar con los enemigos que habitasen allí.

Johan había estado más veces de las deseadas en aquella tierra sombría, y cada vez que posaba un pie sobre ella se obligaba a jurar que sería la última vez que regresaría. No obstante, allí estaba, de nuevo, como si de un ingenuo cachorro perdido y sin experiencia se tratase. Volver con vida era una posibilidad que Johan no barajaba en su primera mano, quizá por su avanzada edad o porque conocía demasiado bien a qué se enfrentaban. Un anciano como él no se adentraba en El Pozo con expectativas de regresar, sólo un necio sería capaz de ello. Sus compañeros parecían no tener aquella preocupación, quizá para ellos fuese mejor así. Muchos habían sido los jóvenes que habían caído presas del pánico, incapaces de reaccionar o de pensar con claridad en mitad de la batalla. Con suerte, los episodios traumáticos del pasado no serían revividos aquella vez, aunque creer aquello era más un acto de autoengaño que de optimismo.

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